LA LIMITACIÓN DEL MANDATO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Hace unos días, concretamente el 27 de diciembre, el diario ABC informó que Ciudadanos propone que el Presidente del Gobierno limite su mandato a dos legislaturas. Según este diario, el Vicesecretario General del nuevo partido conservador cree que con modificar la Ley del Gobierno de 1997 se podría limitar el mandado de los Presidentes a sólo dos legislaturas. Las ocurrencias constitucionales de Ciudadanos son constantes y, normalmente, de muy poca entidad pero esta propuesta merece un cometario.

La limitación de mandatos del gobernante apareció, como es sabido, en el constitucionalismo iberoamericano por la desconfianza hacia la perpetuación en el poder que se identificaba con la Monarquía española. Por este motivo, Argentina limitó la reelección a una sola vez y exigió una votación parlamentaria mucho más elevada (Constitución de 1819), Chile limitó a dos los mandatos presidenciales pero redujo el tiempo del segundo mandato (Constitución de 1822) y Méjico estableció la renovación anual de su Presidencia colegiada (Constitución de 1814). Desde entonces, y hasta hoy, en Iberoamérica la limitación y hasta la prohibición de la reelección presidencial es un dogma que muy pocas veces se flexibiliza. En cambio, uno de los ejemplos más conocidos de prohibición de la elección presidencial, el de Estados Unidos, donde el Presidente sólo puede concurrir a una relección, es bastante reciente porque no se implantó hasta 1951 cuando se aprobó la Enmienda 22 de la Constitución.

Pero ha sido en Estados Unidos cuando en la década de los noventa del siglo pasado se extendió la propuesta de limitar todos los mandatos representativos. En aquel entonces se publicaron, entre otros títulos, Limiting Legislative Terms que editaron Gerald Benjamin y Michael J. Malbon (Washington, D. C., 1992) o Why Term Limits? Because They HaveIt Coming! de John Charles Armor (Ottawa, Ill., 1994) y lo llevó al debate electoral el republicano ultraconservador Newt Gingrich quien en su Contractwith America (Washington, D. C., 1994) propuso limitar el mandado de Representantes y Senadores. Ciudadanos no ha descubierto nada nuevo.

Con estos antecedentes, conviene examinar la acomodación de la propuesta de Ciudadanos y también su pertinencia política.

Desde el punto de vista jurídico, entiendo que limitar hoy la duración del mandato del Presidente del Gobierno (es decir, limitar las posibilidades de reelección) no está amparado por la Constitución a pesar de lo que cree Ciudadanos. La Constitución no pone ningún límite ni condición a las cualidades personales de la persona que es propuesta por el Rey para solicitar la investidura del Congreso. Por no poner exigencias, la Constitución ni siquiera obliga a que el candidato a Presidente tenga la condición de Diputado pues puede no tener la condición de parlamentario (artículo 99.1 y 2).

Poner condiciones y óbices especiales a las cualidades personales del candidato que propone el Rey (concretamente, haber sido Presidente durante un determinado tiempo anterior) supondría imponer una triple limitación: a los Grupos políticos con representación parlamentaria que transmitirán al Rey su disponibilidad de votar a un determinado candidato), al propio Rey que tiene la facultad de proponer el candidato al Congreso de los Diputados y, en fin, a este Congreso que puede elegir Presidente sin otros límites que votar a un español mayor de edad que no esté incapacitado. Por eso la triple limitación a los diversos sujetos que integran órganos constitucionales dotados de gran autonomía en el ejercicio de sus funciones (el Rey y el Congreso) no podría realizarse sin la previa reforma de la Constitución. En cambio, desde el punto de vista subjetivo del candidato esa limitación no conculcaría el derecho fundamental a acceder a funciones y cargos públicos porque el artículo 23.2 contiene una remisión a los requisitos que establezcan las Leyes. Lo que está jurídicamente vedado es limitar sin fundamento constitucional la forma de ejercitar las atribuciones de los titulares de los órganos constitucionales (el Rey), de los propios órganos (el Congreso de los Diputados) o de otros sujetos a los que la Constitución atribuye ciertas funciones (los Grupos políticos con representación parlamentaria).

Llegados a este punto, la pregunta que surge es ¿debería reformarse la Constitución para que el Presidente del Gobierno sólo sea investido dos veces? Es cierto que es una reforma no agravada que se realizaría conforme al artículo 167 de la Constitución, lo que sólo requiere una mayoría de tres quintos de cada Cámara. Pero Podemos ha manifestado en varias ocasiones que si en esta legislatura se produce una reforma constitucional ex artículo 167 solicitará que la misma sea ratificada en referéndum y como tiene Diputados suficientes (sólo se necesita que lo soliciten treinta y cinco), entraríamos en un episodio de confrontación del estilo de los que tanto gustan a los populistas.

Pero más allá del eventual referéndum lo que hay preguntarse es qué se gana con la limitación de mandatos cuando la historia desde 1978 nos enseña que sólo el Presidente González repitió más de dos legislaturas.

La primera pregunta a hacerse es si merece la pena renunciar a la posibilidad de que los ciudadanos (a través del Congreso) puedan elegir cuantas veces quieran a un dirigente en una situación política compleja cuando en la práctica esa reelección sólo se ha producido con un solo Presidente en treinta y nueve años pues sería absurdo prohibir absolutamente la reelección del Presidente como si en tierras mejicanas estuviéramos. Según ABC, Ciudadanos lo pide “como signo de regeneración política” pero esa regeneración política no aparece por ningún sitio. ¿Qué conexión encontramos entre esa tan cacareada regeneración política y el hecho de que el Congreso, tras la correspondiente elección, sea capaz de entablar la relación fiduciaria con una persona que ya ha recibido la confianza del mismo Congreso en las dos anteriores legislaturas? ¿No es reducir el margen de elección del cuerpo electoral? ¿Es menos legítimo un Presidente del Gobierno que repite una tercera legislatura si su partido ha obtenido suficientes escaños?

La segunda pregunta es si está justificado limitar la reelección de sólo el Presidente del Gobierno o no habría que limitar también la reelección de los parlamentarios y poner una duración determinada a los Ministros. ¿Sólo a los Diputados, Senadores y Ministros? ¿Y por qué no también a los Secretarios de Estado, Secretarios Generales y Directores Generales de los Ministerios? ¿Sólo en el ámbito del Estado y de su Administración General? ¿No habría que implantar límites en las Comunidades Autónomas y en las Entidades Locales? Porque no parece sensato poner límites a los Presidentes del Gobierno y no hacerlo a Alcaldes, Concejales, Presidentes y Diputados autonómicos y Diputados y Senadores. Y siguiendo ese razonamiento, ¿está justificado poner límites temporales a los políticos y no los miembros de los consejos de administración y demás directivos de las sociedades participadas presentes en el IBEX?

Entre los elementos negativos de la ruptura del bipartidismo imperfecto que se ha producido en 2015 es la aparición de partidos de nuevo cuño enfermos de adanismo e incapaces de hacer una reflexión rigurosa de la vida política, que se dejan llevar por la primera estupidez que se le ocurre a alguno de sus dirigentes o de sus ideólogos y lo proponen urbi et orbe como otra gran panacea regeneradora. Esperemos que en las próximas elecciones el electorado valore debidamente a estos vendedores de humo.