LA PENETRACIÓN DE LO PRIVADO EN EL MUSEO DEL PRADO

El día 7 de febrero pasado se ha publicado la Orden ministerial ECD/82/2019, de 24 de enero, por la que se renuevan cinco Vocales del Real Patronato del Museo del Prado. Los Vocales renovados por un período de cinco años son César Alierta (hasta hace pocos meses Presidente de Telefónica), José Manuel Entrecanales (Presidente Ejecutivo de Acciona), Isidro Fainé (antiguo Presidente de La Caixa y Presidente de Gas Natural Fenosa y de la Fundación Bancaria La Caixa), Francisco González Rodríguez (Presidente del BBVA) y José Ignacio Sánchez Galán (Presidente de Iberdrola). Es decir, lo más florido del IBEX compartiendo sillón en el Real Patronato con otras personas vinculadas al mundo económico o empresarial como Guillermo de la Dehesa, Alicia Koplowitz (importante coleccionista, además), Jean-Paul Rignault (Consejero Delegado de la aseguradora francesa AXA) y Eduardo Serra (anterior Presidente del Real Patronato).

Es cierto que al lado de estos empresarios en el Real Patronato se sientan dos grupos de Vocales de diferente perfil pues hay un conjunto elevado de altos cargos de las diversas Administraciones (desde el Secretario de Estado de Cultura y el Director General de Bellas Artes y Patrimonio Artístico hasta la Presidenta de la Comunidad de Madrid, la Alcaldesa de Madrid y el Presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional) y otro bloque de Vocales conectados con la enseñanza (las profesoras Valcarce, Jiménez-Blanco y Giménez Martín o los profesores Lledó, Bonet Correa y Tomás Ramón Fernández, la Presidenta de la Real Academia de la Historia, etc.). También son Vocales personas de perfil político como el ex – Ministro de Cultura Javier Solana, la ex-Ministra de Educación, Cultura y Deporte Pilar del Castillo, el ex-Secretario de Estado de Cultura Luis Alberto de Cuenca y la ex-Diputada socialista Ana María Ruiz Tagle.

La renovación de lo que podríamos llamar Vocales del IBEX enlaza con una polémica que ha aparecido en la prensa acerca de cómo seleccionar al sucesor del actual Director, Miguel Zugaza, cuyo cese se ha anunciado hace varias semanas. Y conecta también con el tema más profundo de cuál es la función de los Museos en la actualidad. Por eso conviene avanzar una breve reflexión sobre los nubarrones privatizadores que hace mucho tiempo planean sobre las instituciones culturales europeas.

En primer lugar, dado que la Orden ministerial de 24 de enero se ha limitado a renovar a los Vocales del IBEX, no estamos ante un hecho nuevo pero no por ello menos significativo. Con los Gobiernos del Presidente Rodríguez Zapatero el Ministerio de Cultura combinó nombramientos de figuras de la cultura (José Guirao, Rafael Moneo, el fallecido historiador Pérez Sánchez) con personas vinculadas a la empresa o a la economía (Alicia Koplovitz o Guillermo de la Dehesa) pero se mantuvo un cierto equilibrio entre personas provenientes de la política, la economía y la cultura. Sin embargo, a las pocas semanas de formarse el Gobierno de Rajoy, la Orden ministerial ECD7108/2012, de 24 de enero, nombró de una tacada a los cinco Vocales del IBEX que ahora se renuevan. Fue todo un gesto político del Ministro Wert, deseoso de dejar su huella privatizadora en todo lo que tocaba y que el PSOE, afectado por su reciente derrota electoral, no valoró ni enjuició en público.

Dicho de otra manera, una de las primeras medidas culturales del Gobierno Rajoy por decisión de su Ministro Wert, fue organizar el desembarco en el Museo del Prado de lo más granado del IBEX. No es que haya que demonizar a los empresarios, como hacen los populistas de Podemos, pero un nombramiento tan relevante (hoy y hace cinco años), con el pretexto, como dice la exposición de motivos de ambas Órdenes, de lo que esos empresarios pueden aportar al Museo Nacional, constituye toda una declaración ideológica: los empresarios, por el mero hecho de serlo, han de participar en la gestión del primer centro de depósito cultural del país. Y esta declaración ideológica se levanta sobre una equivocación, muchas veces señalada, pues trata de imitar a los grandes Museos estadounidenses en cuyos órganos de dirección se sientan los más ricos empresarios. Pero los Museos de Estados Unidos son privados y sentarse en el Consejo de Administración o Patronato cuesta millones de dólares. En cambio, los Vocales recién renovados no parecen aportar nada (más bien, al revés pues seguramente cobrarán dietas por asistir a las reuniones) y sus empresas, aunque algún patrocinio han aportado al Museo Nacional, tampoco parecen haberse arruinado por dar alguna ayuda.

