LIBERTAD, SEGURIDAD… DEMOCRACIA

sotillos191115

Le ha correspondido a un político socialista, el Presidente de la República Francesa, François Hollande, la grave responsabilidad de dar respuesta al brutal ataque de unos comandos del terrorismo islámico, avanzadilla difusa de un sedicente Estado con aspiraciones de Califato universal, que aspira a hacer tambalear los cimientos de las sociedades occidentales y su modelo de convivencia. Hollande ha reaccionado con energía y determinación. Desde el primer minuto se ha puesto al frente de un país herido pero no humillado y se ha atrevido a definir la situación, sin complejos: Francia está en guerra. En consecuencia, ha decretado medidas excepcionales dentro del marco de la legalidad vigente, pero también ha anunciado su propósito de modificar la Constitución de forma que se puedan robustecer las capacidades del Estado para poder afrontar una lucha que se prevé dilatada en el tiempo. Simultáneamente, ha ordenado intensificar los ataques aéreos contra el territorio dominado por ISIS en Siria y ha activado los mecanismo diplomáticos para asegurarse la colaboración de otras potencias implicadas en la zona.

Según reflejan los estados de opinión, una gran mayoría de los franceses respaldan las medidas adoptadas y valoran positivamente que la respuesta a la agresión sea contundente. Como era de esperar en el contexto de una democracia plural y en la patria de las libertades, el debate sobre los límites de las restricciones al ejercicio de ciertos derechos en aras a la seguridad colectiva se ha abierto paso en el Hexágono, pero también ha trascendido las fronteras y ha cruzado los Pirineos. En una España que conserva aún las huellas de los atentados del 11-M y donde -simbólicamente- se hunde el monumento a las víctimas en Atocha por pura desidia, ese debate se podría impregnar de contenidos electoralistas en función de una convocatoria inminente a las urnas. La tentación de establecer una conexión mental con las elecciones que fueron precedidas por el “No a la guerra” es tan fácil como engañosa y no parece que haya calado, salvo en sectores minoritarios. Mucho más real es el marco de diferencias sobre los grados de participación de España en el conflicto y en la necesidad de implementar nuevas medidas legales.

El comportamiento de las principales fuerzas políticas españolas ha respondido a un principio de responsabilidad común, aceptando la invitación del Presidente del Gobierno de compartir información y actuar coordinadamente, asumiendo las naturales diferencias de matices. Ese mensaje común del Partido Popular, el PSOE y Ciudadanos ha conseguido incluso modular la respuesta de Podemos, temeroso tal vez Pablo Iglesias de quedar en una actitud extravagante que no concordaría con sus últimos intentos de contar en sus filas con personajes vinculados a la izquierda moderada y, singularmente, con un antiguo JEMAD, cuya mano se detecta con gran claridad en los recientes movimientos estratégicos.

El deseo unánime en los grandes partidos políticos españoles con aspiraciones a tener peso tras el 20 de Diciembre, es no tener que pronunciarse abiertamente sobre la aceptación o el rechazo del hecho consumado de una participación de tropas españolas en la ofensiva que lideran París y Moscú. Mariano Rajoy huye como de la peste del recuerdo de Aznar y se beneficia de que sea Hollande y no Bush el principal protagonista de la crisis. El Gobierno francés no va a pedir a España una colaboración militar que resultaría intrascendente en la práctica. Le basta y le sobra con una colaboración intensa a nivel policial en el marco de la lucha antiterrorista, como la que ya viene existiendo, que es asimismo imprescindible para garantizar la seguridad de los españoles. Porque –no puede olvidarse-nosotros estamos en riesgo de ser un objetivo de la misma barbarie.

En los últimos días, y al hilo del debate sobre libertad y seguridad, recordaba las palabras de un socialista español, luchador con la República y víctima de un largo exilio después, que alertaba del riesgo que suponía para la izquierda dejar en otras manos el monopolio de la garantía de la Seguridad, alimentando las tentaciones fascistas. No parece que hoy vayamos a incurrir en ese terrible error. Aprendimos dramáticamente la lección. Y hoy Hollande se encarga de recordarnos que las libertades  garantizan la seguridad, cuando hay controles suficientes para no prolongar cualquier excepcionalidad ni se hibernan los principios fundamentales de la Democracia.