LA MOCIÓN DE CENSURA QUE NO HIZO PRESIDENTE A IGLESIAS TURRIÓN. I. EL DESARROLLO DE LA SESIÓN

La votación de la moción de censura presentada con Iglesias Turrión como candidato ha culminado como se preveía: sólo han votado al Secretario General de Podemos sus Diputados, sus aliados de las Mareas, de Compromís y de Barcelona en Comú, Esquerra Republicana de Catalunya y Bildu. Concluido el espectáculo conviene examinar: I) como se ha desarrollado la sesión; II) a quién ha beneficiado el debate; III) a quien ha perjudicado; y IV) y consecuencias futuras del debate. Glosaremos hoy el desarrollo de la sesión dejando los restantes puntos para la próxima semana.

El debate se ha parecido poco a las anteriores sesiones con moción de censura de 1980 y 1987. La intervención de la Diputada Montero y la del candidato han sido desmesurados pero cortos de propuestas para gobernar (“expondrá ante el Congreso el programa político del Gobierno que pretenda formar” reza el artículo 99.2 de la Constitución). Montero e Iglesias Turrión castigaron a la Cámara no sólo con horas de incontinencia oratoria (lo que dijeron se habría expuesto bien en media hora) sino con una verborrea caribeña (como ha dicho un ilustre sociólogo español) impropia de un Parlamento democrático aunque, como comentaremos la semana próxima, esa excesiva prolongación debió estar pensada para que el primer día no hablara el portavoz socialista, dejando el cara a cara para Podemos y para Rajoy. ¿El contenido? Desprecio a la democracia representativa (Montero se quejó de esta acusación que se formula contra Podemos), adanismo, desprecio al Estado democrático español (el “régimen” de 1978), voluntad oculta pero perceptible de romper España y, sobre todo, hacer visible la confrontación Partido Popular–Podemos, como si no hubiera otros partidos en el Parlamento.

La intervención de la Diputada Montero fue excesiva y vana. Algún comentarista radiofónico y La Vanguardia dicen que es buena parlamentaria pero no lo es. Es buena para agitar en una asociación de vecinos o en un grupo de okupas pero el debate parlamentario (como vio bien Joaquín María López hace más de siglo y medio) no consiste en una concatenación de tópicos y latiguillos sin sustancia, sin coherencia y hasta sin gracia. La desmesura de Montero no sólo es de oratoria sino también conceptual como se vio al arrogarse, nada menos, la representación de las mujeres españolas. Y, como también le pasa a Iglesias Turrión, al carecer de medida y de contención carece asimismo del sentido del ridículo. La Diputada Montero quizá sea de los mejores parlamentarios de Podemos, pero es deficiente y no tiene aspecto de que mejore con el tiempo.

Iglesias Turrión actuó con su prepotencia y adanismo habituales. En primer lugar dedicó gran parte de su intervención a la corrupción, algo que correspondía esencialmente a su telonera. Fue reiterativo, tosco como el Manual soviético de Nikitin y dejó agotados a los Diputados que no eran de su Grupo. Tras la corrupción, hizo un curioso canto a España, a la España popular y no oligárquica, al que sólo faltó la letra de Cecilia. No se puede decir que tuviera un momento brillante sino cursi. A continuación debió pensar que ya que es profesor de Geografía también puede serlo de Geografía e Historia. Con unos conocimientos históricos cogidos con alfileres torturó a la Cámara con una lección de Historia de media hora larga de duración: Marta Harnecker convertida en manual de Historia pero explicada con exceso de pedantería en el que no habría incurrido la chilena.

Con tanta lección de historia y tanta descripción de España, Iglesias Turrión llegó agotado al programa de gobierno, que es para lo que estaba hablando. Y aquí fue breve (pero no conciso), simplón (muchas de las pocas cosas que propuso las asumiría hasta Ciudadanos) y con un programa de gobierno fácil. En primer lugar, llama la atención que al menos una parte de esas propuestas no hayan sido presentadas bajo forma de diversas iniciativas parlamentarias pero en segundo lugar, llama la atención su contenido tan poco revolucionario aunque rodeada de hojarasca antioligárquica. Con eso se demuestra que en realidad Podemos emplea un lenguaje pseudo-revolucionario para distinguirse del PSOE pero carece de programa político propio.

