LA OBSOLESCENCIA DE PODEMOS

Podemos nació con una característica definitiva frente a la izquierda y la derecha. No presentaba su oferta política alineándola en los ejes ideológicos tradicionales sino diferenciándola, precisamente, por eso, por su novedad. Su propuesta era, esencialmente, “nueva”.

En esta misma página hemos comentado como, en el corto tiempo de su existencia, evolucionaban sus ideas adaptándolas al día a día. Era igual lo que concretaran con tal de que fuera nuevo. Así, pasaron de la casta a la transversalidad, pasando por el partido del amor o el dejarse la piel en el intento. Sin olvidarnos de Ikea y de los innumerables signos externos que han utilizado, esos sí, novedosos en la vida política española. En definitiva, representaban la nueva política española. Y, sobre todo, la alternativa definitiva a los viejos políticos. Como los gases nobles, no se asociaban con nadie.

Pero lo nuevo tiene un gran enemigo: el tiempo. Como la juventud, esa enfermedad que se cura con el tiempo. Como toda obra humana. Como la vida misma.

Y, el tiempo, ha trascurrido tambien para Podemos. Ya han pasado por el culto al líder cuya imagen empezó siendo el anagrama electoral de la formación. Por el lógico caudillismo inherente a esa situación. Por la aparición de, al menos, irregularidades fiscales y administrativas de algunos de los fundadores. Por la reclamación de cargos públicos y de mejores escaños en el Congreso. Por las luchas de poder dentro del partido. Por la negativa de esas luchas internas presentándolas como debate ideológico. Por la aparición, y fracaso, de terceras vías. Y por la celebración de congresos con trazas de convulsión y anuncio de fraccionamiento.

Todo eso, convertido en arrugas, no hacen más que señalar el envejecimiento natural de Podemos que, ya, no puede seguir presumiendo de ser nuevo ni de representar la nueva política. Porque, al tiempo es difícil engañarle, a pesar de la importante industria cosmética que se empeña en disimular las arrugas de las personas a base de afeites y productos varios. Y a pesar, tambien, del marketing político que pretende hacer pasar por democracia total los viejos comportamientos de los partidos políticos cuando es Podemos quien los tiene.

Como las personas, algunos grupos políticos envejecen mejor que otros. Aquellos que propugnan la tradición y el conservadurismo, obviamente van a mejorar con el tiempo. Otros, basados en valores de defensa de derechos políticos y sociales, no obsesionados por la moda, pueden pasar por una madurez enriquecedora si adaptan sus principios al nuevo tiempo.

Pero, a Podemos, el partido de la nueva política, ese envejecimiento le sienta muy mal. Como a los deportistas o a los galanes jóvenes en el cine. O se hacen entrenadores o pasan a ser galanes maduros pero, si pretenden arrastrar su juventud perdida, van a terminar engrosando la nómina de juguetes rotos. Ya nunca volverán a ser nuevos. La obsolescencia les ha llegado. Ya son, y no sería extraño en un partido tradicional, como eso, como un partido tradicional. Pero, en ellos, esto es un problema, porque no se presentaban como un partido tradicional.

Hay que imaginar que Podemos intentará ahora apurar el catálogo de “novedades”, pero ya nada será igual. Como esa chaqueta vieja que se le da la vuelta para tener una segunda vida, la oferta de Podemos ya ha mostrado sus achaques y a cualquier observador imparcial le debe parecer envejecido. A pesar de que, a buen seguro, seguirán denigrando a los viejos políticos intentando así aparentar una falsa novedad.

Esto no impide que mantengan un electorado basado en el rechazo a la política tradicional. La inercia social, la nostalgia del 15 M y, sobre todo, el grado de inmovilidad de los partidos tradicionales, determinarán la duración de su apoyo social. Y, naturalmente, la adaptación de Podemos a su nueva situación porque, ahora, deben participar en la política real, esa que se mueve en el territorio de lo posible. En ese sentido debería hablarse, si esa fuera su intención, de una refundación del partido, como hacen algunos partidos tradicionales cuando inician un cambio de rumbo. ¿Será Vistalegre 2 el escenario de esa refundación?. Veremos la capacidad de renovarse de esos viejos renovadores.

Pero, como diría el famoso ideólogo Chauncey Gardiner, a la primavera sigue el verano y a esta el otoño que es sucedido por el invierno. Más temprano que tarde, alguna otra formación política pretenderá ocupar el papel de sherpa especializado en el descubrimiento del Mediterráneo e irrumpirá en el panorama político español para inventar, otra vez, la democracia.

Y quizás no sea malo. Al fin y al cabo, todos hemos sido jóvenes.