LA ULTRADERECHA EXHIBE MÚSCULO

En Enero del 2011, hace tan solo 7 años, que Marie le Pen se alzó como presidenta y candidata de su partido. Desde entonces, y a una velocidad exponencial y vertiginosa, la ultraderecha europea no ha parado de crecer.

Marie Le Pen se ha presentado a dos elecciones presidenciales; las últimas fueron en 2017, que las ganó Macron, a fuerza de agruparse todos “contra la marea de la ultraderecha francesa”.

Así ha ocurrido también en Holanda, cuyo partido ultra, que proclama la “supremacía blanca”, se ha quedado el segundo en el parlamento. Grecia también tiene su extrema derecha, Amanecer Dorado. En Alemania, se ha visto resurgir manifestaciones xenófobas en la calle, plantándole cara a la misma Angela Merkel; en Hungría, está en el gobierno, poniendo entre las cuerdas a la Unión Europea; en Italia, la encarnación de los ultras es el propio ministro de Interior, Matteo Salvini; en Suecia, el ejemplo del bienestar y la cuna de la socialdemocracia, la ultraderecha se convierte en la tercera fuera, teniendo en sus escaños la llave del gobierno.

Este es el preocupante mapa de la ultraderecha en Europa, que asciende sin descanso.

Y, siguiendo la senda, animados por los resultados, en España tenemos nuestra propia ultraderecha, el partido Vox, que hasta ahora estaba subsumida dentro del PP, pero que hoy se ven con fuerza suficiente como para hacer actos públicos en Vistalegre, y reclamar su propio espacio, más allá de la derecha que puedan representar Casado y/o Rivera.

Todo este movimiento europeo de la ultraderecha está viéndose engrandecido por la actitud de Donald Trump, y su “American first”.

De la misma forma que, en otros países, como Brasil, se espera con preocupación la segunda vuelta de las presidenciales, después de confirmar el meteórico ascenso del xenófobo, machista, y racista Jair Bolsonaro, un nostálgico defensor de la dictadura de Brasil, y que ha conseguido un 46% de los votos en la primera vuelta.

Muchos son los factores que se unen en este cocktail explosivo que nos pone los pelos de punta, pero todos se resumen en miedo. Cuando la gente tiene miedo a perder, miedo a los de fuera, miedo a la crisis, miedo a la globalización, miedo…., su instinto de protección y supervivencia le hace egoísta, y siempre hay quienes encabezan los instintos más bajos de los seres humanos.

Aún viven víctimas del holocausto nazi, aún no se han rendido cuentas ante la justicia de muchas de las más sangrientas dictaduras de Latinoamérica, por no hablar de la nuestra propia, la dictadura de Franco, cuando resurgen los huevos de la serpiente, con los mismos discursos y el mismo odio.

Mucha preocupación para tiempos de incertidumbre y turbulencias.