LAS CLOACAS DEL SISTEMA: LOS PARAÍSOS FISCALES

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Cuando después de la crisis del petróleo de 1973, los ultraconservadores Tatcher y Reagan pusieron en marcha el ataque más despiadado al Estado de Bienestar utilizaron varios medios para su descrédito: económicamente dijeron que era inviable pues no podría controlar el gasto público y la deuda; socialmente argumentaron que fomentaba “la vagancia” y el aprovechamiento de los trabajadores; políticamente se llenaron la boca hablando de la maltrecha “libertad” a la que el intervencionismo keynesiano anulaba y que era necesario recuperar para dinamizar el mercado, la productividad y el crecimiento.

Mientras, desolada la socialdemocracia al ver que el sistema de bienestar no era perfecto y tenía puntos débiles, fue incapaz de revisar y mejorar, y se dedicó a poner paños calientes buscando “Terceras Vías”.

La izquierda socialdemócrata falló en la pedagogía necesaria para defender el Estado de Bienestar y en su capacidad imaginativa de revisarlo permanentemente. Mientras la derecha más conservadora fue insaciable y devoradora, construyendo toda una arquitectura comunicativa, con dos puntos básicos: la “demonización de la clase trabajadora” como dice Owen Jones, y “el milagro del capitalismo democrático” del que todos podíamos ser parte con pequeñas acciones, con deudas personales, con un consumo ilimitado que fomentó el origen de esta “burbuja” sobre la que se asienta el capitalismo especulativo.

Hoy, en medio de esta crisis, vemos cuáles han sido las “cloacas” del sistema actual.

La mayoría ciudadana es acusada de ser responsable de “vivir por encima de sus posibilidades” y su castigo es “salvar a los bancos” (ahora parece ser que el rescate de Bankia fue del doble de lo que nos han dicho) al tiempo que se aplican medidas austeras eliminando todos aquellos “privilegios” que son aparentemente insostenibles como las pensiones, el derecho al trabajo, la educación universal y gratuita, …, en definitiva, una mínima red de cobertura de justicia social.

Pero, la otra cara de esta crisis la representan los “triunfadores” que han sabido moverse como tiburones dentro de un sistema de cloacas.

El problema actual no es que el sistema de bienestar sea insostenible o tenga fallos o que vivamos en una crisis económica grave (que es un problemón). El verdadero problema es lo que NO vemos: lo que se mueve en otro terreno, claramente antidemocrático e inmoral, que la legislación permite y lo sanciona al mismo tiempo en una clara maniobra de hipocresía política, permitiendo que se gane dinero a costa de actividades delictivas cada vez más lucrativas.

Ya sabemos que todo sistema tiene agujeros, y que, como dice el refranero español, “hecha la ley, hecha la trampa”. El nudo de la cuestión es que probablemente aquí se hizo al contrario: se creó la trampa y luego se legisló para permitirla.

Hemos oído cientos de veces el desagrado que producen los “paraísos fiscales”, pero no hay voluntad política para terminar con ellos, ni siquiera en medio de una crisis económica que está acabando con la vida de muchas personas, que está asfixiando a países completos (como Grecia), y que está maniatando a una generación de jóvenes (como el caso de España). Una vez más, Europa está herida en el corazón de su proyecto: la hipocresía política de los mandatarios europeos que aplican austeridad con una mano mientras con la otra blanquean su dinero es de un hedor insoportable.

La ciudadanía española deberá también reflexionar sobre cuánto está dispuesta a soportar sobre sus espaldas.

En Islandia ha dimitido el primer ministro. En 24 horas. No sabemos si será el único que asuma su responsabilidad. Pero no creo que ese ejemplo cunda en España.

Todavía creo que la anestesia pedagógica que nos proporcionó el franquismo nos ha dejado una huella tan honda que somos incapaces de ser inflexibles contra la corrupción, el engaño, la mentira, la estafa. Aquel “Spain is different” de Manuel Fraga se hace realidad cuando la ciudadanía todavía es capaz de soportar que el Presidente de su Gobierno sea el presidente de un partido que está siendo investigado judicialmente por organización “mafiosa y criminal”.

Como señala Antón Losada en su artículo, “el fraude en España: un trabajo muy profesional”, “la economía oficial se ha multiplicado por dos a lo largo de los últimos cuarenta años pero la economía sumergida se ha multiplicado por tres. El fraude constituye uno de los motores de nuestra economía y un elemento clave para explicar las exitosas cuentas de resultados de muchos triunfadores “a la española”.

No todos tenemos la misma responsabilidad en la crisis que se ha creado en España. Ni mucho menos. No es cierto que la gente trabajadora se haya aprovechado de una situación económica y política hecha a la medida de los que pueden burlar la ley sin tener consecuencias.

Lo que sí seremos responsables es de la impunidad que se aplique a los responsables del engaño.

No será fácil de solucionar porque estas “cloacas” son parte del sistema, las crea el mismo sistema para su supervivencia, por eso son legales, están permitidas, se utiliza la doble vara de medir: por una parte, se abomina de esos paraísos fiscales, mientras que, por otra parte, se crean para tener una financiación oculta para temas a veces innombrables.