LA VIEJA POLÍTICA DE LOS NUEVOS PARTIDOS

Entre los tópicos que se difunden en la política española, tiene mucha aceptación la idea de que los partidos emergentes (Podemos y sus aliados más Ciudadanos) hacen la política “de otra manera”, es decir, hacen política más honrada, más transparente, menos engañosa que los “viejos” partidos (Partido Popular y PSOE). En realidad, más que un tópico es una consigna que difunden los “nuevos” cuyos dirigentes (especialmente los de Podemos) no se cansan de contraponer “nuevos” y “viejos”. Luego aparece detrás la realidad y nos muestra que los “nuevos” tienen las mismas prácticas y las mismas ideas que los “viejos”, como se ha visto en Podemos que no es que imite a los partidos “viejos” sino que imita a los partidos prehistóricos ya que imita a los partidos comunistas en el culto a la personalidad, monolitismo, purgas, empleo de la langue de bois, etc.

El ejemplo más reciente de cómo los “nuevos” partidos adoptan los peores vicios de los “viejos es el grupo denominado “Barcelona en Comú”. Sin entrar en la no muy brillante gestión del Municipio de Barcelona (que no se libra de las huelgas de los transportes públicos como si gobernara la derecha más intransigente), la forma de tratar la celebración del anunciado referéndum es un ejemplo de la peor política partidista. Y digo forma, y no sustancia, porque Barcelona en Comú es muy libre de aceptar o rechazar el referéndum ilegal que pretende celebrar Puigdemont.

Ante la inminencia de la convocatoria del referéndum, Barcelona en Comú ha acordado calificar el referéndum ilegal como un proceso de participación, que apoyan en protesta contra la política del Gobierno y del Partido Popular. Pero en contra del Gobierno de Puigdemont y de los partidos declaradamente secesionistas, Barcelona en Comú no lo considera un referéndum que abriría el camino, en caso de triunfar el “sí”, a la proclamación de la independencia. Para rematar la operación, al día siguiente la Alcaldesa Colau añadió otros dos datos, a saber, que ella misma iría a votar y que pondría al Ayuntamiento de Barcelona al servicio del no-referéndum. Hasta aquí los datos.

No voy a juzgar la opción política elegida por Colau y por su partido, sino el porqué de esa opción. Barcelona en Comú ha elegido una respuesta tan ambigua, porque entre sus bases -y quizá entre sus electores- hay independentistas y no independistas, partidarios del inaprensible “derecho a decidir” y personas que no cuestionan el modelo autonómico. Ante ese universo tan diverso, Colau y su partido han optado por una propuesta ambigua. Y ahí aparece la “vieja” política, porque un tópico heredado del franquismo (la anécdota posiblemente apócrifa dice que el dictador recomendaba a sus Ministros no meterse en política como él decía que hacía) sostiene que la política es el campo del engaño y de la ocultación de le verdad. Y los “nuevos” partidos y la “nueva” política, basada en sólidos fundamentos éticos, no puede contribuir al engaño de los ciudadanos.

¿Y qué encontramos en la posición de Barcelona en Comú? Un acto éticamente deshonesto, en el que un partido que gobierna la segunda ciudad de España no se atreve a exponer claramente su postura por miedo a perder apoyos. ¿Y esa es la “nueva” política? Ya lo hacía así Romanones…