LOS HOMENAJES A BLANCO, LOS OTROS MUERTOS DE ETA, LA VIDA COTIDIANA Y LA INDEPENDENCIA CATALANA

El café humea mientras paso las hojas del periódico del día. En la parte publicada en castellano leo que, según el estudio sociolingüístico elaborado por el Clúster de Sociolingüística, ha bajado el euskera como lengua de comunicación cotidiana entre los ciudadanos vascos (Más del 50% en Guipúzcoa).

Mientras leo, la radio vocifera un programa matinal que, dado mi desconocimiento de la lengua, sólo alcanzo a percibir que es de humor. Nadie presta atención a los parlantes de las ondas… ¡maldita costumbre de tener un fondo de ruido en los lugares públicos! Ello obliga a subir la voz a los que cafeteando conversan en la mesa de al lado, lo hacen igualmente en euskera, ¡cómo me gustaría poderles entender! Los estudios actuales tendrían que tener en la edad escolar un conocimiento básico de todas las lenguas españolas, cuánta riqueza patrimonial que no valoramos.

En la página siguiente del diario leo cómo las importantes inversiones en infraestructuras viarias, realizadas por la Diputación Foral, son de la plena satisfacción de los guipuzcoanos. Un paisano me hizo ver la autovía que une las tres capitales vascas, ahorra mucho tiempo y da gran seguridad al importante tráfico de mercancías y turismos de la zona. “Menos mal que esta inversión la “harían” antes de la crisis”. Es una obra del Estado.

Periódicos, radios y televisiones polemizan sobre los homenajes en recuerdo del asesinato de Miguel Angel Blanco. Fue a solo unos 20 km de donde me encuentro, lo que dista del valle de Urola al Duranguesado. Pero pienso en cuántos lugares de Euskadi tienen un muerto, cuántos de España (Madrid, Barcelona, Barbastro, Sevilla, Calviá, …).Todos los colectivos también lo tienen: políticos, taxistas, militares, ingenieros, médicos, guardias civiles, empresarios, sindicalistas. Todas las ideologías, los partidos. Decir quién puso más y qué muerto es más importante es tan inútil, como aberrantes los asesinatos. Es además vergonzoso que pasado el tiempo se sea incapaz de reconocer los errores cometidos. No la responsabilidad de apretar el gatillo, de apretar el pulsador, de dar la orden del asesinato. Esos son los que son y la justicia, jueces y fiscales, deben seguir persiguiendo los crímenes cometidos y hacer que cumplan sus penas, pues de lo contrario el sistema democrático español sería una risa. Ahora bien, si queremos construir un futuro que siga avanzando se deben asumir las responsabilidades de los errores políticos y morales. Los que miraron para otro lado, los que fueron laxos con lo que pasaba, los frívolos con la muerte ajena.

Por ello, poner un ranking del martirologio es indecente, pues cada víctima no es un número y olvidar a unos o significar a otros es quedarnos en un pasado execrable. La lucha contra el terrorismo ha estado plagada de errores. Es difícil olvidar que el Partido Popular, cuando ha sido oposición, ha propiciado bien directamente o a través de otros, como la AVT de Alcaraz, que en la lucha contra el terrorismo hubiera buenos y malos, cuando el Gobierno de la nación de Zapatero se había puesto como objetivo finiquitar con ETA. Ha sido una estrategia continuada, pues en los años de plomo de la década de los ochenta y el primer lustro de los noventa la tibieza de sus dirigentes con la cuestión era tan hiperbólica como su actitud cuando luego gobernaba. Por ello, cuando se trata de recordar, se debe tener la misma intensidad con todas las víctimas. El PSOE no se ha colocado una placa en el pecho para airear sus esfuerzos, sacrificios y éxitos en esta dura causa y esto le honra. También de sus errores como lo fue la “guerra sucia”. Han pasado para todos los momentos de sacar réditos de un pasado que desgraciadamente no se puede borrar, y pongámonos en modo futuro.

ETA no sirvió para nada y la actual situación del País Vasco donde el hecho nacional de utilizar su propia lengua como vehículo de comunicación ciudadana y su capacidad institucional de decidir su propio modelo de desarrollo de su territorio y sus posibilidades de crecimiento y bienestar en colaboración con el Estado es fruto de la Constitución, del Estatuto de Autonomía y del dialogo. El que sea un territorio atractivo, turística y económicamente para españoles y extranjeros, es consecuencia de la paz y de la utilización de un marco legal que permite progresar caminando hacia la excelencia. Atrás han quedado exabruptos ideológicos, radicalizados por minorías incapaces de diferenciar y saber qué es lo importante y lo inútil. Lo que consigue la política y el diálogo nunca lo alcanza la fuerza y el quebranto de la legalidad.

En Catalunya la situación no debería ser distinta. No lo es. Los ciudadanos conviven en un ambiente de pluralismo idiomático que muchos hubieran soñado, una capacidad plena de conformar su futuro y hasta ahora con el respeto y admiración de los otros españoles. Decir que no es reconocido su hecho nacional es tan absurdo, en términos prácticos, que incluso ofendería a los históricos teóricos de la patria catalana. Por ello, por favor, dejemos de amenazar con declaraciones unilaterales de ruptura o de aplicaciones de preceptos constitucionales que no llevan a ningún sitio y menos aún airearse diciendo que el Ejército y la Guardia Civil están dispuestos.

La política ha conseguido en estos años un umbral muy alto de convivencia y pluralidad que no puede menoscabarse. Desde el recuerdo a todos aquellos que hoy decimos homenajear, debemos demostrar que lo importante siempre tiene solución, no creando agujeros negros en nuestra vida cotidiana.