LA ÉTICA EN LA EMPRESA

El fraude y la corrupción están en auge, a pesar de los numerosos cambios normativos impulsados por los Estados y del esfuerzo de muchas empresas, que han gastado tiempo y recursos en combatirlos en sus organizaciones, con el incremento de los controles internos. Pero, qué está ocurriendo cuando, según el informe de KPMG, Perfiles globales del defraudador, el 50% de los casos de fraude que investigaron para el estudio en Estados Unidos se produjeron en un entorno muy regulado, el 50% en China, y el 33% en la CEI. Pues que la humanidad, como afirmaba Bertrand Russell, tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica.

Para superar esta contradicción, que es mala en términos éticos, pero también, y cada vez más, en términos económicos, las empresas dentro de su objetivo de obtener beneficios deben en su día a día ser coherentes. Esto significa ser consecuentes con los principios que ellas mismas dicen profesar. Significa ir más allá de la regulación y ser conscientes de la necesidad de establecer una cultura corporativa donde la equidad esté en el centro de todo, tanto interna como externamente. Al tiempo que se destierra el concepto de todo vale. Un todo vale que en el siglo XXI puede reportar beneficios a corto plazo, con contabilidades creativas, miedo y presión laboral, sobornos o estafas que se creen indescifrables. Pero que pueden acarrear la posible desaparición de la empresa en una sociedad donde la reputación cada día es más importante.

Se sabe cuáles son algunas de las principales características del perfil de los defraudadores, siguiendo el análisis realizado por KPMG: a.- La edad del 70% de los defraudadores está comprendida entre 36 y 55 años. b.- El 61% trabajan para la organización afectada, y de ellos 4 de cada 10 llevaban más de seis años en la empresa. c.- En el 70% actuó en connivencia con otras personas. d.- El fraude más frecuente es la apropiación indebida de activos (56%), donde la malversación representa el 40% y el fraude en las compras el 27%. El segundo fraude más habitual es la obtención de ingresos o activos mediante actividades fraudulentas o ilegales (24%). e.-El 72% de todos los fraudes se cometieron durante un período de entre uno y cinco años. f.- El 93% de los fraudes fueron cometidos en múltiples transacciones y, en el 42% de estos delitos, la cuantía media por cada transacción osciló entre 1.000 y 50.000 dólares.

Pero si se quiere reducir al mínimo este problema, hay que ir al fondo del asunto, que son los valores, los comportamientos y las conductas. Hay que recuperar la sensibilidad y saber que cuanto más igualdad, más oportunidad de negocio habrá para todas las empresas. Hay que practicar la ejemplaridad por parte de todos los miembros de las empresas y de los proveedores de las mismas. Y más ejemplar hay que ser cuanto más elevado sea el puesto que se desempeña. Hay que practicar la justicia, ser justos, o lo que los americanos llaman el win-win. Hay que informar y educar para rebelarse y denunciar una corrupción que crea desigualdad, pobreza y destruye empleo.

Existe un grado elevado de agotamiento moral y ético, que puede reflejarse en tres datos del Barómetro Global de Corrupción 2016, de Transparencia Internacional. El primero, es que una de cada tres personas que vive en Europa y Asía Central cree que la corrupción es uno de los problemas más graves que afronta su país. El segundo, es que cuatro de cada cinco ciudadanos en España piensan que su Gobierno no se esfuerza por combatir la corrupción. Y el tercero, es que más de la cuarta parte de los ciudadanos de Europa y Asia Central piensan que los directivos de empresas son altamente corruptos.

Ante semejante panorama, es preciso redefinir una acción colectiva, donde los ciudadanos son los protagonistas. Pero, donde las empresas también deben ser uno de los actores principales. Volvamos a la fortaleza moral que se predica y se practica. A una moral que nos imponemos individual y colectivamente desde la libertad, pero con el objetivo de la dignidad para todos los seres humanos. Solo de esa manera aprenderemos a tomar decisiones moralmente justas. Por ejemplo, no despedir trabajadores para conseguir más beneficios.