LA MUERTE DEL COMENDADOR (Libro 2)

Haruki Murakami, Tusquets Editores S.A, 2019

Si el primer libro de esta monumental novela, como planteamos hace varias semanas, deja en el lector el irremediable deseo de avanzar en la trama, este segundo libro cierra con maestría las incógnitas sugeridas entretejiendo las historias como si de un encaje de bolillos se tratará. Y alcanza un resultado final en donde cobran sentido cada uno de los finos y gruesos hilos que conforman la ficción.

Lo real y lo imaginario se funden en un estilo que combina el realismo mágico y el surrealismo, que no por conocer la asombrosa imaginación del autor dejan de sorprender por lo profundo de sus reflexiones e incluso las disonancias a las que nos conduce, derivadas de la mixtura fantasiosa e inteligente de Murakami.

Los símbolos permiten que interpretemos el mundo, un mundo que se antoja ancho y ajeno, parafraseando al gran escritor peruano Ciro Alegría. Un mundo que tratamos de vislumbrar al amparo de nuestra razón, más cuando la razón no alcanza el todo, buscamos aliados e inspiradores que trasciendan nuestras limitaciones.

La música es uno de ellos, eleva y trasluce, como en La muerte del comendador de la mano de las bellas melodías de El caballero de la Rosa de Ricard Strauss que escucha con reiteración el protagonista de esta obra. Una música escogida a buen seguro por Murakami para contrarrestar la complejidad de los mensajes que transmite, una ópera muy del estilo mozartiano, ligera y humorística, frente a la politonalidad, atonalidad y paroxismo expresionista de otros trabajos de Strauss. Pero, además de alzarnos cumple una función reparadora, pues vivir es desvivir, transportándonos hacia la eternidad del recuerdo en los que se quedan. También lo es el abrir la mente a lo que escapa a lo contrastable, a lo racional y nos arrastra a lo sobrenatural y aloja en la esperanza, aunque sintamos soledad y desasosiego existencial.

Somos socializados en el equilibrio, en la inhibición de nuestros instintos, ello nos ha hecho más humanos, al tiempo que menos soberanos de nuestras decisiones, pues somos sujetos sociales y culturales. Y posibilitó que conquistáramos estadios cada vez más avanzados de buena convivencia, a pesar de que todavía existan amplios resquicios de intolerancia.

Y gracias a nuestra amplitud de miras, a ser artífices de ficciones como la que nos ocupa, colmadas de inspiraciones al ritmo de hermosas armonías musicales, consentimos navegar por los sinfines de anhelos, sueños, ilusiones y fracasos.

Este verano podrán vivir y desvivir en plenitud si deciden adentrarse en esta inquietante composición literaria. ¡Una noria de emociones mientras la vida sigue y sigue!