Rafael Simancas

LAS CONQUISTAS DE 37 AÑOS DE DEMOCRACIA ESTÁN EN JUEGO

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La expresión puede resultar dramática, pero no es en absoluto exagerada. Las elecciones del 26 de junio constituyen una encrucijada de alcance histórico para la sociedad española. Las conquistas realizadas durante los 37 últimos años de democracia pueden irse al traste por la hegemonía de una derecha entregada a la cleptomanía y los recortes sociales, y por la alternativa de quienes persiguen la “ruptura con el régimen del 78” y la revolución bolivariana en España.

Puede que muchos jóvenes tengan la falsa conciencia de que la democracia y las libertades de las que disfrutan forman parte consustancial e inveterada de nuestro país. Pero no es así. De hecho, estos 37 años suponen una extraordinaria anomalía histórica en una trayectoria jalonada de desastres patrios. Con todas sus limitaciones e insuficiencias, el “régimen del 78” que algunos descalifican alegremente, constituye el mayor éxito de la historia colectiva de los españoles, y supera en mucho, desde luego, a la alternativa que esos mismos ayudaron a instaurar mediante sus asesoramientos millonarios en la pobre Venezuela de nuestros días.

A pesar de las contrarreformas y los tijeretazos de estos últimos años, en España aún disfrutamos de un Estado de Bienestar envidiado en la mayoría de los países del mundo, con educación obligatoria gratuita, asistencia sanitaria de calidad y casi universal, un sistema de pensiones que asegura a muchos una vejez digna, una mermada pero considerable cobertura al desempleo, un cierto colchón de servicios sociales básicos… La Constitución de 1978, aún pendiente de una puesta a punto, otorga libertades, derechos y democracia en razonable equivalencia con las poblaciones más privilegiadas del mundo a este respecto.

No se trata de dar miedo a nadie, pero la realidad es que nada de esto es irreversible. La reforma laboral de 2012 del PP ya cercenó buena parte de los derechos de los trabajadores sobre su salario y sus condiciones laborales. Los recortes aplicados por Rajoy sobre educación, sanidad y dependencia, agravados en la perspectiva del plan de estabilidad enviado a Bruselas, ponen en riesgo la supervivencia misma de los pilares del Estado de Bienestar. Nadie sabe cómo espera Rajoy pagar las pensiones en un sistema que genera 17.000 millones de déficit anual creciente y una hucha previsiblemente vacía en solo dos años más…

Y quienes vienen empujando con la “nueva política” presentan una hoja de servicios bastante inquietante. Parece molestarles que hablemos de Venezuela, pero siendo nuevos aquí y habiendo constancia de su asesoramiento allí (bien pagado, por cierto), resulta inevitable echar un vistazo a lo logrado con sus consejos. Desabastecimiento de medicinas, racionamiento alimentario, inflación del 275% (2015), la mayor tasa de violencia de América, encarcelamiento de opositores… Que nos perdonen si expresamos cierta preocupación.

Porque, ¿cómo evaluar expectativas con quienes aún no han gobernado? Sus recientes gobiernos “del cambio” en algunos municipios se prodigan en declaraciones altisonantes y escenificaciones aparatosas, en un supuesto “nuevo estilo”, pero no hay ni rastro de mejoras en el empleo, en el acceso a la vivienda, en el combate a la pobreza, en la limpieza, en el tráfico, en la lucha contra la contaminación… La única mejoría palpable se detecta, esto sí, en los entornos de filiación, de familia y de amistad de las “nuevas élites”. Poco más.

¿Acudimos a sus formulaciones teóricas? La más reciente aparece en las resoluciones del XX Congreso del PCE, que forma parte de la coalición Unidos Podemos, a través de Izquierda Unida. En el PCE militan, por ejemplo, Garzón, Monereo, Anguita, Centella… Ahí podemos leer planteamientos tan peregrinos como “romper con la UE y con el euro”, “construir una especie de ALBA (Alianza Bolivariana de los pueblos de América)”, “reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos del Estado”, “desprivatizar la comunicación y la gran distribución de alimentos”… Más que “nuevo” o “transgresor”, resulta viejo e inquietante.

¿De verdad alguien piensa que los españoles resolveremos nuestros problemas y ganaremos bienestar saliendo de la UE y del euro, independizando Cataluña y nacionalizando el Mercadona? Que les pregunten a los caraqueños sobre las enseñanzas de Iglesias, Monedero y Alegre…

Claro que es necesario el cambio. Es muy necesario para consolidar derechos, libertades y bienestar social. Para ganar en igualdad y justicia. Para conquistar nuevos avances de futuro. Cambio sí, pero un cambio a mejor.