¡LAS PALABRAS HUECAS Y ENGOLADAS NO NOS SIRVEN!

Las noticias que recogen los medios de comunicación internacionales en los últimos tiempos dibujan un mundo lleno de contradicciones, de realidades difíciles de conjugar para cuantos ciudadanos de bien traten de entender el momento histórico que nos ha tocado vivir. La existencia de dos mundos paralelos, el de las oportunidades aparentes en los países más desarrollados y el de la falta de expectativas y de futuros certeros para una mayoría de la humanidad.

En este escenario vivencial, junto a extraordinarios proyectos y retos científicos, como el anunciado, a principios de febrero, por el presidente norteamericano Obama, de impulsar un plan de medicina de precisión, que permitirá curar enfermedades como el cáncer o la diabetes, y dará acceso a información personalizada, que mejorará nuestra salud y la de nuestras familias, nos encontramos con noticias del tenor: “22 millones de niños en el mundo no reciben las vacunas más básicas”, pues “vacunar a un niño en un país pobre cuesta 68 veces más que en 2001”, materializándose, entre otros efectos, en que “18.000 menores de cinco años fallecen al día por causas evitables”.

En ésta nuestra aldea global, cada vez más compacta en algunos aspectos, especialmente en aquellos que tienen que ver con asuntos económicos, y más desmembrada en cuestiones humanitarias y sociales, nuestro país está atravesando, desde el inicio de la crisis económica, una situación preocupante, que se ha traducido en un aumento significativo de la pobreza y la exclusión social para sectores cada vez más amplios de la población.

Según el último informe Foessa del año 2014, hay 11.746.000 millones de personas en exclusión social, de las cuales el 77,1% sufren exclusión del empleo, el 61,7% exclusión de vivienda y el 46% exclusión de la salud, con el agravante de que 5 millones se encuentran en exclusión severa.

Me genera más que extrañeza que desde algunos púlpitos políticos se alerte sobre el comienzo de la recuperación con discursos triunfalistas, en los que se asocia el crecimiento económico con el desarrollo social y de las personas. Ciertamente según el FMI, España crecerá en 2015 un 2%, el mejor registro desde 2007, cuando la aceleración fue del 3,5%. Pero de ahí a pensar que será el factor determinante de la mejora de la condiciones de vida de la población dista, desde mi punto de vista, de ser verosímil. Estimo que es obligado valorar indicadores de desigualdad, pobreza, privación material y exclusión social, con la finalidad de articular políticas de empleo, educativas, sanitarias, de redistribución de la riqueza y de garantía de ingresos, que faciliten niveles óptimos de bienestar social.

Repasemos algunos datos recientes que confirman nuestra hipótesis:

El empleo se inició en 2015 con peores resultados que en 2014, en concreto, con la destrucción en enero de 199.902 puestos de trabajo, de forma que el total de ocupados se ha reducido a 16.575.312, ascendiendo los parados registrados a 4.525.691.

La rotación en el empleo indefinido se ha incrementado tras la reforma laboral del Gobierno. Así las cosas, mientras en 2014 para que se creara un nuevo puesto de trabajoera necesario que se firmaran 1,42 contratos indefinidos, en 2011 ascendían a 1,15. Un aumento del 23%, que según un estudio realizado por el gabinete económico de CCOO y hecho público en febrero pasado, se debe básicamente al abaratamiento de los despidos, a la devaluación salarial (una reducción, entre el 2008-2013, del 13% para las mujeres y del 17% para los hombres) y al nuevo contrato de emprendedores. Una figura nueva en el ámbito laboral, que esconde precariedad, pues posibilita a las empresas con menos de 50 empleados firmar un contrato indefinido por un periodo de prueba de un año, siendo factible durante su vigencia, el despido sin indemnización.

La protección a los parados ha bajado a su nivel más bajo en más de una década. En concreto, la tasa de cobertura ha caído al 57% por los recortes y el aumento del desempleo de larga duración, lo cual se concreta en que menos de seis parados de cada 10 tienen derecho a cobrar prestación. De manera que a finales del mes de enero de 2015 existían 2.416.786 beneficiarios con derecho a prestación de un total de 4.512.153 personas que estaban apuntadas en los Servicios Públicos de Empleo.

Según la Estadística de Migraciones del Instituto Nacional de Estadística (http://www.ine.es/prensa/np884.pdf), siguiendo la tendencia iniciada al comienzo de la crisis económica, en la primera mitad de 2014el flujo de emigración de la población de nacionalidad españolaaumentó significativamente. En su conjunto, hay más de dos millones de nacionales en el exterior, confirmándose para el primer trimestre de trimestre de 2014 la salida de 42.685personas (la cifra más elevada de los últimos años).

Los desahucios y ejecuciones hipotecarias, una de las consecuencias más crueles de la crisis, aumentaron en 2014 un 7,4%, con 34.680 viviendas afectadas, de las cuales el 61,6% son fruto de hipotecas realizadas entre los años 2005-2008, según informaciones publicadas por el INE en las últimas semanas.

Lo anterior confirma la necesidad de un cambio de rumbo drástico, que vaya en la línea de recuperar derechos sociales y promueva el desarrollo y bienestar de la ciudadanía, desde la formalización de políticas realistas, al tiempo que imaginativas, que faculten salir de la oscuridad a millones de personas y familias que están sufriendo y que no ven horizontes. Y para ello es necesario que los que manejan los hilos del poder, si tienen realmente voluntad de cambiar lo que se antoja irreversible, aunque no necesariamente debería serlo, desciendan al barro y sientan lo que para otros es su día a día: la incertidumbre permanente. ¡Ojala tomaran buena nota, pues las palabras huecas y engoladas no nos sirven!

Decía Plutarco “Es bello obtener la realeza como premio a la justicia; pero es más bello aún preferir la justicia que la realeza”, esperemos que sea este último el camino que perseveremos… Quizá sea el único que pueda reconducir este carrusel precipitado en el que vivimos y del que los más indefensos han sido expelidos.