LA GLOBALIZACIÓN DEL TERROR

noguera230316

Cuando se produce un atentado, uno más, como el ocurrido en Bruselas, todas las noticias quedan empequeñecidas. Prácticamente no hay nada más de que hablar, porque la brutalidad y la irracionalidad de arrebatar la vida a personas inocentes con un atentado dirigido a fomentar el terror, no tiene nombre, no hay palabras suficientes para detallar el dolor, el sufrimiento, la barbarie.

Tampoco se puede explicar el por qué de estas acciones fundamentalistas, aunque intentemos buscar causas y orígenes. Pero todo es más complejo de lo que parece. Los sentimientos que se entremezclan en un atentado así son diversos depende de las personas que participan en distintas escalas: poder, control, venganza, humillación, convicción fundamentalista, …

Europa está en el punto de mira de los atentados yihadistas, como también lo están otros países musulmanes que, desde hace mucho tiempo, vienen sufriendo atentados, represiones, brutalidades, y, allí donde los fundamentalistas se imponen, se establece un estado de terror que va más allá de la pérdida de derechos, es la violación sistemática de las personas bajo la locura de los fanáticos.

¿Qué hacer ante la globalización del terror?

Por más medidas de seguridad que pongamos en aeropuertos, en fronteras, en entradas a los países europeos, cada vez es más fácil hacer un daño tan brutal e irracional si quien lo comete está dispuesto también a inmolarse.

Europa debe actuar unida, con la cabeza fría, con las medidas de seguridad necesarias para proteger a la ciudadanía, pero sin olvidar que no solamente Europa sufre estos atentados, sino que quienes huyen de la guerra de Siria, las niñas de Boko Haram, los atentados de Irak o Afganistán, o los países del sur de Asia o de África que sufren el fundamentalismo islámico desde hace tiempo.

Porque el odio de estos movimientos terroristas no es sólo contra Europa, sino también contra los suyos, contra aquellos musulmanes con los que podríamos convivir en paz.

No podemos entender la radicalización que se fundamenta en el terrorismo y no hay justificación para ello.

La escuela, la integración social, la tolerancia y el respeto, todo son medidas absolutamente imprescindibles para fomentar la convivencia entre culturas y religiones diferentes, pero la base de los movimientos terroristas de Isis no buscan el punto de consenso, no buscan nada con lo que negociar, porque ni siquiera aceptan el respeto a su propia religión, a los suyos, a quienes practican el Islam desde la paz.

Desde que ocurrió el 11-S, nos encontramos con un nuevo fenómeno que tiene, al menos, dos características atípicas:

  • Por un lado las víctimas. Asumimos que en las guerras hay víctimas, pero aquí no estamos en guerra. Son atentados terroristas sin un conflicto aparente que resolver, no se sabe qué hemos de solucionar. Y eso es lo que genera la gran incertidumbre. Las víctimas son imprevistas, están en cualquier parte, da igual su condición, son ajenas a un conflicto del que se desconoce su por qué.
  • Por otra parte el terrorista. No es un asesino que huye, que tiene miedo a la represión, que reivindica unas razones (aunque sean ilegítimas o injustificadas) ante la violencia que genera. El terrorista fundamentalista no tiene aprecio ni por su propia vida. No le importa morir. Siendo así, ¿con qué palabras se puede negociar ante alguien cuya misión no pertenece ni a esta lógica social ni política?