¿LOS GRILLETES DIGITALES?

Decía Aristóteles que “El ser humano es un ser social por naturaleza, y el insocial por naturaleza y no por azar o es mal humano o más que humano (…) el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada para su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios”. Una de nuestras características fundamentales es la sociabilidad, que compartimos con otros animales no humanos, resultando la cultura el elemento distintivo más relevante.

Finalizando la segunda década del siglo XXI, en los países más desarrollados merced a las Tecnologías de la Comunicación y la Información (particularmente con dos constructos culturales como Internet y las nuevas redes sociales) se ha agregado un nuevo medio de socialización y comunicación con perfiles inéditos, cuyo alcance llega a un indeterminado número de personas, a las que pone en comunicación a nivel mundial. Tienen además un extraordinario potencial socializador, que se disocia de la influencia personal que se lleva a cabo en los agentes socializadores tradicionales (familia o escuela). El impacto que producen lo efectúan de un modo difuso; sin conciencia del espectador o actuante, si bien tienen gran repercusión pues en su ámbito confluyen el ocio, el consumo, el trabajo, las relaciones sociales…

Ha hecho su aparición una forma de sociabilidad: la “sociabilidad virtual” que discurre en el ámbito de comunidades identitarias y comunicacionales abiertas y más flexibles a la participación social, a la par que las fronteras entre la vida personal y la virtual se difuminan.

Para Edgar Morin “… la evolución verdaderamente humana significa el desarrollo conjunto de la autonomía individual, de la participación comunitaria y del sentido de pertenencia a la especie humana”. En resumen, la entiende como un proceso evolutivo que nos conduce a satisfacer nuestra necesidad de sentirnos miembros activos de una sociedad, y, con ello, alcanzar “sentido de pertenencia a la especie humana”.

La denominada participación digital, que según algunos especialistas es horizontal y colaborativa, al tiempo que estiman que hace factible una mayor integración social, juzgan será clave para avanzar hacia una ciudadanía digital al ofrecer la posibilidad de expresar, visibilizar y vehiculizar ideas, opiniones, reivindicaciones…y, en general, generar conciencia ciudadana.

Interactuamos e intercambiamos mensajes con personas conocidas o desconocidas de una manera más accesible y sencilla que antaño en este nuevo espacio para el encuentro que es la galaxia Internet (asimismo en su lado más oscuro, el deep web), basta con disponer de uno de los múltiples artilugios tecnológicos con acceso a Internet. Pero no seamos ingenuos, este mundo hiperconectado en el que nos desenvolvemos, con más de tres millones quinientos mil usuarios de Internet en todo el planeta, y en el que solemos sentirnos usuarios competentes, conlleva problemas asociados a la privacidad y al control sobre nuestros datos personales e imágenes, extendiéndose a nuestras familias, amigos… (hace varias semanas el Parlamento británico ha publicado cientos de páginas de emails donde el responsable de una de las redes sociales de mayor implantación en todo el planeta discutían con su interlocutor sobre cómo beneficiare  de la información de sus usuarios).

En la primavera pasada acudí a una reunión en la que uno de los asistentes manifestó que había asistido a una sesión de trabajo en la que había coincidido con responsables de una de las redes sociales de mayor relevancia a nivel mundial, quienes les trasladaron que disponían de una media de 100.000 datos de cada uno de los usuarios de su red social. El gran hermano de nuestro tiempo se encuentra en los Big Data que acumulan una información ingente sobre nuestros perfiles en lo que  a nuestros gustos, formas de vida, ocio, vías de comunicación e información, etc… se refiere.

Somos interpretados desde algoritmos que con precisión reproducen nuestro día a día al milímetro. La idea del panóptico que Jeremy Bentham ideo, y que analizó posteriormente en sus funciones Michael Foucault tiene un alcance a nivel planetario, con la particularidad de que el control y la vigilancia del comportamiento y actuación de los ciudadanos adquiere una sofisticación desconocida hasta fechas recientes. Somos nosotros mismos, con los rastros que dejamos en las redes sociales, los que exponemos nuestra intimidad al todo, no siendo conscientes de sus implicaciones. El pasado y presente se proyectan sobre nuestro futuro en un gran escaparate, en donde partir de cero es ya un imposible.

Las relaciones sociales virtuales (como encuentros a la carta que son) y el mundo paralelo en el que nos hace discurrir, hace posible conocer a más y más personas  y desvincularnos de ellas cuando nos incomoden, a pesar de que en paralelo pueda generarse frustración, la de los que no se sienten ni considerados, ni reconocidos (los likes condicionan para muchos ciudadanos la capacidad de integración en lo societario), aunque nos desenvolvamos en el anonimato y las identidades se diluyan, sean cambiantes e incluso las falseemos a nuestro albur. Pareciera que lo más valioso sea lo más visto, lo más difundido, lo mejor calificado… ¿Pero es en realidad así?

Por otro lado, han surgido nuevas dependencias y adicciones, que llevan de sí la desconexión digital como una sensación de aislamiento, de incomunicación, de impotencia y nerviosismo, en definitiva como un trauma, y la reconexión como una vuelta a la normalidad, un alivio y alegría vitales…

Cabe plantear si este entramado societal que recuerda las sinopsis neuronales nos hará sentirnos más satisfechos e integrados o, por el contrario, como argumenta el líder del Movimiento de Software Libre Richard M. Stallman en una heterodoxa conferencia que dictó recientemente en nuestro país, nos está haciendo esclavos de las grandes empresas tecnológicas, argumentando que su objetivo personal era escapar a su control y, en último término, “liberar a todos” de esa “tiranía”. Desarrolló la idea de los “grilletes digitales”, pues valora que estamos siendo “espiados” con fines espurios que, según denunció, incluyen “sistemas de escucha” que ni siquiera dejan de vigilarnos cuando apagamos nuestros móviles inteligentes.

Grandes oportunidades y extraordinarios retos conviven en nuestro momento histórico, resultando indispensable una reflexión pausada sobre hacia dónde pueden llevarnos estas tecnologías, que en tan poco tiempo han cambiado la cotidianeidad, la cultura, las formas de sociabilidad, de socialización y de comunicación y que no necesariamente llevan de sí una mayor integración y sentido de pertenencia a la especie humana. Estemos atentos…