LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA TAMBIÉN HA DE APLICARSE A LOS JUECES

Hay quien habla de la separación de poderes en el Estado mientras esboza una sonrisa irónica. Es como si expresara una opinión políticamente correcta pero avisando, con su gesto, que no se lo termina de creer porque, “ya se sabe”, el Gobierno influye en los jueces cuando le interesa.

Ha de tenerse en cuenta que los jueces, como humanos, no solo se pueden equivocar sino, conscientemente, tomar decisiones en contra de lo que les dictaría la razón. En esto se parecen al resto de las personas. Las hay que delinquen, pero, por defecto, en España se las supone constitucionalmente inocentes y solo cuando se puede demostrar que han cometido un delito es cuando son consideradas como culpables.

Con los jueces deberíamos utilizar los mismos criterios. Si bien es verdad que hay decisiones judiciales con relevancia política y, por ello, susceptibles de ser influidas por quien se siente con capacidad de hacerlo, solo en algunos casos lo son y, ello, solo es verdad si se puede probar. En esos casos podría hablarse, incluso, de la comisión de un delito de prevaricación pero, mientras tanto, ha de concederse a los jueces la misma consideración de inocentes que al resto de los españoles.

El problema se plantea cuando un político comete un delito. En virtud del principio general, se le debe considerar inocente hasta que no pese sobre él una condena, pero, en virtud también de normas generales, se le pueden aplicar medidas cautelares en forma y grado que deciden los jueces, también presuntamente justos. Pero, como digo, solo se plantea dicho problema porque el político ha cometido el delito y hay suficientes indicios para que pueda ser apreciado como tal. Y no por otra cosa.

Viene esto a cuento de la presunta colusión entre el Gobierno Español y los jueces encargados de los casos abiertos a políticos catalanes por los hechos que llevaron a la Generalitat de Cataluña a su situación actual después de haber provocado su intervención y la convocatoria de elecciones anticipadas.

Según esa presunción, el Gobierno Español no solo habría intervenido en el ámbito político, por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, para lo que está, obviamente facultado, sino que lo estaría haciendo también en el terreno jurídico a través de los tribunales españoles, impidiendo el ejercicio de los derechos políticos de algunos líderes catalanes.

Este planteamiento lo están haciendo quienes, anteriormente, han acusado a España de robar a Cataluña y al Gobierno Español de impedir la democracia, de dar un golpe de estado en Cataluña y de amenazar con llenar de muertos las calles catalanas. Son gente capaz de incumplir las leyes democráticamente aprobadas mientras acusan a otros de haberles impulsado a delinquir.

Pero, la paradoja es que los mismos que acusan al Gobierno de influir en los jueces exhiben una vocación de intervenir, ellos también, aunque en sentido contrario al denunciado, presionando a los jueces acusándoles, nada menos que de prevaricación, si no adoptan decisiones favorables a los investigados.

Si esa idea de la prevaricación judicial fuera solo patrimonio del campo independentista catalán, no tendría mayor valor que el de un eslogan más de los muchos que han utilizado en sus campañas de propaganda. Pero es que, en el campo contrario también laten, aunque con intenciones opuestas, pensamientos parecidos. Son quienes “confían en los jueces” para evitar la secesión catalana los que legitiman a aquellos otros.

Pues bien, a todos ellos hay que pedirles que resuelvan sus conflictos políticos sin poner en riesgo la credibilidad del sistema democrático, uno de cuyos pilares es la existencia de una instancia independiente que resuelva las discrepancias entre los miembros de la sociedad.

Seguramente alguien encontrará en estas líneas algún rescoldo del espíritu navideño, pero es preciso que nadie olvide la existencia de una justicia independiente a la que acudir para evitar el incumplimiento de las normas de convivencia y la resolución de conflictos por medios no civilizados. Olvidarlo nos retrotraería al principio de los tiempos.