LOS PROBLEMAS SIGUEN AUNQUE NO LOS VEAMOS

noguera170216

Cuando los problemas no son portada en los medios de comunicación nos olvidamos de ellos.

Aunque no los leamos, aunque no los oigamos, los problemas siguen estando ahí, sin ser resueltos, provocando un sufrimiento inimaginable sobre miles de personas. Pero no lo vemos, desaparecen de nuestra vista. Lo que es peor es que nuestra ignorancia es fruto de la indiferencia de las instituciones políticas y económicas.

De repente, dramas como la crisis económica de Grecia parece haberse resuelto o no existir o no ser tan grave. Ya no está en las portadas de los medios de comunicación porque ya no hace falta generar alarma; se ha conseguido que Grecia entre en el carril de lo que pretendían las instituciones europeas. Da igual si la gente sigue pasándolo mal, pero el sensacionalismo y la alerta que se generó este verano sobre Grecia era la imperiosa necesidad para que todos nos asustáramos y pensáramos que la “intolerante” actitud de Grecia y su gobierno nos conduciría al abismo.

Ahora ya no hay abismo. Grecia está domada, aunque los problemas sigan estando ahí. Sólo oímos hablar de este país para imponer condiciones como frontera de entrada a los refugiados sirios.

El drama más impresionante que Europa está viviendo en estas décadas. La repentina solidaridad ante la llegada masiva de refugiados por mar, cruzando fronteras y campos, con niños en brazos, despertó la conciencia de todos. Incluso de los mandatarios europeos, o eso nos creímos. Porque ante la impotencia de dar una acogida humanitaria a quienes huyen de la guerra se opta por poner fronteras y trabas. Aunque el drama siga siendo igual, aunque no hayamos resuelto nada, ha dejado de ser una prioridad.

Nos escandalizamos cuando aquella periodista húngara puso la zancadilla al padre sirio con su hijo. E inmediatamente España ofreció cobijo ante la mirada de las cámaras internacionales. ¿Y?

Son ahora los propios países europeos los que ponen la zancadilla sin miramiento pero no es portada, porque si no se escandaliza sobre ello pasa inadvertido.

Europa debía haber acogido a 120.000 refugiados y España a 14.900, pero la realidad es dura y cruel. Según la propia Ángela Merkel “sería bastante ridículo iniciar un debate sobre la posibilidad de imponer nuevas cuotas comunitarias de reparto de refugiados, cuando la UE solo ha reubicado a 1.000 personas —de las 160.000 acordadas— con los actuales esquemas aprobados el año pasado”.

Grecia recibe dinero de la UE no para salir de la crisis y combatir los problemas humanos sino para instalar puestos fronterizos que sellen el paso de los refugiados. Turquía recibe ayudas para que no dejen salir a los refugiados. Ni siquiera la iglesia católica atendió la llamada del Papa a poner las instalaciones y los medios a disposición de quienes lo necesitaban.

La incompetencia del mundo en el que vivimos para resolver la angustia de las personas es consecuencia de un quehacer económico más preocupado del beneficio y la rentabilidad que del bienestar y la supervivencia.

Algunos datos del conflicto nos señalan que las cosas no parecen solucionarse, o al menos aún están lejos de encontrar un final: el conflicto sirio entra en su sexto año; 4,6 millones de personas se han convertido en refugiadas, han abandonado sus casas y han buscado un refugio seguro en países vecinos como Líbano, Jordania, Iraq, Turquía y Egipto, donde soportan unas duras condiciones de vida. Sólo el Líbano acoge a más de 1 millón de sirios, lo que está suponiendo una gran presión sobre los recursos e infraestructuras del país. Jordania alberga el que es ya el segundo mayor campo de refugiados del mundo: Za’atari, que acoge a más de 80.000 sirios que han huido de la guerra. Además, 6,5 millones de sirios están desplazados dentro del país, donde la situación también se sigue deteriorando; más de 14 millones de niños de la región sufren los efectos del cada vez más intenso conflicto que se desarrolla en Siria y gran parte de Iraq. (Datos de Acnur)

Seguiremos preocupados por cómo sube el IPC o baja la Bolsa mientras la gente muere sin que sepamos cómo acudir a su auxilio.