LA ÚLTIMA “NOCHE S” DE MADRID

El pasado 12 de diciembre tuvo lugar en la ciudad de Madrid el X Recuento de personas sin hogar (el primero se celebró en el año 2006, siendo pionero en nuestro país), organizado por el Ayuntamiento de Madrid, bajo la dirección de tres reputados especialistas en esta problemática humana y social, profesores de diversas universidades madrileñas.

En la literatura norteamericana se conocen como “Noches S” (S-Night, Street-Night o Survey-Night), y consisten en estimar el número de personas “sin hogar” que en una noche concreta viven en las calles. En Madrid, complementariamente, se ha contabilizado a lo largo de diversos recuentos a aquellos que pernoctaban en los recursos sociales especializados (centros de acogida, albergues, pensiones, pisos…).

Su objetivo es cuantificar tanto a las personas en situación de sin hogar “ocultas”, estrictamente “de calle”, o literalmente sin techo, como a los que utilizan la red asistencial específica. Con estas experiencias se intenta implicar a la propia ciudadanía en el problema y es un modelo de investigación social y ciudadana útil para incrementar el conocimiento y la información sobre este hecho social, movilizar a los diferentes actores que operan sobre el terreno, sensibilizar a la opinión pública y contribuir a desarrollar y consolidar las redes sociales e institucionales que luchan contra el sinhogarismo en España. Por otro lado, permite hacer un diagnóstico y seguimiento de su evolución a lo largo del tiempo y es un espacio privilegiado para la intervención política y social.

Los nueve recuentos realizados hasta la fecha en Madrid han sido posiblemente de los ejercicios de ciudadanía de mayor alcance en la capital. En el recuento de diciembre pasado se inscribieron cerca de 763 voluntarios y 467 participaron. Fueron en su mayor parte mujeres (70,8%), personas de mediana edad (con una edad media de 38,58 años, si bien el 10,4% eran menores de 21 años y el 12,1% personas con edades superiores a los 61 años), en gran medida se encontraban trabajando (40,9%) y un 42,2% colaboraba con alguna entidad social que brinda apoyo a esta población.

Consignar que se ha producido, respecto al recuento del año 20016 un aumento, con las matizaciones que mostraremos a continuación. Frente a 2016 en donde fueron localizadas 2.059 personas, en 2018 se revelaron 2.772 (650 en la calle, 1.250 en centros de acogida y albergues, 683 en pisos y 234 en centros de inmigrantes). Ello puede explicarse si recordamos que en diciembre de 2016 llovió y se tornó más difícil encontrarles por parte del voluntariado y, fundamentalmente, porque el número de personas atendidas en programas de realojamiento se ha incrementado en estos años en un 41,17%.

Por otro lado, es reseñable que se registre una presencia de mujeres que se ha ido manteniendo desde mediados de la década pasada en torno al 11%-13%. En la literatura especializada se sostiene que el fenómeno del sinhogarismo es mayoritariamente masculino, si bien habría que valorar que las mujeres son más vulnerables en la calle, lo cual hace que no se muestren tan visibles, al tiempo que los dispositivos específicos, por razones históricas, estén pensados para los varones y, consecuentemente, algunas se inhiban a la hora de acudir.

La edad media de las personas ascendió a 47,1 años, si bien con la presencia de un 7,2% de personas entre 20 y 29 años. Se confirma una presencia significada de “solitarios” (74%), sumando a los solteros, separados, divorciados y viudos que fueron contactadas por los voluntarios esa noche. La soledad es uno de los denominadores comunes entre las personas que han hecho de la calle su espacio de vida, así las cosas, el 36,9% pasaban habitualmente la mayor parte del día solo o, en su caso, con otras personas en sus mismas circunstancias (25%).

Se trata de una realidad integrada, en su mayor parte, por extranjeros (61,1%) básicamente de Rumanía, Bulgaría y Perú. El 41% residía en su casa entes de llegar a la calle, resultando la falta de trabajo (56,1%) seguido de la falta de dinero (26,3%) y el ser inmigrantes (22,2%) los motivos que les llevaron a su situación. Subrayar que el 76,3% declaró no realizar ningún tipo de trabajo, del 23,7% que si trabajaban tan sólo el 8% manifestó que disponía de contrato y el 72,4% no estaba apuntado en el SEPE. Destacan por encima de otras actividades laborales que desarrollan la venta de chatarra y, en general, la venta ambulante y trabajos esporádicos de ínfima calidad.

Indicativo es que se trate de un sector social victimizado, no en vano durante el tiempo que llevan viviendo en la calle el 55,1% consignó que había sido víctima de algún delito (robo, agresión, agresión sexual…) por parte de otras personas ajenas a la calle  (77,4%), resultando alarmante que el 69,6% no denuncié a la policía tales hechos o que padeciendo como lo hacen patologías de salud (53%) el 68,1% no tome medicación y que el 41,9% no disponga de tarjeta sanitaria.

Subrayar que el 43,5% de los entrevistados declaró que su principal fuente de ingresos era la mendicidad (un porcentaje que ha ido incrementándose año a año en los recuentos). Unas cifras que permiten plantear la hipótesis de que en tiempos de crisis económica se acentúa una modalidad de solidaridad de proximidad. Una solidaridad, desde luego bienintencionada de ciudadanos a pie, que ante el progresivo aumento de la exclusión social deciden acercarse a los que se desenvuelven en los límites de la misma ofreciéndoles lo que está en sus manos: unas monedas para pasar el día. Esta perspectiva de solidaridad de proximidad tiene el peligro de contribuir hacia la vuelta del paradigma de la beneficencia/caridad, propia de otros momentos históricos.

Por último, es relevante que ante la pregunta de ¿en qué medida se siente usted formando parte de la sociedad madrileña? formulada en relación a su autoposicionamiento en una escala del 1 al 10 (siendo 1 nada integrado y 10 totalmente integrado) el promedio de las respuestas se situó en un 6 (lo cual es, en principio, llamativo y merecería un estudio particularizado, así como también las recientes acampadas en varias ciudades españolas frente a organismos públicos de personas en situación de “sin hogar”) ). En concreto, un 14% se posicionó en el 0, el 9,7% entre 1 y 2, el 15,1% entre el 3 y 4, el 12,9% en un 5, el 12,6% entre un 6 y 7 y el 9,7% entre el 8 y el 9. Es ilustrativo que sean los que se encuentran alojados en pisos los que en mayor grado se sienten integrados con una puntuación media de 7,2, le siguen los que residen en centros de acogida y albergues (6,5) y, por último, los que viven literalmente en la calle (5,2), lo cual pone sobre la mesa cómo y en qué medida las vivencias más extremas llevan de sí una percepción más negativa sobre su inclusión en ésta nuestra sociedad y  nos alertan sobre cuál es el camino a seguir a la hora de abordar esta realidad tan compleja y que ocasiona el mayor de los sufrimientos humanos: el del alma.