LOS BESOS EN EL PAN

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Almudena Grandes, Tusquets Editores, Barcelona, 2015

Una novela coral llena de personajes auténticos y universales, con los que cualquier lectora (o lector) puede sentirse identificada, así es Los besos en el pan. Es también un paisaje literario con figuras, humanizadas por la solidaridad, llenas de vida, conectadas dentro del universo vivo de un barrio de Madrid que puede ser perfectamente un barrio de cualquier gran ciudad, lleno de personas a las que la crisis ha afectado de una forma o de otra, en mayor o en menor medida.

¡Gracias a la vida, que me ha dado tanto!/ Me dio dos luceros, que cuando los abro/… Desde las primeras frases de este libro, desde las primeras historias por las que Almudena te lleva con fluidez, las estrofas de la canción de Violeta Parra venían a mi cabeza, ¡Gracias a la vida, que me ha ….! El canto a la vida, al compromiso con los demás y con uno mismo, a la autenticidad de las personas comunes y reales, el canto a la solidaridad y también la determinación ante la adversidad, todo eso emociona en este libro.

Almudena ha explicado en alguna entrevista que besar el pan era una costumbre de personas pobres, que vivían en una España pobre en la que no se tiraba nada. Y menos el pan, que además, para esa España de la posguerra -católica a la fuerza- simbolizaba el cuerpo de Cristo, por eso se besaba y no se tiraba, aunque se hubiera rebozado por el suelo, era una forma de purificarlo. Esa es la razón por la que ha titulado este libro Los besos en el pan, porque esta crisis y las medidas económicas regresivas que se han aplicado nos han devuelto a un pasado pobre, a ese pasado en el que se besaba el pan, nunca se tiraba.

El libro tiene una estructura de relatos cortos encadenados. Los relatos están conectados por un hilo sutil que enlaza a los personajes y los identifica como miembros de una misma comunidad. En este sentido, el libro me ha recordado un poco a La Colmena de Cela, también porque se trata de personajes que conviven de un barrio de Madrid, un entorno reconocible para los que habitamos esta ciudad. Se reconoce el barrio de Malasaña, alrededores del mercado de Barceló, Chueca…yo sitúo ahí a los personajes, los veo caminar. Cuando leía, visualizaba las calles de ese entorno tan significativo de lo que es esta ciudad, un barrio que vive a caballo entre pueblo y ciudad-capitalina, la esencia de este Madrid, en el que muchas de sus calles céntricas siguen perteneciendo a ese pueblo de aluvión de muchos lugares, que siempre ha sido esta ciudad, este Madrid.

Los relatos retratan muy bien las vidas rebajadas por la crisis. Constituyen fotografías reales de lo que ha sucedido en España, y en buena parte de Europa, desde que en 2007 estallara la crisis y toda esa ilusión óptica que en realidad es la clase media se deshiciera como un azucarillo bajo el grifo de la cocina. La crisis ha mostrado que ahora más que nunca existen los de arriba y los de abajo, y que sus diferencias se han agrandado, instalándose en nuestra casa común una desigualdad que ha venido para quedarse, a no ser que pongamos remedio y luchemos para terminar con ella.

Me ha llamado la atención la reivindicación de clase que subyace durante todo el relato. Los personajes pertenecen a la misma clase social, son pueblo, clase trabajadora, la mayoría social somos los de abajo, todos aquellos que sin un salario nos podemos quedar con facilidad en la indigencia, porque habitamos en un país con unos servicios públicos deficitarios, que se han recortado aún más con la crisis. Los personajes de este libro, que podríamos ser cualquiera de los lectores o lectoras que enfrenta el relato, se caen, se levantan, se ayudan, se acompañan, comparten pelean por los servicios públicos, comparten penas y alegrías y se ayudan, se tienden la mano, y lo hacen sin mirar el color de la piel, o la religión, o el sexo…porque si hay una cosa buena que tiene este libro es el de mostrar que en este mundo somos todos iguales, lo que suceda nos afecta de una forma o de otra, todos necesitamos techo y comida, y sanidad y educación, y asistencia, y besos, y ayuda, y apoyo, y compasión, ya se trate de personas chinas, o marroquís, o transexuales, y por tanto necesitamos que haya derechos y que la riqueza se reparta en todos y cada uno de los lugares de esta tierra. De lo contrario el mundo se hará inhabitable y habrá guerras y penosidad vital infinita para una gran mayoría.

Novela social

Algunos analistas han asegurado que las medidas de recortes sociales, de degradación y devaluación vital aplicadas con motivo de la crisis han devuelto a España cuarenta años atrás. La reforma laboral del Partido Popular está aquilatando contratos basura y salarios de miseria, los recortes en la sanidad, en la educación, en las pensiones, en las prestaciones sociales, en las ayudas a la dependencia…todo eso ha herido de forma muy profunda nuestra sociedad y esa herida es la que ha dado cuerpo a este conjunto de relatos sobre la vida real, que los bancos, los dueños de las empresas del Ibex y los políticos que trabajan para ellos han causado y no quieren ver.

Esta novela de Almudena Grandes es un libro muy político, muy social. La literatura no puede alejarse de lo que sucede y es muy difícil que personas con sensibilidad puedan dejar de contar como viven sus coetáneos.

Otro de los aspectos que me ha gustado de Los besos en el pan es que a pesar de la adversidad sus personajes salen, luchan y pasan miedo, sí, pero también cuentan con alegría para enfrentarse a la desdicha y sacan fuerzas de donde sea para luchar por lo que creen justo.

Considero que esta es una constante en los libros de Almudena Grandes. Recuerdo que en Las tres bodas de Manolita una de las cosas que más me gustó fue la reivindicación de la risa. La risa para combatir, la risa como una fortaleza del alma, la risa irreductible como fuerza para salir de lo peor de la vida. La risa para asegurar que estamos ahí, que seguiremos la lucha, que no van a poder con nosotros.

Uno de los poemas más bellos de Miguel Hernández decía “tu risa me hace libre/ me pone alas/ soledades me quita/ cárcel me arranca”…Pues eso, en los comienzos de este siglo XXI nos han querido recortar la vida y los derechos, y hemos sufrido, y hemos tenido miedo y todavía lo tenemos, pero también tenemos la risa que nos da alas y nos permite levantarnos y sobrevolar el fango para atisbar otro mundo posible.

Ha leído este libro con mucha emoción, he disfrutado con el relato, con la forma de tejer literatura humana de Almudena Grandes, pero sobre todo, he disfrutado reconociéndome en esos personajes que no se resignan y que saben que la dureza de la crisis no responde a la climatología, sino a unas políticas pensadas para despojarnos de los derechos que nos pertenecen por a todos y a todas como sociedad, y que por ahí no podemos pasar. No queda otra que seguir empujando.