LA RATIFICACIÓN DE LOS ACUERDOS DE PARÍS SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS PROGRAMAS DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ESPAÑOLES

Tras la ratificación del Acuerdo de París por la Unión Europea (del orden del 10% de las emisiones globales), China (27%), EEUU (18%) e India (10%) se cumple la segunda de las dos condiciones (que se ratifique por más del 55% de las emisiones globales) necesarias para la entrada en vigor de los Acuerdos de París. La primera, que lo ratificaran 55 países, ya había avanzado sensiblemente por la ratificación de los países-islas más afectados e interesados por el proceso, a los que se han unido los anteriores (la UE se considera “parte” en el proceso) más siete de los países de la UE, entre los que no se encuentra España, cuyo Gobierno en funciones sigue las pautas de mostrar un interés marginal por este tema, continuando la tónica que ha caracterizado y caracteriza a los Gobiernos del PP.

El resultado es que antes de un año desde la Cumbre de París (en noviembre de 2016) entrará en vigor el Acuerdo, mostrando que, por primera vez, los países son diligentes en actuar en una de las cuestiones de máxima urgencia para la dinámica global del planeta. Pero esta diligencia es claramente insuficiente para la magnitud del reto que se trata de abordary de sus graves consecuencias potenciales para muchos países, entre los que se encuentra España.

Conviene a este respecto recordar que en enero de este año hacíamos referencia en esta Sección a las conclusiones del Informe Global Risk 2016 presentado y discutido en el Foro de Davos, donde se recogían los riesgos más probables, y aquellos otros que pueden tener un mayor impacto e importancia global negativa para la economía y la sociedad. Informe que hacía suyo los resultados del 5º Informe del IPPC (también tratado en esta Sección) y las preocupaciones sobre el tema planteadas en la COP de septiembre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, y en la de diciembre del mismo año sobre Cambio Climático (COP21 de París).

La principal conclusión del Global Risk 2016 era que el cambio climático que altera la composición de la atmósfera mundial y modifica la variabilidad natural del clima (calentamiento global, que ya había superado en un grado centígrado la temperatura de la era preindustrial) era el principal riesgo con el que se enfrentaba la sociedad en los próximos diez años, ya que era muy probable que los Gobiernos y empresas no desarrollaran las medidas adecuadas para proteger y adaptar su evolución económica y social a las consecuencias derivadas del proceso de cambio climático.

Ya se reconoce universalmente que el calentamiento global es un proceso imparable. Se produce como consecuencia del “efecto invernadero” asociado a la concentración de una serie de gases (los denominados gases de efectos invernadero: CO2, metano, fluorclorocarbonados, etc.) en la atmósfera, que impiden el reflejo de las radiaciones solares infrarrojas de onda larga hacia el espacio exterior, incrementando la energía contenida en la atmósfera y en los mares y superficies terrestres, con el consiguiente aumento de su temperatura. Y los impactos de este calentamiento global ya son visibles en todos los continentes y en la mayor parte de los océanos.2015 ha sido el año más caluroso desde que comenzaron los registros históricos de temperatura, en 1880, y se espera que 2016 no le ande a la zaga; y que en años sucesivos se produzcan nuevos records en ese sentido con consecuencias crecientemente agravadas.

El aumento previsible del calentamiento global se deriva del hecho de que se siguen registrando incrementos en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, y que con las pautas actuales de evolución de la población y de la actividad económica global, el resultado será un incremento de dichas emisiones y de la temperatura media global para final de siglo, con valores más probables de los incrementos de temperatura, según el 5º Informe del IPCC, situados entre 3,7 y 4,8ºC. El Acuerdo de París, de cumplirse estrictamente los compromisos voluntarios de los 188 países que los han presentado, cuyos recortes no se empezarían a aplicar estrictamente hasta 2020, llevarían a un incremento de temperatura que se situaría entre 2,7 y 3,7ºC; muy lejos del objetivo inicial de 2ºC.Lo cual deja claro que los compromisos adoptados son claramente insuficientes para que el aumento de la temperatura se quede por debajo del objetivo de los dos grados centígrados de calentamiento a final de siglo. De hecho, los últimos estudios hablan de que ya se han superado los 1,5ºC de incremento medio global sobre la temperatura de mediados del siglo XIX, asegurando que para 2030 dicho incrementose encontrará entre 1,5 y 2ºC; y que en 2050 se habrá superado con mucho los citados 2ºC si no se produce un fuerte incremento en los esfuerzos de mitigación (reducción de emisiones) en la revisión de las compromisos que los países deben presentar en 2018.

