LA RECONSTRUCIÓN DEL SOCIALISMO ESPAÑOL TIENE SUS CONDICIONES

La crisis del socialismo español no se inicia con los sucesos de las últimas semanas, tampoco con los resultados electorales. Es consecuencia directa dediferentes factores sucedidos en la última década, mal analizados, peor diagnosticados y pésimamente gestionados por los sucesivos dirigentes socialistas.

El origen de la crisis de la Socialdemocracia europea viene de no saber adecuar discurso y respuesta programática a los paradigmas surgidos de la globalización. Por ello, ante la crisis económica mundial, se subió al carro de soluciones liberales, difuminando su identidad como fuerza política de la mayoría, asalariados, trabajadores, clases medias urbanas, jóvenes, etc. El objetivo ha sido reiteradamente las siguientes elecciones y no renovar y fortalecer su compromiso con la ciudadanía. Hay que preguntarse si la socialdemocracia sigue siendo una herramienta para mejorar la vida de los ciudadanos o es un partido más de la oferta.

El PSOE ha agudizado su desencuentro con la sociedad: No adaptando su modelo de partido a una sociedad en profundo cambio y transformación, potenciado, por las nuevas tecnologías; apostandopor una militancia de pertenencia y no ensanchando los cauces de participación, cerrándose en sí mismo, sin capacidad de generar puentes de relación con la comunidad que aspira a representar, una sociedad con nuevas identidades y demandas. Ha perdido su carácter vertebrador de una realidad territorial rica y plural, dando lugar a una agregación de intereses politicos locales, sin ganar envergadura territorial frente a nacionalismos y regionalismos, sin capacidad de generar un discurso plural en un proyecto nacional y europeo, aflorando en sus dirigentes tics de un rancio nacionalismo español impropio de la cultura política socialista.

El PSOE lleva veinte años sin proyecto propio de país. El estrepitoso fracaso electoral de 2011, le dejó la marca de parecer responsable de una profunda crisis económica y un gran malestar en la ciudadanía manifestado en las calles. Fue el inicio de un cambio de percepción de la política y las políticas que el PSOE no ha sabido ni interpretar, ni ofrecer una alternativa mayoritaria. El declive del socialismo español tiene muchas causas y muchos responsables, sería patético asignar ahora culpabilidades.

Los dirigentes socialistas actuales han desaprovechado la oportunidad de ser protagonistas para encontrar la solución de gobernabilidad y lo único que queda es que han estado en guerras de poder interno. Ahora bien, una cosa es perder el presente y quizás el futuro, pero no pueden sacrificar también el pasado, pues ese no le pertenece a los actuales dirigentes. En todo caso, es un sinsentido democrático que otras fuerzas políticas, económicas y de comunicación consideren una victoria la posible irrelevancia futura del PSOE. Por el bien de España la tarea es recobrar la identidad perdida y reconstruir el Partido Socialista, sin embargo esto no es un menú a la carta en el que cualquiera puede elegir un plato, tiene una serie de condiciones.

Los militantes, simpatizantes y votantes socialistas han de ser más coherentes que los dirigentes, no convertir todo en falsos debates y una división entre vencedores y vencidos. Sobran patriotas de partido haciendo trascendentalismo de lo que son conflictos de intereses e incapacidades de gestión desde hace mucho tiempo, no puede parecer que la historia empezó ayer, eso sí es “podemizarse”.

Utilizar la disciplina reglamentaria no va a legitimar liderazgos, sólo conseguirán avanzar hacia el ostracismo, aislamiento e insignificancia. Si además esa se proyecta sobre el PSC será decir adiós al mejor puente para acometer el “tema catalán” que tienen los socialistas y quizás los españoles. La única forma que los Partidos Políticos tienen para reordenarse y recomponer su estructura, funcionamiento y línea de acción son los Congresos; si se demora su convocatoria se prolongará el fraccionamiento, el debate estará en los medios y huirá de la forma democrática de resolver los conflictos, que es votando.

El PSOE tiene que abrir un periodo de transición para ordenar su identidad, sus formas de ejercer la política y la regeneración de la ética de la cultura socialista. Evidentemente este proceso no puede ser dirigido por aquellos que se consideren protagonistas indiscutibles del futuro, sería un nuevo fracaso, solo con la legitimación democrática de todos los militantes se puede liderar el tránsito, sin vocación de permanencia pero con el honroso y complejo papel de regenerar el socialismo en España y propiciar el afloramiento de nuevos liderazgos integradores de mayor nivel. En esa tarea los militantes y los simpatizantes tienen que ser el motor que ayude a recomponer la identidad. Progresar es dar pasos hacia adelante y los procesos electivos y decisorios directos deben seguir siendo el cauce de profundización democrática sin menoscabo de la democracia representativa.

El pensamiento socialdemócrata tiene que dar respuesta a múltiples encrucijadas, a nuevas realidades; y no con recetas del pasado, ni tampoco vale ofrecer soluciones fáciles de mero contenido electoral. Ha de recuperar su capacidad programática de transformar una sociedad desigual e injusta y con nuevas relaciones de dominación. Esto no se resuelve en una Conferencia Política de fin de semana. Requiere análisis, rigor, participación plural y, recuperar lo que pretendió ser al final de los ochenta el Programa 2000. El PSOE no puede renunciar a la idea de que la socialdemocracia es una alternativa de cambio social, político y económico y que en ningún caso debe convertirse en una fuerza política más, simple administradora del capitalismo y del entramado de intereses que lo sostiene.