LA RESPONSABILIDAD DE CIUDADANOS

El asunto Cifuentes ha entrado en una fase de un cierto estancamiento, mientras avanzan las investigaciones en la Universidad Rey Juan Carlos y en la fiscalía del caso. Mi impresión es que el enrocamiento de la protagonista y el apoyo público que ha recibido del Partido Popular en la Convención de Sevilla, van a ser ambos flor de un día. No dejan de sorprender estos apoyos cerrados que se convierten después, de la noche a la mañana, en una lacónica frase del tipo “ese señor del que usted me habla”. Ha pasado con Bárcenas, con Matas, con Mato, con Camps, con el Presidente de Murcia, y las previsiones son que volverá a pasar con Cifuentes, pues cada día aparece un nuevo dato, aún más estremecedor que los anteriores. Ahora está confirmado que no hubo ni Trabajo Fin de Máster, ni acto de presentación, ni acta de la nota. La única acta existente es falsa y fue elaborada, bajo las presiones del Director del Máster, el mismo día en que salió a la luz la noticia.

El estancamiento lo ha provocado la actitud de Ciudadanos. Después de repetir hasta la saciedad, tanto su líder regional como el nacional, que el caso olía muy mal, que la protagonista debía despejar todas las dudas, que no era creíble, y muchas otras afirmaciones en esta línea, deciden darle un balón de oxígeno de varios meses, supuestamente para “averiguar toda la verdad” en una Comisión de Investigación parlamentaria. Y se niegan a apoyar la moción de censura presentada por el PSOE y secundada por Podemos.

Afortunadamente, la ciudadanía se deja engañar cada vez menos por estas cortinas de humo. La verdad se puede investigar perfectamente con la señora Cifuentes fuera del gobierno, porque lo que está en juego es la dignidad de los madrileños y de sus instituciones. La protagonista tuvo ocasión de explicarse en sede parlamentaria. Pudo elegir entre despejar todas las dudas y contradicciones que se habían conocido hasta ese momento, o bien dimitir para poder defenderse de las acusaciones, sin arrastrar tras ella a la institución que representa. No eligió ni lo uno ni lo otro; eligió lo que ya es una tradición en los que son cogidos en falta en el PP: negarlo todo, no aclarar nada y echarle la culpa a los demás, en este caso a la universidad pública que le dio el título. En consecuencia, es culpable políticamente, al margen de que más adelante se dilucide su posible culpabilidad penal. No puede seguir gobernando con esa sombra cerniéndose sobre su honorabilidad. Los madrileños no nos lo merecemos. Al igual que lo merecen todos los ciudadanos de cualquier país democrático, nos merecemos tener gobernantes sin sombra alguna.

Todo esto lo sabe Ciudadanos, pero parece que han primado otros cálculos. Parece interesarles más tener una Presidenta en la UVI, para forzar un mayor desgaste de los populares, y a la vez no enemistarse con su electorado, con el cálculo de absorber el mayor número posible de sus votantes. Todas estas tácticas electorales estarían muy bien si no hubiera nadie que pagara un precio por ellas. Y el precio lo pagamos los madrileños y es muy alto: condenarnos a soportar que nos gobierne una Presidenta presuntamente corrupta hasta las próximas elecciones.

No se puede vender un discurso y mirar para otro lado cuando llega el momento de ser coherentes con él. Las acusaciones al PSOE y a Podemos sobre su ansia por repartirse sillones no son más que “tácticas de cefalópodo”, ya conocidas y que he comentado en alguna otra ocasión. Seguro que es posible pactar un gobierno y un programa transitorios para el año que falta para las elecciones. El fin perseguido -preservar la dignidad del gobierno- está por encima de otras consideraciones, y estos dos partidos han dado ya signos de que sería posible tal acuerdo.

Por tanto, la responsabilidad de lo que suceda estará en Ciudadanos. Una actitud más decidida por su parte nos ahorraría el escándalo que estamos viviendo todos los días. Deberían tal vez considerar que también a sus potenciales votantes puede incomodarles la falta de coherencia que manifiestan y el tacticismo electoral del que están haciendo gala.