Principales consecuencias de los distintos escenarios de calentamiento global y su incidencia sobre España.

Lo primero que hay que señalar es el fuerte incremento de riesgos que se asocian a progresivos incrementos de temperatura en el Planeta. Riesgos importantes, pero básicamente locales y de afección individualizada a sistemas concretos amenazados (costas, espacios áridos, etc.) si la temperatura no supera los 2ºC; pero asociados a sucesos catastróficos de gran escala global, si la temperatura supera los 4ºC.

Las principales consecuencias de la previsión de crecientes emisiones de GEI, con el consecuente incremento del calentamiento global, serían:

  1. Calentamiento y acidificación de los océanos con consecuencias sobre el clima global que son en gran parte desconocidas. Hasta ahora los océanos han venido absorbiendo del orden de la cuarta parte de las emisiones de CO2, y del orden del 90% del calentamiento producido, y las corrientes oceánicas tienen una influencia fundamental en el clima. En todo caso, la incidencia de este proceso sobre la biodiversidad y los recursos pesqueros se considera muy grave. Y no hay que olvidar que la pesca, en España, tiene una gran trascendencia en el empleo y la producción de ciertas regiones, y en el consumo del conjunto del país. Y que el turismo de sol y playa es una de las principales actividades económicas actuales de España, que no dejaría de verse afectado por este proceso.
  2. El Ártico seguirá perdiendo hielo, lo que puede afectar a las citadas corrientes marinas y a la estabilidad climática del planeta. El casquete polar del Polo Norte no ha estado rodeado de mar desde hace 125.000 años. En este verano de 2016 lo ha estado casi completamente, habiendo existido cruceros que han realizado travesías circumpolares con el consiguiente riesgo de incrementar el proceso.
  3. Se está acelerando el ritmo de crecimiento del nivel del mar, con grave afección a áreas costeras. En España el documento: “Cambio Climático en las Costas Españolas. 2014” realizado por el Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, sitúa el incremento previsible del nivel del mar en unos 60-75 centímetros, para final de siglo, con una mayor incidencia en el Cantábrico y Canarias, pero también en los deltas, donde además está bajando el nivel de terreno. Estas cifras pueden llegar a ser muy superiores si se aceleran los procesos de deshielo del Ártico o se supera alguno de los “tippingpoints” definidos. Los riesgos para España se incrementan por la previsión de temporales más frecuentes y de mayor intensidad.
  4. Los glaciares van a seguir su proceso de regresión, con grave afección a la reserva de agua dulce del planeta. El agua puede convertirse en el origen de graves conflictos militares en el siglo XXI, por la incidencia de sequías cada vez más frecuentes y de mayor intensidad. Los conflictos político-territoriales en España, por las previsibles mayores sequías esperables como consecuencia del calentamiento global y cambio climático asociado, tendrán una incidencia creciente en ámbitos ya en la actualidad fuertemente conflictivos, con acuíferos sobreexplotados y contaminados, y de previsible incremento en su conflictividad: Cuenca del Segura y Almería; ámbito de Doñana, con incidencia sobre las cuencas del Guadiana y Guadalquivir; Cuenca del Júcar, en el ámbito de Albacete-Valencia; cuenca alta del Guadiana (parque nacional de las lagunas de Daimiel); Madrid y su incidencia en el trasvase del Tajo; y Delta del Ebro.
  5. Disminución de la producción agroalimentaria por una menor productividad de las cosechas, estimándose como más probable su reducción media aproximada del 2% por década. No obstante, hasta el 2030 las consecuencias del calentamiento global sobre distintas zonas del planeta previsiblemente tendrían un balance que podemos considerar neutro (las mayores cosechas en unos territorios, como consecuencia del calentamiento global, compensarían las pérdidas que se registrarían en otros territorios). A partir del 2030 las pérdidas irían superando progresivamente, con mucho, a las ganancias.
  6. Las consecuencias socioeconómicas globales esperadas del calentamiento global superarían a las ya producidas tanto sobre el PIB (se están produciendo efectos sobre el crecimiento económico agregado mundial, estimado en una reducción de entre un 0,2 y 2%, en gran parte asociados a las consecuencias de los fenómenos climatológicos extremos, a sus efectos sobre la agricultura y, en algunas áreas también a sus efectos sobre el sector turístico) como sobre el incremento de la pobreza. Sucesivos Informes Económicos sobre las consecuencias de este Calentamiento (véase, por ejemplo, The Economic Risks of Climate Change in The United States. http://riskybusiness.org/report) están llevando a que financieros multinacionales empiecen a internalizar en sus decisiones de inversión estos riesgos, advirtiendo que los efectos del cambio climático para la economía pueden ser mucho mayores que los de la última crisis financiera iniciada en 2008.
  7. Crecientes costes en salud y en vidas humanas. El incremento ya registrado de temperaturas, que se ha acentuado en las últimas tres décadas, está claramente correlacionado con que muchas regiones del globo terráqueo estén experimentando con mayor frecuencia fenómenos extremos -sequías, olas de calor, inundaciones, temporales, etc.- junto a severos impactos sobre la salud, la extinción de especies, la degradación de hábitats y el bienestar de la población. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el coste superaría las 150.000 vidas al año por efecto del calentamiento global, aunque datos más recientes del “Climate Vulnerability Monitor” elevan dicha cifra hasta las 400.000 vidas/año, la mayoría de las cuales se producen, y se producirán de forma creciente hacia el futuro, en los países en desarrollo. En su último Informe para 2015, la Oficina de Naciones Unidas para la Prevención de Desastres Naturales (UNISDR) detalla que se han registrado 346 desastres (producidos fundamentalmente en China, EEUU, India, Filipinas e Indonesia), con 22.773 fallecidos, 98,6 millones de personas afectadas y daños por más de 66,6 miles de millones de dólares, fundamentalmente por las sequías y por la mayor frecuencia de huracanes e inundaciones de gran intensidad.