En la última parte del discurso, Iglesias Turrión se puso enfático al hablar del tema autonómico con su larguísima (habló una por una de todas las Comunidades Autónomas) y pedante lección sobre el problema autonómico, lección que leyó pues se notaba que alguien se la había escrito (citó al alemán Georg Jellinek como si fuera anglosajón). El autor del texto que leyó el Secretario General de Podemos es un constitucionalista rancio, intelectualmente perezoso, que se ha pegado a la dicotomía plurinacionalidad/derecho a decidir como si fuera de auto de fe (sin saber que probablemente tras Anselmo Carretero fue Dolores Ibárruri que habló a comienzos de los setenta sobre una España multinacional y que desde entonces sólo la extrema izquierda y los nacionalistas lo aceptan de buen grado) y por ello Iglesias Turrión nos volvió a dar una lección soporífera de historia con varios errores (llegó a afirmar que el Estatuto de Cataluña es anterior a la Constitución, con legitimidad propia) pero por resumir su extenso mitin diremos dos cosas. La primera, que quiere extender el derecho a decidir a media España. La segunda, que hizo un llamamiento para que el PSC vuelva al nacionalismo que le llevó a su ruina.

Sobre el primer punto, la fracción “anticapitalista” de Podemos ha desvelado su pensamiento antes de tiempo, pues lo que quiere esta extrema izquierda es la ruptura territorial de España con la esperanza de que ello provoque una revolución social. Si Iglesias Turrión supiera algo de Historia de España y no se limitara a leer lo que le escriben otros, sabría que el exceso de tensiones territoriales en España no desemboca nunca en una revolución social sino en una dictadura.

Sobre la amistosa recomendación al PSC, hablaremos la próxima semana con detenimiento.

Por último, Iglesias Turrión tuvo momentos deliciosos como cuando afirmó que las Leyes están para cumplirse (¿también en Cataluña o allí hay bula?), cuando repitió latiguillos de las campañas electorales del PCE de 1977 y 1979, cuando afirmó que en la votación de marzo de 2016 el tiempo les ha dado la razón o (y esto es esplendoroso), cuando pidió a un miembro del Gobierno que mantuviese las formas y el decoro parlamentarios. En ese momento la Diputada Bescansa, que metió de contrabando un bebé al Pleno, aplaudió con muchas ganas. También debe reseñarse que fraudulentamente, al replicar a su propio Grupo Parlamentario, quiso señalar al PSOE la senda que debía seguir. Dejamos para otro momento las repetidas incorrecciones gramaticales y léxicas de Iglesias Turrión (“bancada” en lugar de “banco” o de “escaños”, “Señor Mariano Rajoy” en lugar de “señor Rajoy” o de “don Mariano Rajoy”, etc.).

Las intervenciones de Rajoy, en que debatió no sólo con Iglesias Turrión sino también con la Diputada Montero, son muy reveladoras de la complicidad del Partido Popular con Podemos. Pero de eso hablaremos en la segunda parte de este artículo.

La intervención de los siguientes portavoces se desarrolló como era de esperar: entrega de Esquerra y Bildu, desconfianza social de PDC, rechazo del PNV (al que Iglesias Turrión se permitió recomendar que se le rebelaran como los secesionistas catalanes). Llama la atención la mutua dureza con Ciudadanos, cuando se dirigen a votantes diferentes.

Merece la pena glosarse la intervención del portavoz socialista, José Luis Ábalos. Fue un discurso sobrio, bien expuesto por una persona que por vez primera actuaba como portavoz, que fue capaz de criticar el engendro que propone Podemos en materia de derecho a decidir de las nacionalidades. Pero pecó de suavidad con Podemos, cuando todo el mundo sabe que la moción de censura se ha presentado más contra el PSOE que contra Mariano Rajoy. Y tampoco fue afortunado al hablar del derecho a votar de los catalanes, que resultó excesivamente ambiguo, dados los antecedentes ambiguos del PSC. Más complejo era el tema del voto en contra o de la abstención. El PSOE al final se abstuvo, pero hay mucho electores y bastantes militantes que siguen pensando que era el momento de castigar a Podemos que ha montado una operación que, como veremos a semana próxima, no beneficia al PSOE. Pero esa decisión rebasa al portavoz Ábalos que, dada la situación precongresual del PSOE y la complicidad Podemos-Rajoy, Ábalos hizo lo mejor que se podía.