LENIN Y TROTSKY HOY

¿Recuerdan la famosa fotografía de Lenin dando un mitin a la puerta del teatro Bolshoi en la que Trotsky, inicialmente junto a Lenin, fue después borrado cuando cayó en desgracia frente a su camarada de revolución?

Trotsky era ese intelectual que aparece con gafas redondas en la iconografía de la revolución y aunque siempre había tenido diferencias con los bolcheviques, terminó uniéndose a ellos. Era tan buen negociador que llegó a desesperar a los alemanes antes de firmar la paz de Brest-Litovst, que sacó a Rusia de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, cuando reaparecieron sus diferencias con Lenin, probablemente este dijera un día que Trotsky “ya no era solo el compañero Trotsky sino el jefe del sector crítico“. Después, ya saben, Trotsky desapareció de las fotografías y del censo.

Ahora, el líder Iglesias Turrion ha señalado a Errejón, ese buen negociador que usa gafas, como jefe del sector crítico de Podemos. Se ha acusado a Pablo Iglesias Turrión de ser marxista-leninista pero, para que el paralelismo Iglesias Turrión-Errejón con Lenin-Trotsky fuera convincente, Jorge Verstringe debería hacer el papel de Karl Marx y, francamente, eso me parece exagerado. Dejémoslo en que, después de más de 3.300 años de historia escrita, esta se repite.

Cuando nació Podemos parecía que empezaba el mundo. Hubo, incluso, quien pretendió cambiar el calendario gregoriano y crear un nuevo año 0 el día del primer programa de la Tuerka, que se convertiría, así, en un nuevo portal de Belén donde se alumbró al mesías Iglesias. El sermón de la montaña pasó a celebrarse en la Puerta del Sol y el papel de la mujer adúltera en la lapidación lo hizo Monedero. La expulsión de los sacerdotes del templo la impidió la policía el día que “la gente” quiso tomar el Congreso de los Diputados.

Pablo Iglesias Turrion venía a redimir a la gente de una clase política corrupta, no democrática y que se ocupaba exclusivamente de sus propios intereses. Pero, después de haber conocido la preocupación de los diputados de Podemos por los escaños que iban a ocupar en el hemiciclo o las peticiones de sillones ministeriales que le hicieron a Pedro Sánchez para prestarle su apoyo en una investidura como Presidente del Gobierno, les tenía que costar más trabajo convencer a  alguien de su altruismo político. O, por lo menos, de su grado de altruismo respecto de otros partidos de los denominados “de la casta”.

Lo que sí consiguieron fue, por ejemplo, rejuvenecer la imagen del Partido Popular, que tuvo que poner en el escaparate político a varios jóvenes para que refrescaran su imagen. Tanto en el parlamento como, sobre todo, en los medios, era necesario parecerse a esos representantes de la nueva política y, para eso, nada mejor que un poco de cosmética. La misma que han utilizado el resto de partidos ya que, aunque Podemos no inventó el “sincorbatismo“, está introduciendo, bien es verdad que según la estación del año, el “sinchaquetismo“. Su gran aportación a la política española.

Pero esta mimetización, como antes digo, tiene dos direcciones. La democracia permanente, basada en una permeabilidad fluida entre los deseos de la “gente” y la superestructura política, pronto se transformó en el clásico modelo de partido muy jerarquizado con líderes indiscutibles e ideas inamovibles. Eso sí, con apariencia de debate interno y portada de “aquí quien manda son las bases“.

El último episodio, hasta ahora, es ese nombramiento de Errejón como jefe del sector crítico que le ha hecho el líder Iglesias Turrión . No es que sea criticable el que un partido tenga facciones, corrientes, sectores, sensibilidades o como quiera que se llamen, no. Lo que es criticable es que los que iban a descubrir un Nuevo Mundo, no hayan llegado más allá de descubrir el Mediterráneo, ese Mare Nostrum tan antiguo como nuestra civilización.

Y, bañándose en esas aguas, han encontrado el caudillismo. ¡Quien