LA GESTIÓN DE LO PÚBLICO DE RAJOY

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Lo que ocurre en España no deja de ser sorprendente y anómalo, lo que indica que todavía hay grandes lagunas en la democracia de nuestro país, especialmente en algún partido político, en concreto, en el partido que nos gobierna, el PP.

Su candidato a la presidencia, Mariano Rajoy, se permite pasearse por bares y parques pero renunciar a ir a debates con el resto de candidatos, en un alarde de orgullo, vergüenza y cobardía, pero que sus militantes se lo permiten sin poner el grito en el cielo.

Al mismo tiempo, da lecciones de “experiencia y gestión”, avisando a los españoles del desastre que puede suponer que gane la inexperiencia del resto de candidatos.

Nadie duda de la experiencia de Rajoy, pues lleva en el cargo público desde que vestía con pantalón corto. Ha sido de todo, tanto en lo público como en los cargos orgánicos de su partido. Y, por eso mismo, su experiencia no cuenta en su haber, sino que supone claramente un demérito, ya que sabe y conoce más de lo que dice. Y si no sabe, pues entonces demuestra poca capacidad de gestión.

Pero resultan nuevamente sorprendentes dos cuestiones: una, que vaya paseando cogido de la mano de Cospedal para alardear de “buena gestión de lo público”, y allí donde han gobernado, lo público ha quedado jibarizado a la mínima expresión, a base de privatizaciones a los amigos, al tiempo que se ha producido el saqueo de las cuentas públicas de la forma más vergonzosa.

Y esa es la segunda cuestión más alarmante. ¿Cómo podemos tratar la corrupción en la campaña electoral como una causa más de la gestión?

Dentro de los temas que se tratan, se habla de educación, sanidad, empleo, violencia de género, descentralización, y también corrupción.

Hemos asumido que es una parte más de la gestión de lo público. ¡Increíble!

Podríamos preguntarnos a la hora de votar si en cualquier país europeo podría seguir al frente de la candidatura alguien que tiene agujereado su partido en casos de corrupción de la mayor índole económica. Porque ya sabemos todos que no se tratan de casos aislados, sino de una forma de “gestionar lo público”. Justamente de eso que presume Rajoy y Cospedal.

Pero, los actuales gobiernos autonómicos se encuentran con irregularidades graves que paralizan su gestión. Véase el caso de la Comunidad Valenciana, que vamos de asalto en asalto con la herencia envenenada que ha dejado el PP, y que ya no se trata de “presuntas” corrupciones, sino que hasta la propia Intervención de la Generalitat y la propia Abogacía realiza informes alarmantes del desfalco de lo público. Se habla ahora de un sobrecoste de más de 700 millones de euros en la construcción de colegios por la empresa pública Ciegsa, creada por el PP para desviar “el dinero público”.

O veáse los últimos casos de comisiones millonarias realizadas por el embajador Gustavo de Aristegui y el senador Pedro Gómez de la Serna, que, con una nota escueta y la boca pequeña, el PP acaba de expedientar para ver si así consigue cercar un nuevo caso de corrupción y trato de favor.

Ahí tenemos también al flamante periodista Nacho Villa, que fue el jefe de la televisión de Cospedal, y que ha gastado en su tarjeta visa “opaca” gastos más que abusivos e indecentes.

Da igual, si no son esos casos, serán más y más y más, muchos que ni siquiera sé si podremos llegar a conocer.

El PP no es hoy un partido más, que se presenta con aciertos y errores a la campaña electoral; es un partido intoxicado que ha utilizado la gestión pública para uso y abuso de sus propios dirigentes, que tiene más sombras que luces, que ha engañado y estafado a conciencia.

Cada vez que Rajoy abre la boca para hablar de “experiencia”, se me ponen los pelos de punta.