LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL REFERÉNDUM BRITÁNICO Y DE LAS ELECCIONES DEL 26J

LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL REFERÉNDUM BRITÁNICO Y DE LAS ELECCIONES DEL 26J

foto domenec

El resultado del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea celebrado el jueves 23 de junio de 2016, en el que ha prevalecido por estrecho margen la opción de salir del club comunitario, ha producido a corto plazo unos efectos económicos nocivos en todo el continente, incluyendo la propia Gran Bretaña.

La noticia causó inmediatamente caídas generalizadas en los mercados de valores de todo el mundo, y en especial las europeas. En España, buena prueba de la fragilidad de la economía, la bolsa de Madrid experimentó el mayor descenso de su historia, un 12,3 por ciento manda menos, y en términos comparativos con el resto de los mercados europeos. También incrementó nuestra prima de riesgo.

Las consecuencias económicas del referéndum para el Reino Unido no han sido mucho mejores. La libra esterlina se ha depreciado un 10 por ciento desde el día del referendo, lo que pone en duda hasta el papel secundario que mantenía esta moneda como divisa de reserva. La bolsa de Londres también sufrió un importante descenso el viernes 14 de junio de 2016, inicialmente un 9 por ciento para cerrar con una caída del 3 por ciento. Pocos días después de la consulta, una agencia de calificación crediticia rebajóla solvencia de la deuda pública británica.

Estos son los efectos a corto plazo, pero el impacto a medio y largo plazo no es muy halagüeño, pues si en efecto el gobierno británico decide, en cumplimiento con el mandato popular, activar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para abandonar las instituciones comunitarias, el Reino Unido se quedará fuera del mercado interior con el regreso de los aranceles, que representa el alrededor del 50 por ciento de su comercio internacional, además de quedarse fuera de la política agrícola común, de la política regional, del Plan de Inversiones para Europa (Plan Juncker), etc.

También, paradójicamente, Gran Bretaña tendría que abandonar la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom), siendo uno de los pocos Estados miembros que mantiene una vocación por el desarrollo de la energía nuclear.

Por las mismas causas, la economía británica tampoco se beneficiaría de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, más conocida por sus siglas en inglés, TTIP, que de aprobarse englobaría solamente a Estados Unidos y a la Unión Europea a 27.

En definitiva, como han venido mostrando multitud de informes y estudios en los meses que han precedido al referéndum británico, la salida de la Unión Europea es un muy mal negocio. Por desgracia, este instrumento de democracia directa es fácilmente manipulable por las fuerzas nacionalistas y xenófobas, que lograron centrar el debate no en la economía sino en la inmigración, aun cuando el Reino Unido se beneficia laboral y demográficamente de la misma, al tiempo que ésta no es como es natural originada solamente en otros Estados miembros de la Unión. Al próximo primer ministro le espera la decisión histórica de cumplir el mandato de la consulta y dañar los intereses económicos, políticos y estratégicos de Gran Bretaña (incluyendo la posible secesión de Escocia e Irlanda del Norte) o bien de ignorar el resultado en aras de preservar la estabilidad y el progreso de la isla.

En cuanto a las elecciones generales celebradas en España el domingo 26 de junio de 2016 ha reforzado a la derecha, la cual carece de un programa económico creíble, sobre todo en materia fiscal y de cambio del modelo productivo. Al mismo tiempo, el electorado español ha cerrado el paso al salto en el vacío que suponía el programa económico de “Unidos Podemos” en cuanto a una expansión del gasto público de 60.000 millones de euros, saltándose a la torera las obligaciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, por no hablar de la tentación latente de abandonar la moneda única, etc., al haberle negado al ansiado “sorpasso” al Partido Socialista liderado por Pedro Sánchez, quien vio todos los órdagos que le lanzó Pablo Manuel Iglesias, incluyendo el de la vuelta a las urnas.

La incógnita que hay que despejar es si Rajoy contará con apoyos suficientes para lograr la investidura si como parece los diputados socialistas votan en su contra, en consonancia con las posiciones defendidas en ambas citas electorales. Si ese no fuera el caso, habrá que ver si partidos como “Ciudadanos” y conglomerados como “Unidos Podemos” optan por bloquear cualquier alternativa a la derecha, tal y como hizo Iglesias Turrión el 2 y 4 de marzo de 2016.