LA GOBERNABILIDAD DE ESPAÑA O ASALTAR LOS CIELOS. DIFICIL DECISIÓN

frutos250216

Parece que las cartas para la formación de un gobierno para España están ya todas encima de la mesa. Siempre caben sorpresas de última hora y no seamos, como los tertulianos al uso, deterministas. Por ello parece conveniente que en esta guía imposible de la política española establezcamos una serie de ideas fuerza que humildemente permita ordenarnos los pensamientos para el futuro.

  • Podemos no se ha levantado de ninguna mesa de negociación, pues nunca estuvo sentado, está en su marxiano asalto del edén.
  • El PP se ha convertido en una Numancia política capaz de sacrificar a todos sus miembros y suicidarse en lugar de propiciar una renovación y transparencia ante el asedio de la corrupción que le rodea.
  • El PSOE ha tomado el camino más difícil, en un ejercicio de responsabilidad que tal vez no sea comprendido por los ciudadanos.
  • Ciudadanos ha hecho, sin duda, una apuesta valiente buscando un pacto de gobernabilidad, pero ello le va a obligar inexcusablemente a conformar toda su acción política en coherencia con lo pactado.

Merece comentar los que han querido quedarse fuera de la pista.

Rajoy y su partido se han convertido en un barco a la deriva sin velas ni brújula y con una opción peligrosa en el horizonte, transformarse en un grupo que su único objetivo sea bloquear a los demás.

El caso de Podemos es más significativo, a la par que preocupante, por su actitud y por las pruebas que da de su aptitud para ser una fuerza política de gobierno en España. La democracia tiene sus reglas y sus principios. El 20% de los votos es eso, y no el 100%; y considerar, tanto en el discurso como en la práctica, que se es más, es un viejo atisbo de “vanguardia revolucionaria” dejado ya muy atrás en la historia. Convencer de sus argumentos con una visión cósmica de los procesos políticos e interpretar reiteradamente lo que piensa y quiere la sociedad (o la militancia y votantes de otros) pertenece a una concepción política de la izquierda que la Historia y la vida diaria han demostrado como errónea. La política progresista es cambiar lo injusto, avanzando desde lo posible, no desde lo utópico a lo irrealizable.

Centrar el objetivo en lo orgánico, como hace su propuesta, y no en lo material es incoherente, pues lo esencial es qué hacemos y lo secundario quién lo hace. Lo contrario es personalismo, poniendo un epíteto suave. No menos incoherente que decir que persigues que Cataluña permanezca en España, sin modificar previamente el marco que haga atractiva esa permanencia y dé la vuelta a la situación de conflicto actual. La calidad de nuestra democracia ha pasado a ser un problema, pero que solo se mejora si consensa con la mayoría que quiere regenerar y no con la arrogancia de “solo hay democracia si estoy yo”. Aparte de arrogante es preocupante.

Mis amigos votantes de Podemos son ciudadanos frustrados en lo que ha devenido el sistema político como consecuencia de la crisis económica, entendible, pero no son “ni revolucionarios ni curas”, Iglesias dixit. Son personas que quieren tener certidumbres sobre su futuro. No están dispuestos a vivir bajo el estigma de la izquierda en la transición del “contra Franco se vivía mejor”. Política de izquierdas es transformar desde la legalidad y el pacto (sería bueno que recuperaran a Carrillo como personaje de referencia). No está “en nuestras pelotas” (Iglesias dixit) cambiar las cosas, está en el diálogo con todos y en la renuncia a lo absoluto, algo que es esencial a la democracia y que evita el conflicto y el enfrentamiento. Algo que parece lejano a sus discursos públicos, donde los términos “combate”, “guerra”, “bloques” se usan de forma reiterada. Insisto, los que yo conozco no son ni curas, ni revolucionarios, ni tienen en su pensamiento cercano acudir a ninguna barricada. Más propensos a que la Guardia Civil realice su benemérita labor en sus problemas a pegarse con ellos.

Hay demasiados excesos de esencialismo, a derecha e izquierda, y poca intención regeneradora. Muy poca pedagogía política y mucha testosterona. Y sobre todo un exceso de frivolidad y bastante de ignorancia, tanto en algunos de los operadores como en los ociosos cronistas de las tertulias televisivas, donde la imagen efectista y bronca sustituye al verbo sosegado. Pero, claro, todos conocen la famosa canción de  Bruce Woolley “Video Killed the Radio Star” (el vídeo mató a la estrella de la radio).