LAS ELECCIONES VASCAS Y GALLEGAS

Los resultados de las elecciones autonómicas celebradas en Galicia y el País Vasco han confirmado las principales tendencias y rasgos que caracterizan el panorama electoral español actual. Es decir, consolidan mapas políticos fragmentados que plantean problemas de gobernabilidad y que hacen necesarios entendimientos entre varios partidos.

En este sentido, los datos electorales del 25 de septiembre apuntan a un debilitamiento apreciable del PSOE en estos territorios y a un aumento y/o consolidación de otras formaciones alternativas situadas en los espacios de izquierda. Lo que indica que está teniendo lugar una ligera inflexión en votos de la población –también en Galicia y en el País Vasco− hacia posiciones –y expectativas− que en su conjunto no son las que representa el PP y sus políticas. Por mucho que en los círculos de la derecha no se quiera reconocer esta situación en términos de opinión pública.

Hay que destacar que el PP mantiene una fuerza electoral notable en su gran feudo histórico –Galicia−, aunque no tanta como auguraban las encuestas que, una vez más, aunque en este caso en menor grado que en otros, han fallado en sus pronósticos en dos aspectos centrales: en la sobrevaloración de las posibilidades del PP y en la paralela subvaloración de los apoyos del PSOE, que al final han sido algo superiores a lo que vaticinaban los sondeos preelectorales. Lo cual se está convirtiendo en un escándalo, que los medios de comunicación social suelen ocultar y olvidar a posteriori, pero que tienden a amplificar y utilizar profusamente durante la campaña como un instrumento más de la propaganda (a favor del PP).

Los parcos resultados del PP en el País Vasco y la correlación de fuerzas que allí se ha dado hacen difícil que los escaños vascos puedan utilizarse como moneda de cambio exclusiva para la formación de un gobierno en Madrid encabezado por Mariano Rajoy, que ha visto diluirse su esperanza de poder sumar –sin discusión ni alternativa− los cinco votos del PNV en el Parlamento español, a cambio de que los diputados vascos del PP garantizaran la gobernabilidad de Urkullu en el País Vasco. Intención que ha resultado tan explícita y descarada que posiblemente ha acabado mermando las posibilidades de Alfonso Alonso.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que el modelo de elección del Lehendakari vasco es bastante más inteligente y operativo que el procedimiento que tenemos en el Parlamento español, previendo un sistema de voto entre candidatos que garantiza inexcusablemente que sea elegido aquel que sume más votos a favor, evitando vacíos y bloqueos como el que estamos sufriendo en España.

En este sentido, hubieran hecho mejor Rajoy y los suyos si hubieran atendido más a este modelo y hubieran propuesto trasladarlo al Parlamento español, con un cambio legislativo bastante fácil y accesible, en vez de haber provocado un paréntesis en la política nacional, a la espera de ver si lograban una combinación “adecuada” de representaciones en el País Vasco, que les permitiera un “intercambio de cromos”, permitiendo que Mariano Rajoy llegara a los 175 escaños de apoyo. Ahora, sin embargo, todo va a depender de la elección que haga el PNV en este sentido.

En España, el acento ha sido puesto, una vez más, en elementos propios de la infra-política, y no en propuestas y búsqueda de soluciones con cierta altura de miras –de Política con P mayúscula−, como podría ser la adopción de un modelo similar de elección del Presidente de Gobierno, que permitiera una salida solvente al empantanamiento que se vive en la Carrera de San Jerónimo.

Los buenos resultados comparativos de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, por su parte, contribuyen a consolidar su imagen y su posición interna en el PP, de cara a una eventual sucesión de Mariano Rajoy, demostrando que un mayor énfasis en la gestión (sea esta supuesta o real) y un mejor talante personal –menos displicente e insultante− pueden dar más frutos electorales que la inclinación hacia la chapuza, la arrogancia belicosa y los malos modos en los que persiste Mariano Rajoy y su círculo de confianza.

En cualquier caso, el problema del PP, también en Galicia y en el País Vasco, es que se ha escorado tanto hacia la derecha, y se ha implicado en tantos procesos de financiación irregulares, que al final se ha acabado encontrando solo en la arena política. Por lo que no tienen socios o aliados posibles de gobierno. Especialmente allí donde Ciudadanos no logra obtener ningún escaño. Algo en lo que el PP está poniendo un especial empeño, no solo discursivo. Lo que puede que le termine acarreando una merecida fama de “viuda negra”, que hará que cada vez le resulte más difícil encontrar eventuales socios de gobierno que no estén dispuestos a terminar devorados por esta especie de nueva mantis religiosa de la vida política. Algo sobre lo que los líderes de Ciudadanos deberán tomar buena nota si no quieren correr el riesgo de venirse abajo de manera rápida, como le sucedió en su día al CDS, después de entregarse en brazos del PP.