LAS ELECCIONES DEL 20 DE DICIEMBRE EN PERSPECTIVA POLITICA

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Cuando el resultado de unas elecciones generales es que resulta prácticamente imposible formar un gobierno estable y mínimamente coherente, es difícil que alguien pueda presentarse como ganador. Por eso el 20 de Diciembre todos hemos perdido un poco, y sobre todo ha perdido el país como tal, que a partir de ahora entra en una nueva etapa de su evolución política que, verosímilmente, va a estar caracterizada por mayores inestabilidades, incertidumbres y dificultades para afrontar los problemas reales que tenemos, que no son pocos.

En este sentido, los primeros análisis de las elecciones realizados por unos y otros, exhibiendo éxitos propios y fracasos ajenos a través de los más curiosos estrujamientos típicos de los datos, esta vez han resultado bastante inapropiados. De ahí, que lo más fructífero en estos primeros momentos sea resaltar las principales tendencias irrefutables.

La primera y más evidente tendencia es una notable fragmentación electoral que hará difícil formar gobierno.

La segunda tendencia es la explicitación de una voluntad de cambio de gobierno, que se concreta en el derrumbe de apoyos del PP, que con solo un 28% de respaldo en las urnas se sitúa muy lejos de contar con fuerza suficiente como para llevar a cabo el programa con el que concurrió a las elecciones. Por lo tanto, si no logra sumar nuevos –y diferentes– apoyos, en escaños y en ideas y propuestas políticas a ese 28%, la situación resultante va a ser prácticamente inviable.

La tercera tendencia es la orientación mayoritaria del electorado hacia la izquierda. Antes del 20 de Diciembre se podía sostener –como apreciación analítica– que España era un país sociológicamente de izquierdas, pero después de las votaciones tal apreciación se ha convertido en un dato político objetivo. Sin embargo, la mayoría absoluta de votos de izquierdas, debido a la fragmentación política existente no se ha convertido en el Parlamento en una mayoría neta y concluyente de escaños, dándose el caso, incluso, de que un partido como IU, con casi un millón de votos solo tenga dos escaños.

La cuarta tendencia es que el centro político español, una vez más, se ha quedado por debajo de sus expectativas, con solo el 13,9% de apoyos a Ciudadanos, y un fiasco absoluto de otros partidos como la vieja Unió y la fallida UP y D, que no ha podido superar la orfandad del liderazgo de Rosa Diez.

Una quinta tendencia asociada a las elecciones del 20 D es la notable influencia, e incluso el protagonismo activo y militante, de algunas cadenas de televisión y medios de comunicación social en el acoso explicito y abierto al PSOE y en la promoción de Podemos. Algo que no tiene precedentes en los países serios y desarrollados de Europa desde el fenómeno de Berlusconi y sus televisiones partitocraticas en Italia.

La orientación unidireccional de determinados medios de comunicación social y la utilización de las encuestas como instrumentos arrojadizos contra el PSOE en general y contra Pedro Sánchez en particular, ha sido claramente abusiva, aunque finalmente no haya logrado el propósito de relegar a este partido a la condición de tercera –o cuarta– fuerza política.

El hecho, de que el PSOE se haya mantenido como primer partido de la oposición y principal fuerza de la izquierda revela que tenían razón los que durante la campaña electoral insistían en la necesidad de concentrar el voto útil de la izquierda para intentar traducir políticamente la voluntad de cambio de los ciudadanos. Pero eso no ha sido así y ahora tenemos en el Parlamento una izquierda bastante fragmentada, y no sabemos si inoperante.

Los resultados de Podemos, por su parte, se han quedado, otra vez, por debajo de las expectativas despertadas, que intentaban presentar a Pablo Iglesias como un posible Presidente de gobierno en ciernes, y  por delante de Pedro Sánchez en apoyos. Expectativa que se mantuvo hasta los últimos momentos con las encuestas a pie de urna, ¡Un fiasco más de las encuestas!

La celebración de los resultados de Podemos como un gran éxito revela la sobredimensionalización de la propaganda que se practica en este partido. Y también la inclinación a la arrogancia de sus líderes, que con solo un 12,7% de los votos netos se lanzan a reclamar nuevas Constituciones y no sé cuantas cosas más. Pero aun sumando a tales apoyos los de todos sus coaligados –que ya preexistían con cierta fuerza en Galicia, Cataluña y Valencia– apenas llegan al 20% de los votos ¿Se puede aspirar con estos apoyos a cambios tan sustanciales como los que reclaman? ¿De qué nociones de soberanía nacional y voluntad democrática parten dichos líderes políticos?

En un país serio y maduro, el respaldo obtenido por este tipo de partidos “bloquistas” (¿qué son en realidad sino un heterogéneo bloque político de fuerzas y coaliciones?) solo se entiende a partir del malestar y la indignación que existe en la sociedad española debido a situaciones sociales, laborales y humanas que son terribles. Por lo tanto, aquellos que se indignan y atemorizan con el ascenso político de fuerzas de este tenor, harían bien en canalizar sus reacciones hacia la solución de los problemas sociales de fondo que constituyen el caldo de cultivo del malestar existente.

¿Cuál es la solución ante este complicado panorama de tendencias y correlación de fuerzas parlamentarias fragmentadas? Desde luego, nada va a ser nada fácil y, obviamente, no basta con indicar que la única salida es realizar nuevas elecciones dentro de unos meses, ya que lo más plausible es que si se repiten las elecciones se vuelvan a repetir los mismos resultados, o unos muy similares. Con lo cual nos podemos meter en un bucle temporal repetido hasta el infinito ¿Es esa la solución? Yo lo dudo