¿Es posible actuar para evitar los riesgos más negativos del calentamiento global?

Existe una visión “esperanzadora” sobre que “con una amplia gama de medidas tecnológicas y cambios de comportamiento sería posible limitar el aumento de la temperatura media global a 2ºC. Para ello son necesarios cambios muy fuertes en la producción y consumo energético (mejora de la eficiencia energética, renovables, captura de emisiones de CO2 de las energías fósiles y de la bioenergía, y uso de la energía nuclear), y en el uso del suelo (mayor forestación, usos del suelo propiciatorios de la captura de CO2, planificación territorial y urbana que conlleve fuertes reducciones de consumos energéticos, materiales y emisiones). Medidas que exigen importantes y voluminosas inversiones, además de un cambio institucional y tecnológico muy importante, cuya voluntad práctica de ejecución no se aprecia en la mayoría de los Gobiernos e intereses dominantes actuales.

No obstante, la COP21 de París ha cuestionado, en parte, este escepticismo. Como se ha señalado, la inmensa mayoría de las “partes” presentes (189 partes, que involucran a 188 países de los 195 presentes) han presentado planes de mitigación-adaptación que, aunque insuficientes para limitar el calentamiento a 2ºC, son un primer paso para avanzar por la senda metodológicamente adoptada en el Acuerdo (revisión periódica quinquenal y compromiso de mejorar progresivamente las medidas por parte de cada país) hacia dicho Objetivo.

Pero que el camino no va a ser fácil ya ha quedado demostrado en el Acuerdo que finalmente se aprobó en París, donde el inicial objetivo de descarbonización (las emisiones de GEI desaparecerían para el periodo 2060-2080) se ha sustituido por alcanzar un equilibrio entre las emisiones y la absorción por los sumideros en la segunda mitad del siglo. Es decir, se abre la puerta a seguir emitiendo GEI indefinidamente, siempre que se apliquen mecanismos que “compensen” o “neutralicen” dichas emisiones. Los extractores de materiales fósiles se evitan así los costes asociados a dejar sin explotar del orden de dos terceras partes de las reservas de combustibles fósiles registradas, que se podrán consumir si se encuentran medios de “secuestrar” o “compensar” las correspondientes emisiones.

Como conclusión, hay que estar preparados para incrementos de temperatura crecientes que, en el caso de España, las estimaciones de los cambios registrados en los últimos años, ya los sitúan en la cota del 1,5ºC definido como máximo recomendable para finales de siglo en el Acuerdo de la COP21 de París.

¿Qué se propone para España?

En síntesis, podemos señalar que las consecuencias del Calentamiento Global para España, que se irán registrando de forma creciente a medida que la temperatura media global se vaya incrementando progresivamente, se producirán en los capítulos hídricos –sequías y áreas de inundación fluvial-, de productividad agraria, de sostenibilidad del medio rural y de los ecosistemas naturales, de afección al litoral –regresión de playas e incremento de los efectos de los temporales-, al turismo, a la salud –expansión de enfermedades tropicales y afecciones respiratorias en ciudades- y al confort ciudadano, sobre todo en áreas urbanas. Y sus consecuencias económicas, incluso en los cálculos más favorables, son anualmente muy significativas y muy superiores (según demuestran los Informes citados a nivel global) al coste asociado a las medidas a desarrollar para adaptar y mitigar los efectos del Calentamiento Global.

