LA INCERTIDUMBRE Y EL RIESGO EN LA SOCIEDAD ACTUAL

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Desde finales del pasado siglo autores como Ulrich Beck, Zygmunt Bauman, Anthony Giddens o Alain Touraine han dedicado buena parte de sus trabajos a reflexionar sobre el tránsito, en las últimas décadas, desde la que consideran primera modernidad, fundamentada en el Estado-Nación, la familia y el trabajo como elementos identitarios y de socialización básicos, a la segunda modernidad caracterizada por la crisis de la sociedad laboral, la flexibilidad y el riesgo, bajo el predominio del individualismo como valor social.

Mientras Beck desarrolló la idea de que estamos instalados en la “sociedad del riesgo”, Bauman nos habla de la “sociedad líquida”, Giddens define a la sociedad actual en términos de “modernidad reflexiva” y Touraine utiliza el concepto de “tardomodernidad”. Y todas estas perspectivas tienen en común que enfatizan la extrema fragilización de los vínculos sociales, en un entorno de inseguridades y desprotecciones de gran alcance para buena parte de la ciudadanía.

Basta para comprobarlo que presentemos algunos datos recientes sobre nuestro país, dejando para fechas próximas un análisis sobre la situación internacional:

  1. Según la Encuesta europea de habilidades y empleos, el 57% de los españoles estima que no logrará un trabajo acorde a su formación. Además el 27% de los jóvenes graduados se sienten sobrecualificados para realizar la actividad laboral que desempeñan (700.000) y un porcentaje similar manifiesta tener pocas opciones para mejorar su formación. El 31% aprecia que sus habilidades no han mejorado desde que comenzaron a trabajar y un 28% sostiene que sus trabajos les ofrecen poco margen para desarrollarse y crecer profesionalmente.
  2. En el curso académico 2009-2010, en plena crisis económica, terminaron sus estudios universitarios 197.535 jóvenes, de los cuales en el año 2014 el 43% disponía de contratos indefinidos, el 34% había accedido a contratos temporales, 1 de cada diez seguía en prácticas como becario y el 7,9% no había conseguido trabajo alguno.
  3. Si analizamos comparativamente la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2015 con la del mismo periodo en el año 2011 se detectan seis tendencias fuertes: actualmente hay una menor tasa de actividad laboral, hay menos personas ocupadas, hay menos contratos indefinidos y más contratos temporales. Hay más parados mayores de 50 años y más parados de larga duración.
  4. La brecha salarial ha crecido. El salario medio en España 2014 se incrementó un 0,65% (12,2 euros) y ascendió a 1.881,3 euros. Esta ligerísima recuperación se debió al aumento de las remuneraciones de los que más perciben. De forma que la distancia entre unos y otros se ha ampliado, concretándose en una elevación de los sueldos de los varones y en una bajada de los de las mujeres y los jóvenes.
  5. La última Memoria Oficial de Rentas Mínimas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, con datos relativos al año 2014, reveló que las rentas mínimas de inserción se duplicaron respecto al año 2013, materializándose en 80.645 familias. El perfil mayoritario fue el de mujeres de entre 35 a 44 años con pareja, hijos a su cargo, nivel de estudios primarios y vivienda en alquiler. Por otro lado, se constató un aumento de las personas que perciben esta renta con estudios universitarios o de Formación Profesional Superior. Asimismo, se acrecentaron las ayudas de emergencia social, que pasaron de 441.155 en 2013 a 498.188 en 2014 (de las cuales 242.373 fueron destinadas a mujeres). Pese a ello la inversión pública disminuyó en los años de referencia de 117,6 a 113,3 millones de euros.
  6. El gasto en protección frente al desempleo en el año 2015 y hasta septiembre del mismo año ascendió a 15.644 millones, un 16,9% menos que en septiembre de 2014, traduciéndose en que más de dos millones de parados no recibieran ningún tipo de ayudas de empleo.

Como vemos la incertidumbre ha alcanzado de lleno a nuestro país y como si en una máquina del tiempo nos condujéramos, estamos retrocediendo hacia un pasado oscuro que proyectado hacia el futuro deja serias dudas sobre una perspectiva razonable de bienestar en el horizonte del siglo XXI. Y la injusticia se ha apoderado de nuestro día a día en la que para José Félix Tezanos, tal como desarrolla en su trilogía del año 2001 y 2002 La sociedad dividida, El trabajo perdido y La democracia incompleta, es una “sociedad dividida”, que lleva de sí un tipo de “ciudadanía decaída y/o precarizada”, en un contexto en donde la concentración extrema del poder y la riqueza suscita peligros de declive democrático y serias rémoras en las condiciones de vida humana.

Para Bauman la situación es de tal envergadura que la sociedad produce “residuos humanos”, hombres y mujeres que son considerados inútiles para el funcionamiento del sistema y, en orden al espíritu que orienta las políticas neoliberales de nuestros días, son conducidos hacia la indigencia en sentido integral (parados de larga duración, desempleados sin ayudas públicas, trabajadores precarios, trabajadores pobres, personas “sin hogar”…).

En palabras de Bauman en su obra del año 2005 Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias: “Los problemas de los residuos “humanos” y la eliminación de residuos “humanos” pesan mucho y para siempre en la sociedad líquida, moderna y consumista cultura de la individualización. Saturan todos los sectores más relevantes de la vida social y tienden a dominar las estrategias vitales y alterar las más importantes actividades de la vida, alentándolas a generar sus propios derechos sui generis: relaciones humanas malogradas, incapaces, inválidas o inviables, nacidas con la marca del residuo permanente”.

En un escenario de estas características, en donde la sociedad “marca” y determina la deriva de nuestras vidas, la vulnerabilidad extrema, en otros momentos vinculada a grupos sociales marginales, se extiende hacia franjas cada vez más amplias de la población y diluye la expectativa de vivir calmadamente.