LOS JÓVENES DE LA CALLE EN ESPAÑA: UNA REALIDAD INVISIBILIZADA

hilde200716

Una realidad desconocida e invisibilizada en nuestro país es la de los jóvenes de la calle. Chicos y chicas que pasan desapercibidos para la mayoría de la población, incluso para los servicios sociales, y cuyos procesos vitales obedecen a vivencias traumáticas y muy desestructuradoras en la esfera personal.

En bastantes casos, se trata de jóvenes que tras cumplir la mayoría de edad en centros de menores tienen que abandonarlos, habiendo sido su hogar durante su infancia y adolescencia.También se da la circunstancia de que algunos proceden de devoluciones de adopciones y siendo unos adolescentes pasan a tutela. Por hacernos una idea de la envergadura del tema, consignar que en España hay unos 22.000 niños y adolescentes en desamparo, de los cuales el 75% vive en centros de acogida. Hay muchachos y muchachas que proceden de familias desestructuradas españolas o inmigrantes con grandes dificultades para llegar a fin de mes, jóvenes con problemas graves conductuales y a los que sus familias desatienden. Un perfil muy particular es el de los que se incluyen en el colectivo LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), tras haber sido rechazados por sus entornos familiares. Asimismo, se observa una notable incidencia entre esta población de la discapacidad, especialmente de la psíquica, evidenciándosetambién situacionesde retraso mental. En estos casos, los trámites administrativos para gestionar los certificados de minusvalía son lentos y engorrosos y al tratarse de jóvenes sin recursos y con serias rémoras para desenvolverse en sociedad, necesitan del apoyo de profesionales que les ayuden en todo el proceso. Una vez lo consiguen mejora sustancialmente sus vidas, pues les permite acceder a trabajos protegidos, que les ofrecen algo que nunca habían experimentado: estabilidad. Y, por otro lado, obtienen beneficios económicos tales como el abaratamiento a la hora de adquirir el abono transporte, entradas de cine… e incluso el acceso gratuito a instalaciones públicas.

¿Y por qué planteábamos al comienzo de este texto que se trata de una realidad desconocida e invisibilizada? Porque ni por su aspecto, ni por su facilidad para hacerse imperceptibles al resto de los ciudadanos son fácilmente detectables. Tampocosuelen acudir a la red de atención de personas “sin hogar”, pues alternan pernotar en casas de amigos, con dormir en alojamientos de fortuna (coches, viviendas abandonados o derruidas, etc). Y tampoco desde los servicios sociales públicos ha estado prevista, hasta pocos años, la intervención con una población tan juvenalizada. De ahí que desde algunas administraciones se hayan financiado proyectos para cubrir las necesidades de estos jóvenes hasta los 21 años. Resultaobligado, desde una sociedad que aspire a la justicia,ampliar la edad hasta que puedan desenvolverse autónomamente y, en general,generar más recursos que les atiendan en sus necesidades.Tengamos en cuenta que muchos de ellos están saturados y que existen abultadas listas de espera, que conllevan un aplazamiento e incluso un empeoramiento de sus circunstancias vivenciales.

En concreto, las necesidades que deben satisfacer son las básicas (vivienda, alimentación, ropa…), además de atender a sus problemáticas concretas, siendo un denominador común en todos ellos las profundas carencias afectivas e inseguridades que sufren, fruto de sus complejas historias de vida, que hacen que tarden mucho en tomar decisiones y sean susceptibles de que se aprovechen de ellos.

Los profesionales que dan acogida y acompañan día a día a estos jóvenes tienen claro que debería trabajarse desde la prevención (sistema educativo, servicios sociales, sistema sanitario…) pues el deterioro que experimentan los que se inician en la calle es extraordinariamente rápido y en pocos meses “están hechos polvo”. Ahora bien, una vez se inicia la intervención la mejora es muy significativa por tratarse de personas que por su edad están llenas de energía y fuerza. Realmente, lo que más demandan es integrarles en espacios de confianza, avivar en ellos un futuro al que dirigirse y darles la confianza en que su pasado ya no volverá y de que se encuentran en una nueva etapa llena de oportunidades.

Y para que así sea, estimo preceptivo visibilizar lo que aparentemente se antoja invisible, asumir esta realidad con responsabilidad y compromiso, dotar desde las administraciones públicas de cuantos recursos y medios sea menester con la finalidad de que se articulen mecanismos preventivos y de intervención de lucha contra una de la exclusiones más exclusógenas que puede arrogarse una sociedad que se dice desarrollada como la nuestra: la de los niños y jóvenes que en nuestro país, por el azar de la vida, transitan desde edades tempranas entre el sufrimiento más feroz y la falta de horizontes vitales.