LA DIFICULTAD DEL RELATO ELECTORAL

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Recientemente, a finales de octubre del 2015, se aprobó el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores. En su artículo 52 se preceptúa que el contrato de trabajo se puede extinguir por causas objetivas. ¿Cuáles son estas causas? Ineptitud del trabajador conocida o sobrevenida con posterioridad a su colocación efectiva en la empresa. También, por falta de adaptación del trabajador a las modificaciones técnicas operadas en su puesto de trabajo, cuando dichos cambios sean razonables. Si sustituimos trabajadores por parlamentarios y empresa por Parlamento, digan en qué están pensando los millones de ciudadanos en desempleo que contemplan lo que está pasando en nuestra vida pública.

Podemos buscar responsabilidades y escalarlas de mayor a menor. Cada uno en función de sus preferencias puede establecer el ranking al gusto. En nada cambia la situación y sus consecuencias. En el mejor de los supuestos los ciudadanos pueden hacer una lectura positiva y acertada de lo que nos está pasando y ejercer su responsabilidad cívica al votar en junio para reordenar el galimatías político. Eso es cada vez más ingenuo. La política, en definitiva, proyecta lo que la propia sociedad siente y cree. Nuestra sociedad se ve aquejada internamente de un serio problema de identidad en un mundo occidental que va perdiendo la suya. Esto, por advertidos, no nos hace más responsables.

Tener todos y toda la razón nos conduce a no tenerla nadie y en nada. Lo grave es que las soluciones no son legales, son actitudinales. Ahora bien, de alguna manera habrá que poner remedio, pues esta sociedad necesita gobernarse y desde el consenso. Lo que en ningún caso puede asumirse es dilapidar los activos que tiene y que con tanto esfuerzo colectivo se han conseguido.

Entrar en reproches cruzados no tiene mucho recorrido, sí mucha inutilidad. Debemos de dejar el seguir jugando al Monopoly y estar permanentemente en la casilla de salida o esperar a ver quién en la próxima termina en la de la cárcel.

La política requiere un profundo cambio y dejémonos de pensar que ello puede llegar de una reforma constitucional a corto plazo. Por lo visto habrá de pasar bastante tiempo hasta poder conseguir los acuerdos necesarios que lo posibiliten. Es un mantra a esgrimir para la resolución de las cuestiones pendientes en el futuro, pero si no existe el sustrato que posibilite y abone los procesos de cambio sólo serán cantos a la galería. Un solo ejemplo, en cuarenta años se ha sido incapaz de tener un sistema educativo estable, pues la cuestión está en quejarse de ello y no en buscar la solución. O se produce un claro ejercicio de contrición política y un propósito de enmendar, o el voto carecerá de sentido, y en democracia este es el verdadero poder de los ciudadanos. Por ello, el hecho diferencial en la campaña que se inicia está en quién es capaz de convencer de la honestidad de sus actitudes y no en propuestas programáticas. Lo hecho hasta ahora está descontado, lo relevante es lo que se va a hacer y la sinceridad con que se expliquen los porqués de lo que se va a hacer. La dificultad y la valía la encontraremos en el relato que se sea capaz de construirse de aquí hasta el momento de depositar el voto.

En España crecemos en un caldo de cultivo de la oposición permanente. Buscamos antes el fracaso ajeno que el éxito colectivo, ambicionamos llegar a la cima sin preocuparnos de construir el camino. Eso, unido a un pesimismo hispano que nos conduce a la imposibilidad de poder cambiar las cosas por el determinismo de “somos como somos” produce buena parte de nuestros males.

Si de esto no se es capaz, la mejor forma de ser austeros y provechosos en el tiempo que queda de aquí a las elecciones es hacer de él una jornada de gran reflexión. Ni mítines, entrevistas, peticiones de voto, etc. Pensar entre todos, en silencio, qué es lo mejor para la colectividad. No se utilicen términos como España, trabajadores, españoles, ciudadanos, izquierda, derecha y otros, cargados de simbolismo. Entre otras cosas porque no dejaría de tener un cierto contenido cínico.

Me atrevo a decir que en esa terapia colectiva luego llegaríamos a coincidir conjuntamente en qué hay que cambiar y cómo podemos cambiarlo. Todos sabemos dónde nos aprieta el zapato.