En definitiva, es toda una declaración de principios renovar (y hace cinco años nombrar) a cinco grandes empresarios cuando no hay un solo sindicalista ni tampoco un solo profesional de los Museos. Porque detrás de esa ideología está un tema muy importante: ¿los Museos son instituciones que han de ganar dinero o han de gastarlo para la difusión cultural? Actualmente, el mundo del arte se caracteriza por su mercantilización (entre una gran bibliografía, véase Don Thomson: El tiburón de 12 millones de dólares. La curiosa economía del arte contemporáneo y las casas de subastas, Barcelona, 2009) pero esa mercantilización no sería especialmente grave sino penetrara en el mundo de las instituciones públicas: deslocalización de Museos, macro-exposiciones que buscan aumentar el número de visitantes, préstamos intermuseísticos continuos para alimentar esas exposiciones, etc.). Por eso, el nombramiento-renovación de cinco representantes tan caracterizados del IBEX induce a pensar que el Gobierno popular tiene una visión economicista del Museo Nacional del Prado, visión economicista trufada del elitismo, porque si hay empresarios en el Patronato, ¿por qué no debe haber representantes de los sindicatos?

Aunque el Museo del Prado fue la primera institución cultural española que se dotó de un Patronato en tiempos de Alfonso XIII, hay que preguntarse si hoy es operativo un macro-Patronato de varias decenas de Vocales y si no habría que buscar un órgano mucho más reducido.

Otro tema que, en la misma línea, muestra también como la ideología ultraliberal penetra en la gestión cultural es la polémica sobre cómo seleccionar el próximo Director del Museo tras la dimisión de Zugaza. La polémica ha salido cuando el ex–Ministro de Cultura César Antonio Molina y quien fuera su Director General de Bellas Artes, José Jiménez, que suelen escribir en ABC y en El Mundo, se descolgaron en El País con un artículo titulado “Más allá del Prado” (8 de diciembre de 2016) donde trataron a aplicar a este Museo las prácticas privatizadoras que ellos mismos ya aplicaron en el Ministerio de Cultura, un código de “buenas prácticas” que obligaría a que los concursos para cubrir cualquiera dirección de un Museo, con independencia de que esos puestos estén sometidos al régimen de libre designación, se provean a propuesta de comisiones de “expertos”. Esta idea de constituir comisiones de “expertos” es una vieja reivindicación de los grupos de presión del mercado de arte que pretenden arrebatar a la Administración su facultad de dirección política en beneficio de personas a las que se supone total neutralidad. Molina y Jiménez se prestaron en su momento a ese juego privatizador y convocaron concursos de puestos de libre designación para los que constituyeron comisiones de expertos que formularon propuestas. En definitiva, unas concursos ilegales en los que la Administración renunció a ejercer sus potestades y se puso en manos de quienes tenían tantos intereses como cualquier otro ser humano.

Pues bien, los ejecutores de esa política se atrevieron a publicar en El País (y no en sus habituales periódicos conservadores) el mencionado artículo que tuvo réplica en un lúcido artículo de otro antiguo cargo del Ministerio de Cultura, Carlos Alberdi (“El Prado como referencia”, EL País, 20 de diciembre de 2016), en otro artículo de un antiguo Director del Museo Nacional (“La hora de la colección”, El Mundo, 29 de diciembre de 2016) y, en fin, del dimitido Director en El País (“No sé qué es eso de un concurso para buscar al director del Prado”). Finalmente, el propio Ministro del ramo ha desmentido a finales de enero que se vaya a convocar un concurso.

Ambos hechos, la renovación de los Vocales del IBEX y el burdo intento de Molina y Jiménez de transmitir los deseos de los grupos de presión, denotan que la gestión de las instituciones culturales públicas está en riesgo de entrar en dinámicas privatizadoras y eso es algo que convendría debatir en la opinión pública.