LOS NUEVOS ESPACIOS POLÍTICOS

noguera60716

Después del resultado electoral, el panorama político tiende a aclararse, sobre todo, a raíz de las reflexiones de los partidos sobre su nuevo papel en el parlamento.

Inicialmente, quien lo tiene más definido es el PP que ve superado su momento más bajo y parece que la corrupción ya no cotiza en negativo, aunque a muchos nos siga pareciendo una indecencia social y moral. Y Rajoy sigue haciendo lo mismo de siempre: dejar que el tiempo pase y gobernar como si fuera un administrador de fincas, cuadrando números y balances, sin más aspiración ni trascendencia. Muchos ciudadanos han votado mediocridad y corrupción, porque más vale malo conocido que bueno por conocer, como dice el refrán, y el sentimiento del miedo, el inmovilismo, el conformismo, y las pocas aspiraciones se han llevado por delante la oportunidad de cambiar el rumbo de este país.

Ciudadanos tiene su propia crisis ya que no ha conseguido ser la alternativa moderna a la derecha española. Ahora tendrá que mover bien sus hilos para no desaparecer. Y lo tiene difícil, tanto si se une al gobierno como si se mantiene fuera en la oposición. De momento, Rajoy se dedica a ningunear a Rivera. Y no es casual, es una estrategia medida porque Ciudadanos es la competencia al PP, y por eso hay que deshincharlos.

Pero, en mi opinión, el mayor interés está en la izquierda. En el papel que deben ocupar ahora PSOE y Podemos.

Esta semana hemos visto las deliberaciones de Podemos y algunas conclusiones que se pueden obtener son: que no está clara que la unión con IU haya sido positiva, pero este partido ha desaparecido engullendo a un millón de votos que ahora están huérfanos; que los bandazos ideológicos de Pablo Iglesias intentando sumar desde la izquierda más radical como los antisistema hasta el centro izquierda moderado del PSOE no ha funcionado, quizás porque se ha visto muy maniqueo y precipitado, quizás porque no se puede aglutinar tantas piezas diversas; la amalgama del rompecabezas que ha supuesto Podemos ha pasado factura, por ejemplo, con el pésimo resultado de las mareas. Ahora bien, hemos visto una conclusión que Pablo Iglesias y algunos de sus dirigentes han manifestado con claridad: Podemos deja el romanticismo, la frescura, la trinchera, la reivindicación antisistema, etc, para pasar a ser un partido más moderado, más serio, más centrado.

¿Por qué? Pues la respuesta es evidente: porque quieren gobernar.

Para despertar simpatías está muy bien ser un joven protestón, pero para gobernar hay que ofrecer seguridad. Y en eso está Podemos; reubicando su espacio electoral.

Y, ¿a costa de quién es ese espacio nuevo? Evidentemente a costa del PSOE, que, pese a sus peores resultados, ha mantenido contra todo pronóstico a muchos de sus votantes y un codiciadísimo espacio electoral: ese centro izquierda desde donde se gobierna.

Por eso, el panorama más interesante está en la izquierda.

El PSOE debe pelear para mantener su posición de alternativa y de jefatura de la oposición. Por eso, ni siquiera por gobernabilidad, se puede permitir la abstención a Rajoy, porque entonces dejaría el campo abierto a Podemos. De la misma forma que se exige desde círculos mediáticos que se abstenga el PSOE, podría hacerlo, aunque suene inverosímil, Podemos, ya que ellos se juegan menos en esa abstención. Su recuperación ahora mismo pasa por un proceso más lento, que sólo se dará a partir de que el parlamentarismo empieza a funcionar. Es decir, su protagonismo ya no está frente al PP ahora, sino en encontrar su discurso en el Congreso. Pero no es sólo un discurso lo que debe elaborar Podemos, sino también un partido, con una estructura nacional, que defina unos estatutos, una organización, una dirección y unas estrategias. Resulta sorprendente pero Podemos es un importante grupo parlamentario sin partido.

De la misma forma que Podemos ha decidido sacudirse algunos tics de “revolucionarios” para hacer política “seria”, -más o menos así venían a definirlo-, el PSOE debe hacer a la inversa: quitarse el tapón que le impide recuperar la frescura con la que ha ganado elecciones, dejar ese olor a “casta” que a veces desprende cuando muchos de sus cargos se les ve inmóviles y acomodados a la realidad política, y aprender a oxigenar la estructura de su partido que ha quedado claramente envejecida.

Podemos quiere ser un poco PSOE y el PSOE necesita ser un poco Podemos.

En el nuevo escenario político se debe perfilar qué es la socialdemocracia y quién la ostenta, y cómo se articula el espacio de la izquierda española.