LAS ELECCIONES DE 26-J CON EUROPA AL FONDO

frutos310516

Sería importante que los ciudadanos españoles salieran del estado de cansancio y del letargo que a buen seguro les han provocado: los previos de vida política española del pasado año; la interminable pre-campaña; la campaña; las elecciones; las post elecciones; las negociaciones que pudieron ser pero no fueron; la pre-campaña de nuevo y lo subsiguiente. Hay que tomar conciencia de que esta pesadumbre no es un síntoma de estar atrapados en el tiempo. Lo que tenemos en el horizonte se ha modificado. Hemos creído que cada día contemplábamos de nuevo a la marmota salir de su madriguera, en un sinfín a reloj parado, pero están pasando cosas que nos obligan a no aceptar por bueno cualquier discurso que se nos ofrezca ahora. Al día siguiente de las elecciones nuestra vida cotidiana va a verse seriamente transformada, tanto para los que no quieren que cambie nada, pues están en su “circulo de confort”, como para los que ansían lo contrario para salir del agujero social al que se les ha llevado y necesitan dignificar su vida y expectativas. Todo lo que va mal puede ir aún peor.

Los datos de déficit, la deuda pública y la verbalización de las exigencias a los españoles por parte de los jerarcas europeos, es aunque no lo creamos, lo suficientemente grave como para poner a Europa como telón de fondo en el momento de votar. Ha llegado el momento, pues apremia, de que dejemos de recibir mensajes de 30’ de televisor de los que unos y otros dicen y se nos diga con meridiana claridad lo que se va a hacer y cómo para el cumplimiento de las obligaciones exigidas por la Unión y cómo se van a conseguir reducir nuestras deudas, los 23.040€ que por cada ciudadano ha asumido el Estado.

Explicar con veracidad y fácil entendimiento cómo van a conjugar los aumentos de gasto prometidos, o las rebajas de impuestos, y la responsabilidad real de los incumplimientos de los compromisos europeos, que se decían cumplidos, que van a significar una multa contra el erario. Las apelaciones a la lucha contra el fraude, no dejan de ser palabras que la Comisión Europea no tomará ni en consideración.

Además cuando votemos estaremos bajo los efectos del resultado del referéndum británico de salida de la UE. Los conservadores británicos piden salirse argumentando los altos costos que debe pagar su país por pertenecer a todas las instituciones creadas a nivel comunitario y la imposibilidad de detener la inmigración europea en su territorio, principalmente. ¿Cuál va a ser la postura española ante la potencial salida? Ello traerá consigo, de producirse, grandes cambios en la configuración económica mundial, que no sólo afectará a los británicos y tendremos que conocer qué vamos a hacer. De igual modo, habrá que tener una posición también en caso de no producirse la salida. El cuestionamiento británico (inmigración económica europea y sobrecoste institucional europeo) es tema a considerar por todos los Estados Miembros.

La Unión Europea está en sus horas más bajas desde su creación golpeando seriamente su legitimación. La UE ha terminado por convertirse en un pesado y costoso aparato burocrático, pero casi el 80 % de las decisiones que nos afectan se toman allí. Si el techo y las paredes de nuestra casa, que es la Unión, tienen goteras y desconchones tendrá que decidirse y plantearlo a los ciudadanos qué se tiene pensado hacer para que el hogar no se siga desvencijando. Reforzar, mejorar, profundizar, dotar… está bien para la democracia mediática pero, insisto qué y cómo se tiene pensado actuar desde España. Si valoramos consecuentemente lo que ha significado para nosotros la Unión en la consolidación del sistema nacional de bienestar, convivencia y seguridad en los 30 años de pertenencia, ahora la gran pregunta es: ¿Qué España, en qué Europa?

La Unión Europea que hoy conocemos es un mercado conformado por 28 países que responden, como hemos podido ver, a sus lógicas electorales internas. Eso sí, con más de 500 millones de consumidores que han beneficiado sobre todo a los grandes entramados empresariales. Desde ese punto parece haber funcionado permitiendo desarrollar negocios de bienes y servicios con impresionantes economías de escala, convirtiéndose en un mercado interior capaz de competir con el mercado norteamericano, con sólo 350 millones de consumidores. Pero la Unión Europea no era sólo políticamente una zona de libre comercio que posibilita la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales. Pretendía ser mucho más que eso. La crisis económica ha evidenciado que algunos de sus miembros han priorizado su objetivo, por ejemplo Alemania con 80 millones de habitantes y un gran potencial productivo, en tener un mercado ampliado para ganar en competitividad. El propio hecho de que la eurozona sólo la compongan 19 de los 28 miembros evidencia que las agendas de los países están lejos de una integración plena.

Todo esto obliga, en este momento, a ser más audaces por el propio interés español y salvar a la Unión Europea de la mediocridad y propiciar una integración real y efectiva en la ciudadanía europea. Una Unión centrada en los ciudadanos y no en las empresas, menos reglamentista y más operativa, más unificadora y vertebradora y menos competitiva entre sí. Preocupada por las condiciones de vida, los derechos sociales y económicos y donde la seguridad sea un elemento esencial de la pertenencia.

Ello obliga a tener un relato de lo que queremos de la Unión Europea desde España, no tener miedo de asumir una UE de 10, o los que quieran, en lugar de 28. Una Europa que sea unida de verdad y donde los ciudadanos no sean sólo beneficiarios colaterales. En cualquier caso, volver a abrir un camino de esperanza donde el bienestar social y la democracia sea consecuencia de cómo se actúa y no un acontecimiento posible. Esperemos.