LO QUE EL CIS DESVELA Y POCOS QUIEREN VER

Los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicos (CIS) llevan en el centro de una polémica casi constante, avivada por tertulianos y líderes de empresas sociológicas, desde que el PSOE llegó al Gobierno tras la moción de censura de junio de 2018.

Acertar en los pronósticos sobre intención de voto en una situación en la que un porcentaje cada vez mayor de personas deciden su voto en la campaña electoral y no pocos el mismo
día de la votación, es una aventura tremendamente difícil.

Lo es para el CIS y lo es para todas las empresas demoscópicas. Lo que sucede es que éstas no tienen que dar cuentas públicas de sus trabajos e, incluso, los medios de comunicación que los encargan pueden no dar toda la información sesgando la imagen sobre eventuales resultados sin estar sometidos a ningún escrutinio público. Hay tal nivel de exceso en las críticas al CIS que huelen a una estrategia de descrédito que oculta otras intenciones.

En cualquier caso, los barómetros del CIS son una fuente de información sociológica de enorme utilidad, aunque puede afirmarse que pocos quieren ver lo que los datos nos muestran y así, no hablar de problemas reales y graves. Veamos.

Desde mayo de 1985 hasta hoy, tenemos constancia de cuáles son los tres principales problemas que existen en España en opinión de los ciudadanos. Esta es una de las informaciones más ricas que pueden extraerse de los barómetros y sobre las que deberían sustentarse los debates, e incluso, las reflexiones de futuro desde la perspectiva de la izquierda política.

Observando la serie temporal desde 1985 hasta septiembre de 2019, se puede comprobar que la sanidad, las pensiones, la educación o los problemas relacionados con la calidad del empleo son los asuntos que afloran y se incrementan como preocupaciones de la gente a lo largo del tiempo y, en especial, desde el inicio de la crisis económica.

Todos estos asuntos tienen como uno de sus condicionantes esenciales el reto de la competitividad de la economía para hacer posible la disponibilidad de recursos que permitan la sostenibilidad del Estado de Bienestar con políticas fiscales progresivas.

Competitividad y envejecimiento poblacional, junto al reto de la digitalización y la inteligencia artificial, hacen necesario un debate público sobre la orientación que hay que dar a las políticas públicas desde la perspectiva de la izquierda política y sindical, si se quiere superar con éxito estos desafíos que son identificados perfectamente por el barómetro del CIS al testar la opinión de los ciudadanos.

Sin embargo, los debates y las tertulias a las que los ciudadanos podemos asistir habitualmente sólo ayudan a anestesiar la capacidad de analizar y proponer soluciones concretas para las demandas mayoritarias de la sociedad.

La sanidad pública es un bien que la sociedad ha podido y puede aún disfrutar, a pesar de ciertos deterioros, haciendo tangible la aspiración de igualdad que nos caracteriza todavía mayoritariamente. Pero su sostenibilidad social y económica requiere un nuevo enfoque que debería incorporarse en una urgente actualización del proyecto estratégico de los años 80-90 que es el que explica el éxito obtenido.

En relación a la educación pública cabe reclamar también una actualización del proyecto estratégico y una importante reforma que gane el desafío de la digitalización y del cambio de modelo productivo que permita mejorar la calidad  de la formación y la adaptación del sistema educativo para hacer posible proporcionar a la sociedad los profesionales del futuro, con criterios que garanticen la calidad y la igualdad de oportunidades.

Sobre pensiones públicas está abierto desde hace tiempo el debate para garantizar la sostenibilidad. Un debate que no se ha sabido cerrar aún, lo cual puede estar lastrando la posibilidad de conseguir esa garantía.

Y es que con una esperanza de vida que camina hacia los 90 años y de la que no se descarta que llegue a los 100 antes de finalizar este siglo, no se puede esperar más sin tomar decisiones que deben ser acordadas y pactadas para garantizar la equidad y evitar que los más débiles queden en la orilla.

Más aún, al tener aún sin resolver los desafíos de competitividad de nuestra economía, sin haber avanzado en las necesarias mejoras en la calidad del empleo o sin avanzar seriamente en aprovechar el potencial que puede ofrecer la nueva economía verde.

Estos son los temas que pocos quieren ver. Temas sobre los que el CIS ofrece bases más interesantes que las del acierto o error en las predicciones electorales. Un motivo más para trabajar por lo importante y no por lo accesorio.