LA DECADENCIA DE LA VERDAD

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A los ciudadanos corresponde hoy, con sus decisiones en la urna, hacer realidad lo que Voltaire pedía a Federico de Prusia (25 de abril de 1739): “A vos os corresponde destruir al infame político que convierte el crimen en virtud. La palabra político significaba, en su origen primitivo, ciudadano; y hoy, gracias a nuestra perversidad, ha llegado a significar el que engaña a los ciudadanos. Devolvedle, Señor, su antiguo significado”.

Vivir es saber elegir. Incluso atreverse a elegir siendo consciente, o no, de que esa elección puede cambiar tu vida y la de la sociedad en la que vives. Siendo consciente, o no, que en esa elección puedes acertar o equivocarte con todas las consecuencias que ello conlleva. Se puede afirmar, sin temor a exageraciones, que ser activo a la hora de elegir, en lugar de que otros decidan por ti, es un rasgo distintivo entre haber pasado por la vida o haber vivido.

Por este motivo, al ser la decisión un paso vital en el ámbito personal, social, económico, o político, que puede además hacer cambiar el devenir de lo más cercano y concreto, y el rumbo de una sociedad, existen muchas presiones. Es un proceso, en el que muchos poderes y poderosos, muchos intereses e interesados se cruzan y bombardean al individuo para que elija lo que ellos quieren que prefiera. Es decir, intentan influir en tu decisión. Ya sea motivándote a participar en un determinado sentido. Ya sea desmotivándote para que no elijas o no participes y puedan ser otros, con total libertad, los que puedan elegir y decidir por ti. Eso sí, siempre con el discurso de que hacen lo que más nos conviene al resto, no a ellos.

En el baile de máscaras que se ha convertido la sociedad, un ciudadano recibe de media más de 3.000 impactos publicitarios al día, y más de un millón al año. En ese contexto, donde para algunos lo importante es el fin, y no pasa nada por mentir o engañar si se cumplen los objetivos, cada vez se abandona más la verdad. Ya sea con publicidad fraudulenta, millones de veces repetida, para vender un producto. Ya sea con engaños masivos para conseguir el voto de la población en las próximas elecciones. La consigna es que siga el espectáculo, que aumente el ruido y todo vaya muy deprisa, como hacen los trileros, porque así la población se aturde y es más fácil manipularla.

Es paradójico. Cuando todo el mundo habla de la transparencia para aumentar la confianza de los ciudadanos, son tan rápidos los acontecimientos y tanta la información que se solapa una a otra, que algunas fuerzas políticas, como Podemos, se han dado cuenta que mentir o no decir la verdad no tiene coste. Semejante conclusión, les lleva a decir una cosa y la contraria sin que se les mueva un músculo de la cara y siempre, eso sí, con una sonrisa aunque sea forzada. Cuanto más hablan de transparencia menos valor parece tener para ellos la verdad.

Pero los ciudadanos tienen derecho a alejarse del ruido. Los ciudadanos tienen derecho a informarse y recordar. Los ciudadanos tienen derecho a conocer la verdad. Y cada vez exigen más ese derecho, porque perciben que las cosas no van bien. La gente está descontenta con los políticos y sus instituciones. Y más aún, después de los espectáculos vistos en el Parlamento durante los últimos meses, protagonizados principalmente por Podemos. Es significativo, que un 82,3 por ciento califique la situación política como mala y muy mala cuando quedan tres semanas para la repetición de unas elecciones generales, que no debían de haberse celebrado si hubiera primado el interés general de los ciudadanos sobre el interés cortoplacista y particular de Podemos.

La situación vital de millones de españoles es mala. Y muchos han conectado con un discurso que decía preocuparse por ellos. Proponían regeneración, transparencia y derechos. Pero en cuatro escasos meses, Podemos ha envejecido mal, porque no se puede engañar a toda la gente y todo el tiempo. Y no se puede ir con un discurso y acabar siendo la muleta de un Partido Popular que hizo los recortes y sigue en el gobierno gracias a ellos.

La verdad, es que una mentira sigue siendo mentira por mucho que se repita. La verdad, es que Podemos votó en contra de un gobierno de izquierdas liderado por el PSOE. Aunque ahora, día y noche, diga lo contrario, y esté siempre en su boca que quieren trabajar con el PSOE.

Podemos se presenta a estas elecciones generales con ese bagaje. Pero también con la misma estrategia que el PP. Los dos quieren que el PSOE, la izquierda moderada, no tenga los escaños suficientes para formar un gobierno de cambio, que ponga en el centro de las políticas a los ciudadanos. Los dos, Podemos y PP, ocultan sus verdaderos programas, porque saben que provocan rechazo en una ciudadanía que está cansada de sufrir y de incertidumbres, y quiere mejorar su bienestar.

Las promesas inviables generan frustración en las personas. La mentira y el engaño también. Por eso, hay que desenmascararla. Por eso, hay que elegir.

Vivir es saber elegir. Y después, ya veremos.