LA PATRIA ESTÁ EN LOS IMPUESTOS

simancas200416

Para quienes compartimos los valores del republicanismo, la patria no se legitima en la historia, ni en el origen étnico común, ni en la simbología de himnos y banderas. La patria está en los valores comunes y en la búsqueda del bien colectivo. Somos patriotas de la igualdad, de la libertad, de la democracia y de los derechos humanos. Estamos orgullosos de una patria que persigue el progreso y la justicia social. La patria de los republicanistas está, por tanto y en buena medida, en el pago de los impuestos que asegura nuestros derechos y libertades.

En consecuencia, no hay mayor acto de patriotismo que el pago riguroso de los impuestos que nos convierte en ciudadanos de un Estado de Derecho en una sociedad democrática. Y, también en consecuencia, no hay mayor traición a la patria que defraudar o eludir arteramente los impuestos que nos corresponde pagar en el propósito del bien común.

Algunos intentan encauzar el debate de estos días sobre los paraísos fiscales en términos puramente jurídicos, sobre lo que es legal o lo que no es legal. El debate jurídico es muy importante, porque el Estado de Derecho se fundamenta en el imperio de la ley y en la igualdad de todos en el cumplimiento de las normas. Ahora bien, el debate sustancial sobre el pago de impuestos, especialmente en lo relativo a los cargos públicos, trasciende lo meramente jurídico y se adentra en lo ajustado o no a la moral colectiva.

La utilización de empresas opacas en paraísos fiscales para ocultar patrimonio y minimizar el pago de impuestos puede ajustarse a la ley en algunos casos, pero merece un duro reproche social. Merece el reproche en todos los casos, y merece un reproche definitivo cuando el protagonista representa a la ciudadanía y ejerce responsabilidades públicas. Resulta del todo incompatible dedicarse a la búsqueda del bien común, mientras se trampea en el ejercicio de la primera responsabilidad personal para con el bien común, como es el pago justo de los impuestos.

Igual reproche debieran recibir todos aquellos referentes sociales y culturales que pretenden el reconocimiento y el aplauso de la ciudadanía en razón a méritos específicos, mientras defraudan al interés colectivo eludiendo el pago de los impuestos que les corresponden.

No obstante, a las autoridades políticas y económicas no les corresponde tan solo la investigación, la denuncia y el reproche por las prácticas elusivas o fraudulentas en el cumplimiento de las obligaciones fiscales de empresas y personas. Tales autoridades debieran adoptar las decisiones conducentes a acabar definitivamente con la existencia de los propios paraísos fiscales, así como las normas o el vacío normativo que permiten la defraudación masiva de los impuestos.

A la luz de los escándalos conocidos en torno a los llamados “papeles de Panamá”, resulta poco sorprendente la crítica furibunda, el descreimiento y la desafección de muchos ciudadanos hacia el propio sistema político y económico vigente. Porque es intolerable que muchos de los más pudientes escatimen el cumplimiento de sus obligaciones fiscales con la colectividad, mientras millones de ciudadanos malviven en la precariedad social soportando los ajustes y los recortes que muchos de aquellos mismos recetan y decretan.

Y la patria también está en los mecanismos que permiten identificar, perseguir y castigar a quienes así ponen en riesgo nuestros derechos y libertades.