LA UTILIZACIÓN ABUSIVA DE LA SEMANA SANTA

Las derechas españolas, al menos desde el Padre Alvarado, el Filósofo Rancio, se han servido de la religión para legitimar su poder, a pesar de que la modernidad pretendía situar a la religión en el ámbito privado de las convicciones libremente asumidas. Por eso llama la atención que la celebración de la Semana Santa sirva todavía para hacer una reafirmación de la religión católica en detrimento del carácter aconfesional del Estado y del principio de libertad ideológica, religiosa y de culto que garantiza el artículo 16 de la Constitución. Tres hechos ocurridos durante la Semana Santa muestran que los partidarios del Estado laico no pueden bajar la guardia porque en cuanto se relaja la atención aparecen los fantasmas que tratan de situarnos otra vez en el campo de la hegemonía ideológica del nacional-catolicismo. No estoy seguro de que estos hechos sean satisfactorios para la propia Iglesia Católica española, pero tampoco hay indicios de que ésta haya mostrado incomodidad por la posición privilegiada que se desprende de los hechos que vamos a ver a continuación.

El primer hecho a resaltar es el Real Decreto 384/2017, de 8 de abril, por el que se declara a la Semana Santa Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (B.O.E., núm. 86, de 11 de Abril de 2017). Es evidente que la Semana Santa española se inscribe cada vez más en el ámbito cultural y antropológico pero no por eso deja de ser una celebración religiosa de la Iglesia Católica que sigue actuando como si la religión católica fuera la única y verdadera. Por eso, sin olvidar esa dimensión cultural y antropológica el Estado aconfesional debe ser muy cuidadoso a la hora de tratar esta manifestación cultural. El Real Decreto 384/2017, de 8 de abril, ha ido acompañado de otros dos Reales Decretos por los que también se declara Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial el carnaval y la trashumancia pero ha sido aprobado en el Consejo de Ministros celebrado en el llamado “viernes de dolores” y publicado el marte santo. Podría haberse aprobado y publicado en el carnaval pero mira por donde ha tenido que coincidir con la Semana Santa. Además, el artículo segundo del acto administrativo afirma explícitamente:

“La Semana Santa conmemoración de la Pasión [sic, con mayúscula], muerte y resurrección de Jesucristo”.

Si el Decreto hubiera sido elevado al Consejo de Ministros por los Ministros Ibáñez Martín o Lora Tamayo, no sería muy distinto. Pero un acto administrativo no puede utilizar un lenguaje que parece sacado de un catecismo de un texto religioso y por ello es inadecuado en el Estado no confesional que debe mostrar su relativismo en materia de convicciones.

El segundo hecho a señalar ha sido más comentado en los medios de comunicación, e incluso parece que va a dar lugar a una iniciativa del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso. Se trata de la Instrucción del Ministerio de Defensa ordenando que las banderas del Ministerio ondeen a media asta para expresar su pesar por la muerte de Jesucristo. No sé por dónde discurrirá la intervención parlamentaria del Grupo Socialista pero el hecho es bastante grave porque vulnera la no confesionalidad del Estado pues este Estado ha de ser neutral ante los sentimientos religiosos o no religiosos de todos los ciudadanos. ¿Cuántos militares (especialmente de tropa y marinería) son musulmanes, evangélicos, agnósticos o ateos? ¿Es misión del Estado aconfesional poner sus símbolos (como la bandera) para propagar una determinada religión o considerarla que es la del propio Estado?

Si la libertad religiosa es un derecho de los miembros de las Fuerzas Armadas, como proclama el artículo 9º de la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas, difícilmente se respeta este derecho si los símbolos de las Fuerzas Armadas, en su totalidad, sirven de expresión (y de propaganda) de una determinada religión.

El tema es tanto más grave cuanto que la Ministra de Defensa es también Secretaria General del partido que apoya al Gobierno por lo que el gesto de la señora Cospedal también compromete a todo el Partido Popular una de cuyas máximas dirigentes aplica una visión preconstitucional de la libertad religiosa.

Finalmente, para que sigamos actuando como si viviéramos en un Estado confesional, hemos vuelto a ver el espectáculo de la Familia Real (salvo el Rey Juan Carlos) acudir a oír misa a la catedral de Palma, donde se fotografían con el Obispo y se publica en primera plana de ABC. Los Reyes tienen derecho a la libertad religiosa, lo que comporta acudir a las manifestaciones de sus creencias pero lo han hecho en un acto público (aunque no oficial) que conlleva un gran gesto propagandístico en favor de una determinada religión. Los Reyes, al acudir a un acto público (y bien publicado por la prensa conservadora), no han guardado la necesaria neutralidad que es obligada en el Jefe del Estado aconfesional. El Rey está en su derecho de asistir a los actos de su religión pero como Jefe de Estado de españoles de todas las religiones (y de quienes no tienen ninguna religión) no se puede hacer fotografiar como si fuera su bisabuelo que consagró España al sagrado corazón de Jesús.

En contra de lo que pudiera creerse, estos excesos de religiosidad por parte del Estado no benefician a la Iglesia Católica cuya imagen vuelve a ser la de la alianza del Altar y del Trono. Pero sobre todo, se conculca la Constitución que ampara la libertad ideológica y religiosa, sin privilegios para ninguna confesión.