LA POLÍTICA DE OPOSICIÓN PARLAMENTARIA EN LA NUEVA LEGISLATURA. I. LAS DEBILIDADES

Uno de los argumentos invocados para criticar la abstención ante el candidato Rajoy que acordó la Gestora del PSOE era que un partido que ha permitido que otro partido acceda al Gobierno no puede hacer oposición. Es un argumento poco consistente porque la acción partidista en la investidura ni puede paragonarse ni tiene continuidad con la labor de oposición que, como señalaron en su momento las mejores monografías españolas (Juan Fernando López Aguilar: La Oposición parlamentaria y el orden constitucional. Análisis del Estatuto de la Oposición en España, Madrid, 1988; y Ángel J. Sánchez Navarro: La oposición parlamentaria, Madrid, 1997) ofrece unos rasgos de continuidad y de crítica al Gobierno que poco tiene que ver con el otorgamiento o denegación de la confianza parlamentaria. Algo distinto será cuando en la anterior legislatura del Parlamento catalán, Esquerra Republicana, que era el Grupo Parlamentario con más escaños después de la coalición CiU que gobernaba, situó a su líder, Junqueras, como jefe de la oposición cuando era en realidad el primer aliado del Gobierno.

¿El PSOE puede hacer oposición al Gobierno de Rajoy? ¿Está en condiciones técnicas y políticas de actuar como lo que es, como el primer partido de la oposición? Como se verá la semana próxima, hay suficientes condiciones técnicas y políticas para que el PSOE sea y actúe como el primer partido de la oposición parlamentaria, si bien hay también un conjunto de circunstancias que lo van a dificultar.

En este artículo vamos a repasar las debilidades o dificultades que va a encontrar el PSOE a la hora de actuar como principal partido de la oposición, dejando para el próximo los posibles procedimientos de oposición.

Antes de avanzar, conviene dejar claro (porque es nada menos que el sujeto pasivo de la oposición) que el Gobierno de Rajoy es un Gobierno legítimo, constituido conforme a las reglas que establece la Constitución, y que se ha formado porque ha tenido más votos favorables que desfavorables en la sesión de investidura. No hay en España una “mafia golpista”, no ha habido “golpe de la mafia” y los Diputados representan a la mayoría de los españoles. Hay que decirlo claramente ante la manifestación que, con cobardía y bajo cuerda, propició Podemos, que se hizo representar en la misma por su dirigente Monedero.

La aclaración no es impertinente, porque el comportamiento parlamentario de Podemos, de Izquierda Unida, de Compromís, de En Comun Podem y de Esquerra Republicana en este último pleno y en los anteriores (y también en los de la anterior legislatura) hace pensar que sólo utilizarán las Cámaras para sus fines propagandísticos. Se ha dicho que Podemos y sus aliados actúan con tanto menosprecio del Parlamento porque se creen que están en una asamblea universitaria pero, dejando a un lado que las auténticas asambleas universitarias acabaron con la llegada de la democracia, lo relevante, a mi juicio, es que  Podemos y sus aliados conciben las Cortes Generales de la misma manera que los bolcheviques concebían la efímera Duma rusa de Nicolás II: un lugar ideal para la agitación. El problema es que los bolcheviques actuaban con inteligencia y los parlamentarios de Podemos y aliados han empezado a comportarse como niños malcriados y, a veces, como matones de barrio en medio de la taberna, como hizo el Diputado Rufián. Les importa tan poco la institución parlamentaria, que manipulan menores de edad, juran sus cargos con fórmulas banales y ridículas, sitúan bandas de música en las puertas del Congreso para exigir un Grupo Parlamentario y abandonan el Pleno porque la Presidencia no les satisface a la primera rabieta que tienen. El Mundo del 31 de octubre informaba incluso que una de las personas que más gritó a un Diputado de Ciudadanos fue el Senador Espinar (portavoz de Podemos en esa Cámara), quien, por su condición de invitado, hubiera debido estar callado. Podemos y sus aliados no entienden qué es el Parlamento ni para qué sirve y esto dificulta la labor opositora del PSOE, máxime cuando, como se ha visto en los debates de investidura, el enemigo de Podemos y aliados no es el Partido Popular sino el PSOE. No se entiende por ello que algún político experimentado ponga ahora las esperanzas de la izquierda en el partido que quiere destruir al PSOE.

La segunda dificultad para que el PSOE pueda actuar como partido de oposición es el Partido Popular. El discurso de Rajoy en la investidura nos muestra que no ha entendido nada, que se cree que es Presidente por sus incontables méritos y que piensa seguir practicando la misma política que ha practicado desde 2012. El Partido Popular negociará lo mínimo y sólo cuando no le quede más remedio. Otro gallo habría cantado si, tras comprobarse que Podemos no quería un Gobierno socialista, el PSOE hubiera negociado con Rajoy una abstención por la que se podían pedir muchas cosas (reforma constitucional, ajustes que no recaigan principalmente en las clases populares, composición de los órganos constitucionales, Leyes a derogar o modificar, negociación con Cataluña sin aceptar un referéndum, etc.). Todo eso se hubiera podido negociar, reteniendo, además, la Presidencia del Congreso. Pero alguien creyó, como también lo pensó Iglesias Turrión, que en unas nuevas elecciones el PSOE arrasaría.

La tercera dificultad proviene del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso. Con un PSC entregado al independentismo, que no se quiere separar un milímetro del catalanismo y que hasta se quiere aliar electoralmente con En Comú Podem para disimular sus futuras derrotas (igual que Mas se inventó Junts pel Sí), poca oposición de ámbito nacional se puede hacer. Lo mismo se puede decir de los Diputados no catalanes a los que les entran de pronto escrúpulos de conciencia. El Grupo Parlamentario está políticamente disminuido pero ni siquiera tiene la posibilidad de liberarse de los Diputados que desobedecen a la dirección en los momentos en que la disciplina es más necesaria.

La cuarta dificultad para hacer oposición eficaz proviene, no del Grupo Parlamentario, sino del propio partido: es la falta de un Secretario General y de una Comisión Ejecutiva Federal. Se entiende que el Congreso del PSOE se prepare sin precipitación, pero mientras el partido no tenga una cara visible y definitiva y mientras sus órganos colegiados no diseñen un programa político atractivo fundado en una nueva visión estratégica, la labor de oposición parlamentaria no será fácil.

Todas estas circunstancias dificultan que el PSOE actúe como lo que es, el principal partido de la oposición. Pero si se pueden soslayar estas debilidades, hay motivos y procedimientos suficientes para hacer oposición. La solución, la próxima semana.