LA ESTRATEGIA DE PODEMOS

gfdez130416

Tras la reunión tripartita del pasado día 7 y la rueda de prensa coral que dio Iglesias Turrión el día 8, las posibilidades de formación de Gobierno están como estaban el primer día. No nos hemos aproximado a un nuevo Gobierno ni parece que se puedan evitar elecciones en junio, porque Podemos ha sido relativamente coherente con la línea de actuación que ya mostró en la noche electoral. Problema distinto es entender la lógica interna de esa línea de actuación que, como trataremos de señalar a continuación, presenta bastantes flancos débiles.

Dejando aparte el ofensivo ninguneo que empleó Iglesias Turrión con Pedro Sánchez durante la campaña electoral (porque ese ninguneo parece haberle dado ciertos rendimientos electorales), el comportamiento del dirigente de Podemos desde su primera intervención ante la prensa poco tiempo después de conocerse los resultados electorales ha sido relativamente coherente, siguiendo casi siempre una misma línea estratégica. Porque lo importante de aquella intervención no fue el falso tono de victoria (como si hubiera ganado las elecciones) ni la apropiación indebida de toda la tradición de la izquierda histórica española, sino el mensaje que lanzó acerca de las líneas rojas que iba a establecer para negociar con el PSOE. Y entre esas líneas rojas estaba ya el referéndum que los independentistas y sus aliados piden para Cataluña. El referéndum era la primera explosión de la voladura postelectoral controlada que Iglesias Turrión hizo estallar para impedir desde la hora cero un eventual acuerdo con el PSOE.

Desde la noche de las elecciones, Iglesias Turrión (más que Podemos como partido, dado el desmesurado protagonismo de su secretario general, que es la única voz que habla cuando hay que declarar algo importante) ha ido haciendo estallar cargas de dinamita que iban abriendo boquetes cada vez más profundos en la senda que podía aproximar al PSOE con Podemos. La carga de dinamita más sonada, carga que ha provocado heridas difíciles de curar y de olvidar entre los militantes socialistas, fue la rueda de prensa (también coral) que dio Iglesias Turrión mientras Pedro Sánchez estaba entrevistándose con el Rey. Aquella intervención, en la que reclamó para sí la Vicepresidencia y para sus compañeros los Ministerios más importantes, no habría pasado de una ofensa innecesaria para todos los socialistas (otra ofensa más) si no fuera porque se inscribía en una estrategia de dinamitar las vías de entendimiento con el PSOE.

Y sin tener la intencionalidad de ofender a los militantes socialistas, el conjunto de gestos que Podemos y sus aliados realizaron en la sesión constitutiva del Congreso (juramentos y promesas disparatados y carentes de contenido, exposición de un menor en lugar de llevarlo a la guardaría del Congreso, charanga musical ante el edificio para reivindicar un Grupo Parlamentario propio para Compromís, etc.) no provocó las simpatías de los militantes socialistas, que valoran la democracia representativa y rechazan los gestos que tienden a desacreditarla o a banalizarla.

Otras cargas de dinamita que lanzó Iglesias Turrión fueron el veto a Ciudadanos y, en el debate de investidura, las ofensas al Presidente González. Con el primero trataba de alejar posibles aliados que podrían apoyar al PSOE. Con lo segundo, aparte de hacer un guiño a la franja más fanática y primitiva de su partido, abría un nuevo socavón en el camino que le podía llevar a converger con los socialistas.

Para acabar de redondear la voladura, la rueda de prensa (por una vez, en solitario) que dio Iglesias Turrión tras su reunión con Pedro Sánchez ya era un jarro de agua fría para quien hubiera creído en alguna posibilidad de entendimiento: Gobierno con Podemos e Izquierda Unidad (“Gobierno a la valenciana” como dicen equivocadamente en Podemos) apoyado en la investidura por Ciudadanos, programa de gobierno imposible y negociación entre el PSC y En ComúPodem sobre el derecho a decidir (¿cómo pudo aceptar Pedro Sánchez esa trampa que abre un precedente peligroso?). Los augurios no podían ser peores.

