LISTERIOSIS: CRÓNICA INACABADA DE UNA GESTIÓN

Una de las noticias de más destacadas de la actualidad de estas últimas semanas es la relacionada con el brote de Listeriosis iniciado en Andalucía. Alrededor de 200 pacientes infectados, adultos fallecidos y varios abortos en mujeres embarazadas son (hasta ahora), las cifras más relevantes de esta crisis de salud pública de origen alimentario, que aún está en proceso.

Hasta que no se de por finalizada una crisis de salud pública es difícil proceder a una valoración crítica que tenga el necesario rigor; y es que hay que afirmar que evaluar las intervenciones en las crisis de salud pública es imprescindible por varios motivos.

En primer lugar, por una obligación ética y democrática puesto que los poderes públicos tienen la responsabilidad constitucional de la protección de la salud del conjunto de la sociedad y, por ello, disponen de un arsenal de respuestas con un fuerte fundamento jurídico para decidir las intervenciones necesarias que permitan hacer real dicha protección de la salud.

El ejercicio de ese poder requiere ser evaluado públicamente para estar seguros de que se han tomado las decisiones adecuadas y de que, en caso de eventuales errores, se pueden proponer mecanismos de mejora cara al futuro y se pueden exigir (si caben), tanto responsabilidades políticas, como de naturaleza jurídica.

En segundo lugar, porque nuestros dispositivos de vigilancia epidemiológica y de protección de la salud (que están compuestos por profesionales epidemiólogos altamente cualificados), actúan en base a evidencias científicas que deben ser contrastadas.

En ocasiones, las crisis aportan nuevas evidencias relativas al comportamiento de los agentes patógenos que deben ser incorporadas a futuras actuaciones sanitarias; en otros casos, la aplicación práctica de protocolos ofrecen evidencias basadas en la realidad sobre potenciales mejoras. Es decir, dado que la respuesta a las crisis de salud pública es una respuesta técnica, resulta obligado evaluar y aprender técnicamente de cada experiencia.

Similares consideraciones se pueden hacer en relación a la conveniencia de evaluar la respuesta puramente asistencial a los pacientes; la forma en la que se han organizado los servicios sanitarios. La información clínica relativa al comportamiento de la bacteria causante de la listeria en este caso es, sin duda, de enorme valor en el ámbito estrictamente biomédico y, por eso, también es imprescindible la evaluación.

Para conformar una evaluación rigurosa y una valoración crítica hace falta, por tanto, esperar a la finalización de este brote y a la posibilidad de disponer de toda la información necesaria.

Dicho esto y dado que el interés público es una característica propia de estas crisis, caben algunas apreciaciones que tienen su importancia. Una primera apreciación se refiere a la buena respuesta de los profesionales tanto sanitarios cómo los del ámbito de la vigilancia epidemiológica. Algo que en principio aparece con un balance positivo que debemos agradecer a los profesionales.

De igual forma, se puede señalar al hilo de esta crisis la trascendencia que tiene disponer de un sistema de vigilancia epidemiológica y de protección de la salud con la fortaleza propia de la importante función que desempeña.

Nuestros servicios de salud pública deben tener por eso la prioridad que merecen en lo que se refiere a la adecuada dotación de profesiones, al fortalecimiento de su capacitación, a unas adecuadas retribuciones o al protagonismo en el liderazgo de la gestión de estas crisis. En el caso de Andalucía, cabe preguntarse cómo mejorar cara al futuro todos estos aspectos señalados en el ámbito de esa comunidad autónoma. Pero también, es una reflexión válida para el resto de administraciones.

Son estos dispositivos los responsables de aportar seguridad y protección a la salud poblacional pero también, seguridad para el ejercicio de las actividades empresariales y comerciales del ámbito de la seguridad alimentaria; algo que tiene una enorme trascendencia en la economía, el empleo o la imagen de nuestro país. Y es gracias a ellos que tenemos un buen nivel de seguridad alimentaria. Pero conviene “no dormirse en los laureles.”

Otra apreciación, se refiere a la necesidad de asegurar elementos clave en la gestión de una crisis de esta naturaleza: a) la credibilidad de las autoridades sanitarias en sus mensajes a la población y en el relato de las medidas adoptadas, b)la coordinación entre las diferentes administraciones o c) el rol del gobierno y los partidos de oposición en el terreno político en el que, lógicamente, se desenvuelven este tipo de crisis de salud pública.

En el caso de la Listeriosis en Andalucía y, aunque aún no está cerrada la crisis, se puede asegurar que en cada uno de esos aspectos ha habido fallos y, de ello, se deriva que hay áreas de mejora. Se consolida la idea de que ha podido haber retraso en la respuesta e incluso consejos sobre el asunto de la contaminación cruzada que han podido exponer innecesariamente a la ciudadanía a los productos contaminados. Esto es algo que habrá que determinar con detalle y concreción, incluyendo la contribución de la empresa a esta exposición si ocultó información relevante. Estos son elementos clave que cobran aún más importancia dado el comportamiento claramente irresponsable y doloso de la empresa, muy probablemente con un origen en prácticas de fraude fiscal continuado.

La evaluación técnica y política arrojaría hasta ahora un balance con algunos errores en esos campos de comunicación, credibilidad de las actuaciones, coordinación entre administraciones y gestión política de gobierno andaluz con la oposición.

En este caso, es siempre el gobierno el responsable de asegurar una información clara y fluida a los grupos parlamentarios, no solamente en el ámbito formal de las comparecencias parlamentarias en sesiones de control sino también (y sobre todo), en el día a día en reuniones bilaterales o multilaterales para poner a su disposición la información que les permita su contribución positiva y constructiva a los grupos parlamentarios en su labor de control al gobierno.

La experiencia de la gestión de la pandemia de Gripe A en la que tuve ocasión de participar en 2009 como secretario general de sanidad de la ministra Trinidad Jiménez, cuidó de manera especial esos aspectos que son clave para la credibilidad de la gestión de las crisis de salud pública. Y, aunque hubo aspectos mejorables, quedó constancia de más aciertos que errores, lo cual resultó determinante.

Esperemos que en las próximas semanas, cuando finalice esta crisis, se pueda disponer de mas información para sacar conclusiones más definitivas.