LOS CHALECOS AMARILLOS SON REFLECTANTES

La propiedad más significativa de los chalecos amarillos es la fluorescencia; con ella la luz puede  reflejar mayor longitud que la recibida. El movimiento de los chalecos amarillos, producido en Francia, puede reflejarse en otros lugares y puede abrirse a un abanico de cuestiones innumerables. Todas aquellas que puedan afectar a una idea preconcebida de zona de confort ciudadana.

Todas las protestas que han emergido tras la crisis económica y la gestión, en teoría a-ideológica, que se hizo de ella, tanto por Europa como por los países de la Unión,  no responden a ninguna lógica partidaria ni plantean un proyecto propositivo coherente de respuesta a los problemas globales de la sociedad. Es un complejo rechazo coctelera de muchas cosas: del modelo fiscal que penaliza a las clases medias; del retroceso en los beneficios del Estado de bienestar; de la negación a las políticas públicas que pretenden cambiar cuestiones que se creen asumidas por la ciudadanía, pero que esta no tiene ningún interés en modificar aunque la política lo considere conveniente y necesario. En definitiva, un reflejo más de la crisis de representación del Estado, de los gobiernos y de la política.

El barómetro del CIS de septiembre deja un dato preocupante. El 75,9 % de los encuestados considera que en el Parlamento español se presta demasiada atención a problemas de poca importancia y en consecuencia se sienten, con el funcionamiento del Parlamento español, insatisfechos o muy insatisfechos (un 76%, 53,5/17,6 respectivamente). Si de encuestas hablamos, en una muy reciente de Le Figaro,  las prioridades de los franceses para las elecciones europeas son: el poder adquisitivo, la inmigración y la seguridad; Europa se sitúa en último lugar en las motivaciones para votar en las elecciones europeas. En España las preocupaciones siguen siendo: el paro, seguido de la corrupción y el fraude; los políticos, los partidos y… la política a mucha distancia de todo lo demás. Así los ciudadanos de aquí y de allí no creen en sus instituciones y su inquietud se encuentra en la proximidad más primaria de sus vidas. Estamos bajo un polvorín de insatisfacción cívica y los ciudadanos no consideran que quien debe invertir esta situación vaya a hacerlo.

El hecho de que sea en la calle, que se produzcan cortes en los accesos a las ciudades distorsionando la vida de otros ciudadanos, como se visualice el problema ya es un dato muy preocupante en sí mismo. Las reclamaciones no son colectivas ni solidarias como antes  Mi (nuestro) problema es mío y vosotros (tu) os jodéis si mi protesta no te gusta. Lo que nos demuestra que la realidad es hexagonal como los copos de nieve con muchos prismas y no cabe esperar  que convertido en agua el problema se derrita.  Sindicar las demandas ha sido superado ahora por un juego de presiones callejeras que busca abrir telediarios doblando el brazo a la gobernanza aunque esta se deteriore. Es un juego peligroso, no dimensionado en sus consecuencias, en el cual todos terminamos siendo participes y los partidos perdidos en la no ideología y en el desgaste del otro de todas las formas que estén al alcance, da lo mismo como. Vale calificar de sucio políticamente al adversario o cualquier otra lindeza…son irrelevantes las discusiones presupuestarias, ayudas públicas, sanidad, universidad, carreteras o que la justicia tenga el crédito social que ha de tener para la resolución de conflictos en el seno la sociedad.

El 15 M  fue la emergencia de un malestar en la calle que se saludó como un nuevo tiempo que venía a poner frescura a la política, iniciaba nuevos caminos para que los intereses y preocupaciones llegaran a los representantes y estos tomasen consciencia de abrir caminos diferentes. Una democracia más directa y espontanea que tenía su mayor exponente en las redes sociales. Habría sido la toma de conciencia del ciudadano de su papel activo como agente político y del reconocimiento de la pluralidad social y de la diversidad de las reclamaciones como motor del cambio que la sociedad tenia aplazada.

No es por ponerse agorero, pero más parece, como dicen los futboleros, que no se ha sabido leer el partido. Han cambiado muchas cosas muy rápidamente, es innegable. Algunos habían creído encontrar la piedra filosofal en las plataformas políticas transversales haciendo creer que su mensaje era innovador, de ruptura con las sombras del pasado y con una forma de hacer política a satisfacción de los ciudadanos, pero Macron ha pasado a ser un político del pasado sin haber llegado a pasar por el presente. ¡Por algo será!

Las medidas de reforma institucional; de transición ecológica de la economía basada en energías limpias; la digitalización de la economía; la innovación tecnológica como motor del desarrollo; la recuperación intensiva del ecosistema ambiental;  la sostenibilidad social en términos universales y la erradicación de las desigualdades personales y colectivas de todo tipo han de situarse en la agenda de forma inequívoca si queremos que el futuro tenga sentido, pero sólo podrá hacerse si es fruto de un amplio y renovado contrato social pero, para alcanzarlo previamente es obligado un contrato social ideológico, democrático e institucional. Si pensamos que la calle es la que tiene que impulsar y conducir  el cambio puede llevarnos a resultados no queridos.