Las últimas cargas de Podemos han acabado por volar el camino y hacer imposible que nadie trate de llegar al otro lado de la carretera volada. En el debate en que el Presidente en funciones informó al Congreso sobre la última Cumbre europea, Iglesias Turrión atacó con una intensidad desproporcionada a Ciudadanos. ¿Para qué este ataque si Ciudadanos no era el sujeto de la sesión informativa? Para intentar que Ciudadanos no acudiera a la reunión tripartita convocada para el día siguiente o, al menos, que lo hiciera con ánimo agresivo. Un gesto innecesario de maldad política.

Y finalmente, la reunión tripartita fue convenientemente dinamitada con la rueda de prensa coral de Iglesias Turrión, retrasada un día para concitar todo el protagonismo, donde rechazó la actitud del PSOE y de Ciudadanos y, para acabar de rematar la faena, anunció una consulta a los militantes de Podemos. Para lo primero, se hubiera podido ahorrar la reunión y, para lo segundo, la consulta a la militancia sería muy grave si no supiéramos que es una farsa que Iglesias Turrión ganará fácilmente. Pero si esa consulta fuera fiable, ¿cómo se cohonesta la democracia representativa con que dos o tres mil personas (además, los más radicalizados del Partido) decidan sobre el tipo de Gobierno de un país de más de cuarenta y cinco millones de personas?

¿Qué estrategia subyace bajo esta larga operación destinada a dinamitar y casi no dejar rastro del camino que podría conducir a facilitar un acuerdo para que se forme un Gobierno socialista? Si aplicáramos la teoría de la elección racional habría que pensar que a Podemos le interesaría que se formase un Gobierno de centro-izquierda, con participación de un partido conservador como Ciudadanos, a fin de que el partido de Iglesias Turrión ocupara él solo el papel de la oposición de izquierdas, dejando desgastar a un Presidente y a un Gobierno socialistas e, incluso, dejándole caer cuando le interesara. Esa sería un opción estratégica razonable que hasta podría permitir un futuro Gobierno de Podemos tras las siguientes elecciones.

El que Podemos no vaya a apoyar una alternativa que podría beneficiarle en un plaza de dos a cuatro años puede deberse a todas o algunas de las siguientes circunstancias:

  • Que los dirigentes de Podemos han elaborado un escenario electoral consistente en un aumento significativo de votos y de escaños en caso de disolución de las actuales Cortes.
  • Que tienen tanta prisa por llegar al Gobierno y presidirlo, que no pueden esperar de dos a cuatro años.
  • Que tienen una franja de militantes y electores con un pensamiento primario y probablemente antidemocrático que se siente premiado cada vez Iglesias Turrión ataca al PSOE con una ferocidad que sólo podría practicar la extrema derecha.
  • Que Iglesias Turrión y todos o muchos de los dirigentes de Podemos que le rodean no han comprendido lo que es la dinámica política del Estado democrático y sólo saben actuar como lo harían en asambleas de Facultad.
  • Que Iglesias Turrión es incapaz de refrenar su ego histriónico y necesita “montar números” allí por donde pasa y, como el alacrán que iba sobre la rana atravesando el río, necesita clavar el agujón aunque se hunda con la rana.

El lector puede hacer las combinaciones que desee pero yo le aconsejo mantener, dentro de las diversas combinaciones que permite el cuadro, la última opción, que seguro que esa no falla.

Mientras tanto, la mente propagandística que elabora los argumentarios de Podemos se ha inventado una última iniquidad: que Pedro Sánchez no puede pactar el “Gobierno del cambio” porque su partido no se lo permite. Ayer mismo lo decía la aliada de Podemos, la Alcaldesa Colau. Poco conocen al PSOE donde el rechazo a Podemos y a todos los Gobiernos de cambio o de no cambio con este partido ha calado en muy pocas semanas al ver las constantes ofensas y humillaciones que Podemos ha descargado sobre los socialistas.