LOS NACIONALISTAS, A LO SUYO

sotillos030316

Cerró el turno de las intervenciones matinales en el frustrado debate de investidura, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya con un alegato de tonos épicos en el que anunciaba solemnemente el propósito de proseguir en el empeño de ahondar en la fractura con España y proclamar la independencia del territorio, con expreso desdén hacia cualquier amenaza de que se apliquen las consecuentes medidas legales contra quienes practiquen la desobediencia civil. Las palabras del señor Tardá, un desafío en toda regla hacia cualquier Gobierno que pueda formarse en el futuro, culminaron un agrio intercambio de discursos que sirvieron, al menos, para desnudar las verdaderas intenciones y muchos de los rencores acumulados entre quienes ya no fueron capaces de disimular las auténticas ambiciones, ocultas bajo genéricas apelaciones al dialogo y “manos tendidas”, no para estrecharse sino para abofetearse.

Cuando el presidente del Congreso levantó la sesión, tras la réplica del candidato, que no exageró el gesto y se limitó a recordar la palmaria realidad de una Constitución y unas Leyes que vetan el secesionismo, quedó flotando en el ambiente la amarga sensación de que en el Parlamento español un grupo muy significativo -e incluso determinante- de diputados nacionalistas estaban asistiendo con indisimulada fruición a la escenificación de la incapacidad de los partidos constitucionalistas para alcanzar un acuerdo y poner término a una interinidad que hace más débil la defensa del Estado. En tono más comedido, el señor Homs, representante de quien gobierna en la Generalitat, abundó en la misma línea de reivindicación soberanista, y puso el colofón, despejando dudas previas, el portavoz del PNV que anunció un NO basado en las mismas insatisfacciones de carácter identitario. No faltaron esas referencias en varias voces de las llamadas “confluencias” de Podemos. Y con toda crudeza, esta vez sin sorpresa, en la toma de posición de Bildu.

Pase lo que pase el próximo viernes, y todo apunta a que sería milagroso que Pedro Sánchez logre alcanzar el mínimo de apoyos preciso para su investidura, bueno fuera que en sus discursos previos a la votación, los dirigentes políticos de las grandes fuerzas nacionales pusieran en sordina sus ya conocidas divergencias -de las que no parecen dispuestos a abdicar-y enfatizaran su coincidencia en la defensa de la Constitución, que incluye seguramente su reforma, pero que exige la leal colaboración de todos los que quieren preservar sus rasgos esenciales, como la igualdad de todos los españoles.

Ayer se ahondaron muchas brechas. Se utilizaron expresiones exageradamente duras e innecesarias para la descalificación del adversario. Se evidenció la imposibilidad de mantener el convencionalismo de poder considerarse como socios -y mucho menos en un equipo de Gobierno, por no decir en un Consejo de Ministros- quienes han demostrado la incapacidad de mantener una mínima capacidad de relación personal y cuyas palabras rezuman desdén o desprecio mutuo. Con esos mimbres cualquier cesto hace aguas y se hunde en unos segundos.

Todo eso -poco positivo para el conjunto de los españoles- ocurrió ayer. Pero ayer también esos mismos españoles tuvieron conocimiento cierto de los auténticos programas y las prioridades que manejan unos u otros, que habían quedado camufladas por razones de estrategia electoral. Desde ayer todo está mucho más claro y habrá de ser tenido en cuenta cuando volvamos a ser convocados a las urnas. Se acabaron los espejismos. Ayer nos miramos en el espejo de la realidad. Sin maquillajes. Recién despertados, los dinosaurios de los viejos problemas nacionales seguían allí.