LA PANCARTA

¿Por qué no ha reclamado nadie que se colocara una pancarta sobre Miguel Ángel Blanco en las fachadas de los palacios de la Moncloa o de la Zarzuela? Es evidente que las sedes de la Presidencia del Gobierno y de la Jefatura del Estado son espacios más relevantes que la del Ayuntamiento de la capital y, sin embargo, nadie ha echado de menos la colocación de una pancarta en dichas fachadas y sí, en cambio y con escandalo social, en la portada de la antigua Casa de Correos en la madrileña plaza de la Cibeles.

Claro que, la misma pregunta podría referirse a las fachadas de los más de ocho mil Ayuntamientos que hay en España, donde no creo que se hayan colocado pancartas por el motivo indicado. Por ello, la pregunta que queda por hacer es: ¿Y cuál es, entonces, la diferencia de la fachada del Ayuntamiento de Madrid con todas las demás para que se haya hecho esa reclamación?

Claro que, esta pregunta es solo retórica ya que tiene una respuesta obvia: la fachada del Ayuntamiento de Madrid es portadora habitual de pancartas desde hace algún tiempo y otras muchas fachadas, no. Por eso, se ha reclamado esa pancarta y, con ello, han querido señalar el agravio comparativo entre la defensa de derechos como el de asilo a refugiados o de libertad sexual con el de la unidad contra el terrorismo, representado por la reacción de la sociedad española frente al asesinato, hace veinte años, de Miguel Ángel Blanco.

Por eso, alguien podría proponer, yo mismo, la promulgación de una ley de pancartas como ya hay una ley de banderas (Ley 39/1981) que resuelva el problema o, al menos, lo regule. Y si, como parece, el problema fuera solo madrileño y no nacional, bastaría una ordenanza municipal del Ayuntamiento de Madrid cuyo contenido no me atrevo a prever, pero cuyo título sería “Ordenanza Municipal para regular la colocación de pancartas en la fachada del Ayuntamiento de Madrid en la Plaza de la Cibeles”. ¿Les parece lo suficientemente absurdo?

Se podría sugerir, tampoco me importaría hacerlo a mí, si no sería mejor no poner ninguna pancarta para que se pudiera ver mejor la magnífica portada del arquitecto Antonio Palacios. En la era de la comunicación digital y de las redes sociales, la colocación de un trapo blanco en una fachada no parece la forma más moderna de que un Ayuntamiento diga nada a sus vecinos. Con toda franqueza, me parecería más moderno que volviera a utilizar pregoneros por las calles.

Hay una segunda razón para la polémica y es, esa, la necesidad de la propia polémica. Si esta no se hubiera producido por la pancarta, se hubiera encontrado cualquier otro motivo para señalar la distinta actitud de unos y otros ante el terrorismo. El carácter o duración de los actos convocados, la actitud de los personajes en los mismos o las propias palabras pronunciadas, o silenciadas, en esos actos, hubieran servido, a buen seguro, para provocar esa polémica.

Pero, por lo menos, cambiaríamos de polémica.