LARGO PÉTALO DE MAR

Isabel Allende, Planeta y Janés, 2019

Toda vida es un largo camino, lleno de vicisitudes, que recorre el tiempo hasta su fin. En ocasiones los sucesos se tornan amables y condescendientes, aunque también haya momentos de amargura y desasosiego. Y mientras los exploramos el tic tac de nuestro transitar discurre sin que generalmente seamos conscientes de su fragosidad.

Esta delicada novela de Isabel Allende nos traslada a la Guerra Civil española, a la historia de un joven médico Víctor Dalmau, quién junto a su amiga pianista Roser Bruguera, se exilian en una aventura que les llevará por los pirineos hasta Francia. Son recibidos sin la hospitalidad que esperaban y a bordo del Winnipeg, un navío fletado por el poeta Pablo Neruda, que hizo la hazaña de trasladar a más de dos mil españoles a la bella ciudad chilena de Valparaíso, reinician sus vidas con las heridas que deja tanta y tanta oscuridad, pero con la ilusión de ver el sol.

Allí instalados transcurrirán durante décadas en la calma de un país hermoso y exuberante, a pesar de los inquietantes recuerdos que les acompañan, hasta que el golpe de Estado del General Pinochet les arrojará a guarecer sus vidas en otro destino. Y de nuevo el desarraigo, el recomponerse, el resurgir…, en definitiva, la fuerza de la vida que puede con todo, como cuando paseamos y vemos humildes florecillas nacer del cemento. Pero Víctor y Roser deciden arriesgar y, aun a sabiendas de los peligros, retoman el ayer. Un ayer que se vuelve contra ellos, les golpea con la crueldad de la que hacen gala los malvados de corazón, más con la ayuda del papel que juegan en las relaciones humanas los intereses, en ocasiones congratulados con reconocimientos de porcelana, disponen en la pareja un final de quietud y del disfrute de la madurez de su amor.

Para la autora “si uno vive lo suficiente, todos los círculos se cierran”, acaban encajando el pasado y el presente, de forma que cuando el fin acecha y se hace un repaso de la existencia, desenmascarando lo anhelado, sin resquemores, ni reproches, se reconoce en las palabras del bello poema de Neruda Ayer la esencia del todo. Un todo que colma de bienestar para iniciar el más largo viaje:

“La próxima vez que regrese con mi caballo por el tiempo/voy a disponerme a cazar debidamente agazapado/todo lo que corra o que vuele: a inspeccionarlo previamente/si está Inventado o no inventado, descubierto/o no descubierto: no se escapará de mi red ningún planeta venidero”.