LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS

En ocasiones las cosas no parecen lo que son, a veces parecen y no son e, incluso, valga la casualidad, parecen lo que son. En el fondo es la diferencia entre el ser y el estar: parece que eres al estar y el estar parece que sea. Me encontraba en estos pareceres, Hegel y Marx aparte, con una pasada por Isidoro de Sevilla (“rex eris si recte facies, si non facias, non eris”) cuando apareció la reencarnación de Esperanza Aguirre en versión punto 9. Se llama Díaz Ayuso, se dice especializada en comunicación política, y claramente no es de este mundo. Visiones como esta te llevarían a deslocalizar Fátima o a un psiquiatra de urgencias (según tus creencias). En mi caso, concluyo que en ocasiones veo espectros políticos robando cuerpos. Les fue bien en otra vida y ahora adoptan formas y pareceres de ocasión. Está claro que teniendo poco conocimiento, haga lo que sea para que hablen de ella. Y que en esa de loca por la música dé el cante con la letra. Pero, por favor, algunas cosas solamente se explican mediante la posesión. Y el tándem espiritual Aguirre-Ayuso es lo que manifiesta.

No es un caso aislado de político médium. Así, Aznar en los 90 se esforzó en ser y no parecer. Era una derecha acomplejada en las apariencias, pero de manos libres en la disposición de los recursos públicos. En los favores a los amigos, en las legislaciones de “Estado”. Vete a saber con lo de a la vejez viruelas (y ciruelas, que favorece el tránsito): en cabeza ajena se empeñó que otro empeñara y desempeñara aquello que lo despeñara, y que él ya en su momento desdeñara. En que fuera y pareciera. Ese afán neopositivista de FAES los llevó donde están y Casado se divorció de su electorado. Tremenda paradoja. La principal causa de la crisis del PP ha sido su literalidad galopante, queriendo parecer lo que son cuando siempre triunfaron pareciendo ser lo que no eran. Y si no, que le pregunten a Gallardón hijo. Con ello, entre el ectoplasma de Ciudadanos (ser es una cuestión de parecer o busquen al líder de la oposición) y la mala baba de Vox (que sí que son lo que parecen), se quedaron en alma de cántaro. Electoralmente hablando.

Para comprender la política española hay que asumir que en parte es un problema de espiritismo. Demasiados fantasmas errantes, buscando cuerpo y cargo para volver al presente. En la nueva formulación del paradigma, es la conocida como teoría del botijo. Tiene un elevado valor sentimental y nostálgico, pero una nula funcionalidad desde la invención del agua corriente, y nadie se sabe dónde colocarlos sin descolocarse. Son muchas las preguntas. ¿Volveremos a ver más posesiones ideológicas? ¿Incluirán algún exorcista en los debates políticos? ¿Necesitarán agua bendita? ¿Les vendría bien un botijo?

A la vuelta de la esquina están las elecciones municipales, algunas autonómicas y las europeas. Y el clima está frío-frío. En política pasan cosas raras cuando la participación se pasea por lo extremos (o la abstención se concentra en el mismo patio). No deberá sorprender a nadie lo que pase en un contexto donde ir a votar es un acto de fe democrática entre dos mundos. El más acá de lo local y el más allá de lo europeo. Y claro, las autonómicas entre dos aguas. Aquí, en mayo, resolveremos tres hipótesis: la teoría del contagio (como una ola, que cantaba Rocío Jurado), la teoría del reflujo (con Liam Neeson haciendo de votante del PP en busca de venganza mientras la izquierda practica el a mí plin…) y la de “cada uno en su casa y la democracia en la de todos”, también conocida como “piedra, papel, tijera”, donde cada candidato aguanta su vela, cada vela ilumina su local y cada local juega su partido. Por eso, la previsión electoral es de tiempo inestable con chubascos dispersos de “el patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás” (teoría del contagio), fuertes rachas de “Ratón, que te pilla el gato, ratón, que te va a pillar. Si no te pilla esta noche, mañana te pillará” (teoría del reflujo) y, por último, marejadillas de “A tapar la calle que no pase nadie” (o que cada palo aguante su vela). Y sí, es un resumen de lo que vendrá.