Cada uno de los ámbitos en los que inciden los efectos del calentamiento global exige medidas específicas, pero las vías de actuación prioritarias son claras y se vienen reiterando desde distintos foros científicos internacionales. Implican la definición de una Estrategia y una planificación (Hoja de ruta) ligada a la adaptación y resiliencia que, entre otros aspectos, signifiquen una ordenación del territorio que aumente la resiliencia del medio rural y de los ecosistemas naturales, potencie la producción y mercados locales frente a lo global, y un modelo territorial de ciudades medias resilientes, con un urbanismo que potencie ciudades de mínimo metabolismo, compactas, diversificadas y complejas, eficientes energéticamente, de movilidad obligada minimizada, sin uso de combustibles fósiles, con transporte público eficiente, y con dotaciones y condiciones ambientales y paisajistas que posibiliten el bienestar/buen vivir de los ciudadanos; lo que exige adecuar la expansión urbanística a las necesidades, potencialidades y biocapacidad/sostenibilidad ambiental local.

El compromiso de la Unión Europea es recortar sus emisiones un 40% en 2030 respecto al nivel de 1990.¿Cuáles son los compromisos asumidos por los cuatro principales partidos españoles para las elecciones de diciembre de 2015 y las de junio de 2016 y su relevancia ante la magnitud de las consecuencias esperadas?

Con respecto a los riesgos ambientales, es evidente que al margen de las necesarias políticas ambientales de mitigación y adaptación al cambio climático, a las crisis hídricas, y al colapso de los ecosistemas y de la biodiversidad, sobre las que tan poco y mal ha actuado el Gobierno del PP ahora en funciones, es imprescindible una nueva política que prevenga los efectos más negativos de estos riesgos sobre las costas –y por lo tanto el turismo- el balance hídrico, el sector primario y los ecosistemas, aprovechando al máximo la puesta en valor e internalización de sus servicios. Desde el punto de vista socioeconómico va a ser imposible mantenerse al margen de los problemas asociados a la presión migratoria derivada de conflictos militares o de las consecuencias económicas y ambientales del conjunto de riesgos previstos. La pregunta es ¿se han tenido en cuenta estos aspectos en los Programas y Acuerdos adoptados por los cuatro principales partidos políticos del país? Veamos la síntesis de los principales aspectos considerados por cada uno de ellos y los posibles Acuerdos de Gobierno en base a los contenidos de sus programas con incidencia en los capítulos más relevantes del binomio Clima/Energía.

Con respecto al Partido Popular hay que destacar la dimensión predominante economicista de sus propuestas, tanto en el campo energético como en el climático. La consideración ambiental y la preocupación por las consecuencias del calentamiento tienen un tratamiento básicamente secundario y derivado. Se ajustan estrictamente a las exigencias europeas (Hoja de Ruta 2030. Estrategia para cumplir con nuestras obligaciones en las políticas de energía y cambio climático que aplicará la UE en 2021-2030, así como en los procesos de negociaciones en Naciones Unidas). En las 150 Medidas acordadas con Ciudadanos no hay mejoras sensibles en la aportación conjunta.

El PSOE es el que presenta una visión y propuestas más integradas en los capítulos energéticos y climáticos, con una clara apuesta por cumplir las exigencias derivadas de los acuerdos de la Unión Europea y de la COP21 de París. En el Acuerdo establecido con Ciudadanos trasladó muchas de esas propuestas (en particular, pero no sólo, la realización de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que establezca objetivos de reducción de emisiones y su actualización, impulse el mejor conocimiento y la disponibilidad de escenarios climáticos y de trayectorias para el desarrollo sostenible, así como la sistemática toma en consideración de los elementos de riesgo climático en cualquier actuación pública y de transparencia y rendición de cuentas en empresas cotizadas).

Unidos Podemos también asume un compromiso por la adaptación y mitigación del cambio climático, propone la elaboración de una Ley de Cambio Climático y medidas significativas complementarias en materia energética (Plan Nacional de Transición Energética, Plan Nacional de Ahorro Energético o Plan Nacional de Energías Renovables).

La síntesis, como se aprecia en el Cuadro siguiente en el que se recogen los aspectos más relevantes para posibles Acuerdos de Gobierno en este capítulo, es que la compatibilidad entre el PSOE y Unidos Podemos es muy alta; que la de ambos con Ciudadanos es menor, pero relevante, y que sólo el PP se encuentra distante de posibles Acuerdos con la importancia y relevancia que el tema requiere.

serranotabla201016