LA SOCIALDEMOCRACIA Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

En 2015, el acuerdo de París contra el cambio climático planteó el objetivo de contener el aumento de temperatura en dos grados con respecto a los niveles preindustriales. Pero en 2019 sabemos que las emisiones y las temperaturas están en la actualidad en niveles récord y que los fenómenos meteorológicos extremos, como el huracán Dorian, son y serán cada vez más frecuentes.

El 23 de septiembre se ha celebrado en Nueva York la Cumbre de la ONU sobre acción climática para buscar soluciones a la crisis climática y proteger el planeta.

En estos días, asistimos a una enorme movilización escolar de cientos de miles de estudiantes que demandan medidas eficaces para hacer frente a los efectos del cambio climático: París, Bruselas, Dinamarca, Finlandia, Londres, Washington, Johannesburgo, Sidney o São Paulo, han sido testigos de estas masivas manifestaciones.

Hay programados más de 5.000 actos en 156 países que culminarán el viernes 27 de septiembre con una huelga mundial a la que esta vez no se sumarán solo estudiantes: la protesta está respaldada por miles de asociaciones de la sociedad civil.

Todo esto coincide con anuncios como los realizados por el Gobierno alemán que va realizar una primera inversión de, al menos, 54.000 millones de euros para acercarse a los objetivos de control de los efectos del cambio climático o por el Gobierno de Pedro Sánchez que se propone alcanzar la neutralidad de carbono en España para 2050 de una forma efectiva y económicamente rentable centrándose en la promoción de energías renovables y creando 364.000 empleos entre 2021 y 2030.

Las intervenciones de otros líderes en el marco de la cumbre de la ONU, en estos días, también apunta hacia el desarrollo de medidas encaminadas a conseguir una economía verde, si bien es cierto que la falta de compromiso de los responsables políticos de EEUU, China o Brasil (por citar algunos relevantes), hace que no se pueda ser todo lo optimista que se debiera.

Lo que es cierto es que esta situación y este debate pone de manifiesto varios elementos que deben llevar a la reflexión y al análisis.

Por una parte, que quizás asistamos en los próximos años a una redefinición de los objetivos tanto en su alcance cualitativo como en los tiempos para hacerlos realidad. Si esto fuera necesario, conviene justificarlo bien para no generar frustración de manera innecesaria.

Por otra parte, conviene señalar que es tremendamente llamativo que sean las generaciones más jóvenes las que estén abanderando los movimientos reivindicativos y las exigencias de cambio ante los líderes políticos a nivel global. Es positivo y genera expectativas optimistas comprobar el gran compromiso que expresan las nuevas generaciones frente al cambio climático. Parece que incluso surge una figura icónica: la de Greta Thunberg, que es una activista sueca que ha contribuido a aumentar la conciencia mundial frente a las consecuencias del cambio climático y que, quizás de una forma sobreactuada, ha protagonizado también la actualidad de la cumbre de la ONU en Nueva York.

Por otra parte, creo que conviene mirar estos movimientos con mucha atención desde la socialdemocracia el enorme potencial que tienen para renovar y revitalizar el proyecto social de cambio; algo que debe defenderse y desarrollarse desde la posición que se ocupe en cada momento y lugar. La izquierda o es defensora e impulsora de una economía verde o no es la izquierda necesaria.

Y es que, además, las inversiones y las medidas de fomento de una economía verde abren la puerta a un nuevo modelo productivo y a una sociedad que puede ser más justa e igualitaria. La contribución de la economía verde al bienestar social es de un enorme potencial.

Ahora bien, está en manos de la socialdemocracia y en su propia responsabilidad con la sociedad, articular medidas viables y factibles. El cambio en las políticas ambientales y en los modos de vida para una economía verde que cumpla con los objetivos de la ONU debe considerar compensaciones a sectores industriales que tendrán que cambiar sus modos de producción y sus formas de trabajar.

Habrá que valorar el impacto en los empleos para mitigar sus consecuencias. Habrá que facilitar los cambios en las estrategias económicas y de financiación de los nuevos modos de producción. Habrá que valorar ayudas fiscales y también, nuevas formas impositivas. Y habrá que hacerlo cuidando que el bienestar social, no sólo no se afecte, sino que pueda ir a mejor; creo que está es una tarea y una responsabilidad de la socialdemocracia.

Por eso, hay que trabajar contando con los imputs que desde el conocimiento experto sean imprescindibles para acertar en todos estos cambios. Un gran desafío.