LA ECONOMÍA ESPAÑOLA TRAS LAS ELECCIONES GENERALES DEL 20 DE DICIEMBRE DE 2015

LA ECONOMÍA ESPAÑOLA TRAS LAS ELECCIONES GENERALES DEL 20 DE DICIEMBRE DE 2015

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El resultado de las elecciones generales en España abre un escenario de incertidumbre política, lo que nunca tiene un buen efecto sobre la economía. Hay que recordar que España no deja de atravesar un momento económico delicado, pues aunque en 2015 se habrá alcanzado una tasa de crecimiento del orden del 3 por ciento, la misma se debe fundamentalmente a la favorable coyuntura internacional (devaluación del euro, abaratamiento de las materias primas, etc.).

Esta incertidumbre se vería profundizada si los partidos se muestran incapaces de elegir un nuevo Gobierno en el Parlamento, trasladando la responsabilidad a corto plazo a los electores, con la celebración de nuevos comicios en mayo de 2016. La convocatoria de nuevas elecciones supone no solamente un fracaso de los políticos, sino también un revolcón a la economía. Ésta no solo está necesitada de calma, sino también de un impulso político que transforme el sistema productivo, la gran asignatura pendiente, un reto que la derecha no ha sabido abordar en estos cuatro largos años de gestión. En este sentido, la aritmética parlamentaria sí que deja claro que la vuelta del Partido Popular al poder ejecutivo es inviable, toda vez que el Partido Socialista, clave para cualquier investidura, ha explicitado su voto en contra a la investidura de Mariano Rajoy. La alternativa pasa, por tanto, por un Gobierno socialista, apoyado por el resto de fuerzas de izquierda y nacionalistas, siempre que el reconocimiento del derecho de autodeterminación no se convierta en una conditio sine qua non por parte del conglomerado que coordina Iglesias Turrión para dar un voto favorable a la candidatura de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno.

En todo caso, el nuevo equipo económico tendrá que hacer frente a retos de envergadura. Porque si bien la economía está en recuperación, el déficit público sigue sin cumplir los objetivos europeos (que habrá que renegociar) y la deuda pública es ya equivalente al 100 por cien del Producto Interior Bruto.

Asimismo, hay que ser capaces de mantener el saldo positivo de la cuenta corriente y el peso de las exportaciones en la economía, lo que no es fácil cuando la construcción y el consumo privado vuelven a ser motores de crecimiento económico. Si no se orienta de manera decidida la política económica hacia la creación de empleo de calidad en sectores industriales y alto valor añadido, la economía española está condenada a repetir el patrón productivo de baja productividad y de carácter especulativo que estalló en 2008. La política industrial, la inversión científico-técnica y el crédito público son herramientas fundamentales para transformar el sistema productivo, de modo que aumente el peso de la industria sostenible en la economía española, lo que incluye recuperar el apoyo a las energías renovables.

Además, no hay que olvidar que los puestos de trabajo que se crean en los nuevos sectores industriales emergentes y de futuro, como la biotecnología y los nuevos fármacos, y en aquellos en los que España ya tiene una posición más consolidada como la producción de bienes de equipo y la industria ferroviaria y aeroespacial, llevan aparejados salarios más elevados que en el sector servicios. Una política económica al servicio de la mayoría debe también orientarse al aumento del peso de los salarios en la renta nacional.

Por tanto, el país necesita un Gobierno dispuesto y preparado a apoyar la economía española y a defender los intereses de las clases trabajadoras y profesionales, y no la vuelta a las urnas. Habrá que ver si la principal fuerza populista de izquierda no sacrifica la posibilidad de conformar un Gobierno de cambio, progresista y europeísta, con vistas a obtener un mejor resultado electoral en unas hipotéticas nuevas elecciones.