LA RESACA Y LA TEMPESTAD

ruperez191115

Los atentados de Paris están generando a un tiempo resaca y tempestad en la vida y la política de Occidente, Francia en particular sufre su turno. Por ahora no resulta fácil distinguir entre uno y otro fenómeno que se complementan, por la misma indignación generalizada que producen atentados tan crueles como indeterminados, contra gente que pasaba por allí y todo lo que se mueva el viernes pasado en Paris, cualquier día, en cualquier lugar, contra cualquiera de nosotros, a manos de asesinos que nunca tuvimos la desgracia de conocer. Francia y los países europeos han comenzado tratando esa resaca que crea el horror, reforzando sus sistema de seguridad, protección y prevención, ejerciendo ese derecho a la defensa cuya insuficiencia los yihadistas en Paris, antes en otros lugares, han evidenciado.

Protegerse es por tanto la primera prueba al sufrir la barbarie. Previsible, pues actúa sobre una sociedad a partir de ahora más desconfiada y atenta, con gentes que con mayor frecuencia miran hacia los lados imaginando sospechosos en la proximidad, especialmente entre los que tienen perfiles raciales determinados, hablan árabe, son chicas con el vuelo puesto y sus nombres, Leila, Mohammed, Ahmed, etc., todo ello les hace distinguirse para mal, sus nombres, apellidos y lenguaje no son lejanos a nuestros peores recuerdos. Ciertamente no todos los árabes son terroristas, ni muchísimo menos, pero son los terroristas árabes quienes más ruido hacen y más dolor causan en Occidente; no todos los árabes son terroristas pero todos los terroristas son árabes.

Es tan fácil como injusto identificar la parte como el todo que por lo que ha ocurrido, un suceso en que otra vez el terrorista no preguntaba a la víctima antes de asesinarla, y en que policías y ciudadanos musulmanes y árabes otra vez han prestado su ayuda contra los yihadistas. Tan grave pero inevitable equivocación entre la parte y el todo, porque en absoluto los musulmanes y los árabes son en su totalidad asesinos yihadistas, puede sin embargo generar una deriva xenófoba y racista aprovechada por todo lo que sea conservador, populista y de la extrema derecha, en realidad aprovechada por un porcentaje elevadísimo de ciudadanos con miedo; una resaca política y social que de manera lamentable alimentará el caudal del miedo, la inseguridad y la radicalización generalizada. Todos los ciudadanos y todos los árabes, con independencia de haber caído unos como víctimas y de haber actuado otros como asesinos, son en último término los perjudicados.

Los musulmanes y los árabes de la segunda generación en Europa son menos queridos que nunca pese a que reciban muestras públicas de solidaridad y condescendencia, en realidad orientadas de manera un tanto superficial, patriotera y vergonzosa a señalarles que se les perdona pese a la criminalidad de sus hermanos y primos, pero que se anden con cuidado de ahora en adelante con los vecinos y las autoridades europeas del todo, gentes de bien y de orden. Nunca perderán esa mancha de sospecha pese a que se comporten como buenos ciudadanos. Nunca se insistirá bastante en el inmenso perjuicio arrojado por los yihadistas criminales sobre la integración, la reputación y la vida normal en suma de los otros, un oprobio persistente que resiste cualquier tintorería política o social en contra de los asesinos que comparten raza y religión. Son pacíficos e intentan ganarse la vida honradamente. Pero ¿estamos ante un nuevo caso de culpabilidad colectiva? ¿Se puede repartir la culpa de los asesinos yihadistas en toda la comunidad de árabes y musulmanes que residen en Europa? Vuelve la estéril discusión sobre si el Islam es o no una religión de paz.

EL RECURSO A LA RESPUESTA RÁPIDA

La resaca parece hasta ahora ser más sólida y socorrida que la tempestad que ya comienza a fraguarse, en reacciones expeditivas especialmente procedentes de Francia, contra el origen de todos estos males, localizado en los territorios del DAESH en Siria e Iraq. Sería preciso contar hasta diez antes de responder de manera tan taxativa, no lo ha hecho el Presidente Hollande al atacar, como tampoco lo habría hecho el Presidente Bush El Jóven al atacar a Iraq en Marzo de 2003. En cambio, sí parecen contar hasta diez los reunidos en Viena, en dos sesiones no se han puesto del todo de acuerdo sobre qué hacer, la posición de Bashr Al Assad, el DAESH, etc.

Es decir, persisten dudas sobre quién es el enemigo principal y dónde está el objetivo a conseguir, las prioridades, así como sobre el polémico tema de la utilización o no de las tropas sobre el terreno. Los atentados de París han recordado, además de la avalancha migratoria que afluye desde Oriente Medio a Europa y el libre tránsito de las fronteras franceses y europeas en general, que la guerra civil en Siria es una fuente de conflictos múltiples y disparatados, que dura ya más de cinco años, ha provocado 13,5 millones de desplazados y 4,2 millones de refugiados. Pese a la guerra civil siria, conectada con la ofensiva yihadista y la crisis migratoria, que unifica y multiplica conflictos cada uno de difícil tratamiento, no ha registrado un mínimo común denominador al respecto, enemigos y objetivos no necesariamente coinciden.

Pese a sus efectos, que se generalizan y se hacen difícilmente predecibles, las grandes potencias siguen deshojando la margarita, observando el conflicto con una respuesta de mínimos, al menos hasta los atentados de Paris y la decidida respuesta francesa, reacias aún a adoptar medidas drásticas, como resignadas a soportar actuaciones terroristas relacionadas con un campo de batalla capaz de generar violencia incontenible en todas direcciones. Resta saber, cuando la conmoción producida con la resaca de auto protección en consecuencia y la tempestad en formación, si lo que se hace y no se está haciendo conducirán en definitiva a una sociedad europea y occidental más segura y un Oriente Medio en Paz.

Todo llevará su tiempo, las aguas del dolor y el miedo, de la indignación y la inseguridad tardarán en bajar de nivel, como se desprende de las operaciones de ayer en Saint Denis, París. Además no es excluible, en modo alguno, el rearme y la reagrupación de los asesinos dispuestos a cometer la próxima hazaña sangrienta y cruel. Pero en tal circunstancia todo y todos ayudan, siendo especialmente valiosos los actores que se mueven con precisión y frialdad, midiendo los pasos que dan e impidiendo a fin de cuentas que la resaca de la respuesta rápida se prolongue y que la tempestad genere eventualmente más perjuicios de los que se pretendían evitar, con actuaciones solo en apariencia contundentes y definitivas. Sin prisa pero sin pausa tal vez será preferible.