LAS ENCUESTAS SOBREVALORAN A CIUDADANOS E INFRAVALORAN AL PSOE

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Partamos de la convicción de que todos los medios de comunicación que publican estudios electorales en estos días actúan desde el propósito único de informar sobre el estado de opinión.

Con seguridad se equivocan aquellos que interpretan tales publicaciones como expresión de la voluntad de influir sobre el electorado en un sentido u otro.

Seguramente tampoco acierta Umberto Eco cuando en estos días echa de menos “aquellos tiempos en los que las noticias hacían la prensa y la prensa no hacía las noticias”.

También hemos de asumir que no es nada fácil hacer estimaciones sobre intención de voto en la actualidad, cuando la situación es tan cambiante y las constantes antaño útiles, como el recuerdo del voto anterior, ofrecen datos aparentemente equívocos.

Sin embargo, todos estos a priori no obstan para extrañarse sobre la dirección única que suelen mantener con empecinamiento algunos errores de pronóstico.

El análisis que hacen los equipos sociológicos de la web elelectoral.com sobre las encuestas publicadas durante este año en los grandes medios de comunicación establece una sobrevaloración constante en los supuestos apoyos electorales a PP y, sobre todo, a Ciudadanos, mientras que se produce una infravaloración constante también en los apoyos previstos para el PSOE: desviación a la baja de casi tres puntos como media para el PSOE; al alza casi en la misma proporción para Ciudadanos; y al alza en proporción algo más reducida para el PP. Todo ello en relación con los resultados que cada partido obtiene finalmente en las urnas.

El esquema que se adjunta en estas líneas demuestra también cómo en una amplia selección de las encuestas publicadas con motivo de las elecciones celebradas en este año 2015, al PSOE se le atribuían hasta 7 escaños menos de los 47 que obtuvo en las elecciones andaluzas, hasta 11 escaños menos de los 37 que ganó en las elecciones a la Comunidad de Madrid, y hasta 7 escaños menos de los que el PSC ocupó tras las elecciones catalanas de septiembre.

Si los errores se cometen siempre en la misma dirección, parecería razonable que los “estimadores” tuvieran en cuenta estas desviaciones tan recurrentes.

También es verdad que una vez celebradas las elecciones, todos podemos argumentar que en realidad no nos hemos equivocado, porque no hacíamos pronósticos. Tan solo describíamos la intención de voto en un momento concreto, que después pudo corregirse por el desarrollo de la campaña electoral… Claro.

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