LA MINORÍA SILENCIOSA

sotillos101215

Millones de españoles y españolas siguen con gran pasión los debates electorales de variado formato que programan para mayor lucimiento de sus organizadores los grandes medios de comunicación audiovisual. A la cabeza de la rentabilidad de estas audiencias se sitúa hasta ahora el grupo Atresmedia-Antena 3,La Sexta y Onda Cero -de variada y hasta contradictoria orientación ideológica en su propiedad-.El grupo Prisa, carente de una licencia televisiva, innovó con la utilización de Internet, pero multiplicó el mensaje gracias a la resonancia de El País y la Cadena SER, líderes en sus respectivos campos…y a la inesperada colaboración de 13TV, la cadena episcopal, que difundió la señal y la ahormó a su propia conveniencia. El día 9 de diciembre, TVE se vio en la obligación, por mandato de la Junta Electoral, de ocupar su “prime time” con un debate inédito en el que participaron la mayoría de las fuerzas con representación parlamentaria y las llamadas “emergentes”. Se sumaron a la transmisión muchos de los canales autonómicos. Se estima, así, una audiencia en torno al 12 % del “share” nacional. Todo hace prever que el día 14 de diciembre se batan todos los records con el “cara a cara” entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, producido por la Academia de Televisión y el incombustible Campo Vidal, que será difundido por todas las cadenas públicas y Atresmedia.

Dejo para otra ocasión el análisis, puramente político, del resultado de estos debates y del resto de incontables programas de entretenimiento a los que se han visto forzados a asistir todos los candidatos en esta campaña que no ha estado dirigida por los equipos electorales de los partidos, sino por los cuadros dirigentes del poder mediático, a su mayor gloria. Y hasta a un grado de imposición de sus reglas que ha llegado a parecernos ofensivo a quienes seguimos pensando que las personas que encarnan un proyecto político y representan la voluntad de muchos ciudadanos no tienen por qué plegarse a las conveniencias de un espectáculo. Valga el ejemplo del Debate a cuatro, con unos candidatos forzados a permanecer de pie, sin ningún apoyo físico, durante horas, y al albur de la buena o mala intención del tribunal examinador. Confieso que no entiendo por qué lo aceptaron. Y si lo entiendo crece mi preocupación por una deriva del papel de los políticos, sometidos a la sutil dictadura de los Consejos de Administración de los holdings mediáticos.

La evidencia más clamorosa es la necesidad de una regulación el uso de los medios durante las campañas electorales, que ponga el centro de atención en el derecho de los ciudadanos a recibir información y garantizar la pluralidad, más allá de los caprichos y las modas. Una tarea más para el nuevo Parlamento. Mientras tanto, vale la pena llamar la atención sobre el comportamiento del otro gran grupo del duopolio televisivo, el compuesto por Telecinco y Cuatro, que ha optado por permanecer ajeno a la pela por los debates y ofrecerse como refugio de los millones de espectadores que se sienten saturados por la sobredosis de mensajes electoralistas .Los que prefieren las recetas de “Master Chef” a discusiones sobre la “cocina” de las encuestas. Parece arriesgado identificar automáticamente a esos españoles con el abundante núcleo de indecisos que reflejan los sondeos o con quienes optan por la abstención. Puede ser, simplemente, que se trate de ciudadanos que ya han decidido el sentido de su voto en función de su propia valoración de los últimos cuatro años, de su balance personal, y que no van a modificar sus convicciones a impulsos de una frase afortunada o un “minuto de oro” que intente borrar el efecto de muchas horas de plomo.

Cuando todo hace pensar que la máxima aspiración del partido gobernante es alcanzar un 30% del voto, y con ello garantizarse la continuidad, no cabe hablar ya de “mayorías silenciosas”, sino de minorías significativas y decisivas. Seguramente es un dato que conocen y valoran los equipos asesores de los grandes partidos, pero que el resto sólo podemos intuir escudriñando los gestos y los tonos de voz en los mensajes de los líderes. En eso estamos.